Les Rencards no tienen retrovisores. O mejor dicho, se mueven justo donde no alcanza el espejo, en ese ángulo muerto donde la memoria pierde foco, el deseo muta y la venganza hierve a fuego lento. “Je suis dans un angle mort / J’y vis rongée par mes remords, oui”, canta Merli Marlowe al inicio de Angles Morts, título que actúa aquí como brújula conceptual, mancha de aceite, sombra larga sobre todo el disco. Como si el peligro de no mirar hacia atrás fuera, precisamente, la manera más directa de avanzar.
Con base en Barcelona y pasaporte múltiple —Marlowe de Francia, Gabriel de Camargo de Brasil, Marc Argenter y Ian Kay de la vieja Cataluña—, Les Rencards debutaron en 2022 con un disco homónimo que ya jugaba al yé-yé punk con sonrisa torcida. Pero Angles Morts (2025) da un paso lateral —no adelante, no atrás— para explorar texturas más abiertas, líricas más torcidas y grooves más atrevidos, sin perder el acento francés ni el maquillaje garajero que les ha hecho bailar en media Europa.
El arranque lo marca Polymorphe, donde un bajo nervioso, guitarras escurridizas y coros sintéticos entran como por un callejón new wave. Podrían estar en una cinta compartida con Lio, Lizzy Mercier Descloux y un Joe Jackson empapado de lluvia ácida. El yo que canta ya no es uno sino varios —formas, fases, figuras— y avisa que no se quedará quieto.
Le sigue Panne de communication, otro mal cotidiano convertido en himno ye-yé distorsionado, como si France Gall se hubiera peleado con el contestador automático y luego montado un trío punk con Thee Headcoatees. Pero la joya amarga llega con la pista titular, Angles Morts: media marcha menos, algo más de oscuridad. Venganza, desprecio, daño lento. Una canción que huele a ceniza y maquillaje corrido, con la voz de Marlowe deslizándose entre versos como quien prepara una trampa emocional: “Te nuire c’est la seule voie”.
Y cuando parece que el disco no saldrá de ese túnel oscuro, entra Sonhando Acordado y se descorcha el champán. Mezcla de portugués y francés, ritmo brasileño garageado, reverberación ácida y palmeras mentales. Como Os Mutantes en el after de un festival ye-yé, con resaca de Campari y ganas de inventar un idioma. Un pequeño milagro rítmico que no desentona con el resto, sino que lo refresca.
Hay más: el pop sedoso y un poco soul de Angles Morts (la canción, no el álbum), que recuerda a unos Style Council de vacaciones en La Costa Azul, mojando los tobillos y filosofando sobre los errores románticos con voz nasal. O el pegadizo Je ne veux pas, que podría haber salido de un EP de Clothilde si esta hubiera tenido una pedalera fuzz. O la directa Pénétration, que hace de la explícita repetición un acto sensual y algo humorístico, puro spoken word tropical. Aquí el cariño brasileño se mezcla con la insinuación parisina, copulando sensualidad con ternura.
El tramo final del álbum se torna más reflexivo (Mon ami, Dans ma tête) pero no pierde tensión. De hecho, la banda parece disfrutar más cuanto más se complica la partitura emocional. Todo está producido con mimo —mérito de Marc Tena y la banda— y masterizado por el siempre fiable Jorge Explosion en Circo Perrotti, lo que garantiza cierta pátina analógica, pero sin fetichismo retro.
Angles Morts es, a fin de cuentas, un disco sobre rincones sin luz, pero también sobre los lugares donde uno decide quedarse a vivir cuando todo se vuelve brutal. “Y rester c’est mon nouveau défi”, dice Merli, y uno se lo cree. Porque ahí, en ese ángulo muerto, Les Rencards no sólo encuentran estilo. Encuentran dirección.


