Parecían salidos de Marte: estrafalarios, soberanamente histriónicos, irreverentes y, en definitiva, enormemente divertidos. Sin apenas proponérselo, se convirtieron en la banda sonora de todas las fiestas que se las dieran de modernas en un París anhelante de estar a la última. Hicieron bailar a todo el mundo sin excepción y, de este modo, se abrían las puertas del mainstream a un par de freaks que nadie sabía de dónde habían salido, pero a los que nadie podía quitar los ojos (y las orejas) de encima.
Catherine Ringer y Fred Chichin se conocieron, cómo no, haciendo teatro. Ella venía del mundo del “cine picante” y él del punk, con un paseíto previo por chirona a causa de asuntos de drogas. En mayo de 1979, Catherine participó en la obra musical Flashes Rouges. El guitarrista original de la obra se marchó y Fred fue contratado a última hora como reemplazo. La conexión fue inmediata. Tras solo una semana de ensayos, Fred le dijo a Catherine: “A la mierda con esto, formemos una banda de rock”.
Juntos eran estrafalariamente divertidos y frescos, combinando la chanson y el baile más loco con influencias de la vanguardia, el teatro y la contracultura más diversa. Primero se llamaron Spratz y después Rita Mitsouko, combinando el nombre de una bailarina exótica y un perfume de Guerlain. Añadieron el “Les” para que nadie pensara que ese era el nombre de Catherine como solista y osaran tomar a un pavo real como Fred como segundón.
Su primer álbum contenía “Marcia baila”, una extraña combinación latin rock absolutamente imposible no bailar, así que se convirtió en un éxito inesperado. Para su segundo álbum, que llegaba en 1986 —y, por tanto, cumple 40 este año—, fueron a todo trapo. Aunque comenzaron a grabarlo en casa, de forma artesanal (y pionera, teniendo en cuenta las últimas tendencias), contrataron nada menos que a Tony Visconti (Bowie, T. Rex) como productor. Y, por si fuera poco, el mismísimo Jean-Luc Godard estuvo presente en las sesiones —que tuvieron lugar entre Londres y París— filmando un documental sobre el proceso. El resultado fue la película Soigne ta droite (1987), donde se ve a un Fred Chichinexasperado buscando el sonido perfecto de una guitarra y a Catherine repitiendo tomas vocales hasta el cansancio. Tal era el perfeccionismo del dúo, pese a la imagen de anárquicos que se preocupaban de dar.
La expectación ante el siguiente movimiento del grupo de moda era enorme y no fue en vano. The No Comprendo, que así se llamó la criatura, era un dechado de modernidad y de canciones gigantes: la militancia post-punk de “Ce comme ça”, el pop surrealista de “Un soir un chien”, el arrebato funk de “Andy” o la incursión en la cumbia de “Les histoires d’A”desbordan imaginación, vanguardia y sofisticación. El impacto, al que contribuyeron mucho los imaginativos videoclips que rodaron para su promoción, fue tal que trascendieron el ámbito francés y se convirtió en objeto de culto en otros países vecinos, por ejemplo, España. No en vano se considera como uno de los artefactos sonoros básicos para entender la Europa de los años 80. Esa que ahora tanto añoramos.
La vida de la banda se prolongó hasta 2007, tras la edición de su último álbum, momento en el que Fred Chichin falleció de un cáncer de hígado fulminante. Ahora es Catherine la que nos deja, de nuevo a causa del puto cáncer. Así que es el momento de hacer sonar esta obra maestra de juguete en el tocadiscos, subir bien alto el volumen y desmelenarnos a base de bien en su honor. Que su fiesta no pare nunca.


