Laura Cahen ha construido su trayectoria con la calma de quien sabe que la solidez no se mide en hits instantáneos, sino en discos que resisten el paso del tiempo. Con De L’Autre Côté, su tercer álbum de estudio, la artista francesa firma su trabajo más ambicioso hasta la fecha, un disco que le sitúa con naturalidad junto a figuras como Keren Ann, Barbara Carlotti o Coralie Clément. Sin grandilocuencia ni artificios, Cahen ha encontrado una voz propia dentro de la chanson contemporánea, fusionando pop, trip-hop y arreglos orquestales en un sonido que oscila entre lo analógico y lo futurista.
Cahen creció en Nancy en una casa donde la música no era tanto una vocación como una presencia inevitable. El jazz flotaba en el aire, la chanson francesa nunca estaba demasiado lejos y los Beatles eran prácticamente parientes lejanos. Aprendió piano y guitarra antes de que le dieran permiso para llegar tarde a casa, y a los 15 ya escribía sus propias canciones, porque esperar a que alguien más lo hiciera no parecía una opción. Su primera incursión en la escena fue con Deux Z’elles, un dúo que formó con Lorette Vuillemard en 2007, cuando ambas decidieron que la inicial de sus nombres daba para un concepto. Más tarde pasó por la Music Academy International, graduándose con honores, aunque la verdadera escuela estuvo en la escucha obsesiva de Serge Gainsbourg, Billie Holiday y Portishead. Entre la tradición y la experimentación, Cahen fue armando un estilo propio que la ha llevado a convertirse en una de las voces más singulares de la chanson contemporánea, moviéndose con la soltura de quien encuentra su lugar sin necesidad de hacer demasiado ruido.
El álbum se presenta como una road movie sonora: dos mujeres enamoradas huyen de un entorno que no les acepta, atravesando un paisaje marcado por la incertidumbre, la nostalgia y la necesidad de seguir adelante. La producción, a cargo de Mike Lindsay (Tunng, LUMP) y Josephine Stephenson (Ex:Re, Damon Albarn, Arctic Monkeys), juega con la mezcla de elementos orgánicos y electrónicos, integrando la calidez de los sintetizadores setenteros con la profundidad de arreglos de cuerda interpretados por el 12 Ensemble. La proximidad del mar en el proceso de composición también deja su huella en la atmósfera del álbum, con texturas que evocan movimiento, horizonte y deriva.
Desde el arranque con Fusées, donde la voz de Cahen se despliega con un tratamiento digital que le confiere un aura espectral, hasta el cierre con Puisque tu pars, un adiós contenido que deja abierta la posibilidad del retorno, el disco construye un mundo propio. Les Astres brilla con guitarras tropicales y un bajo envolvente que captura la euforia del primer amor, mientras Partout equilibra la melancolía de su letra con una base rítmica que avanza con determinación. Quitter la ville traduce la ansiedad de la partida en teclados que vibran como un semáforo titilante en plena noche. La Maison y Falaise miran hacia atrás con la nitidez de los recuerdos que aparecen sin previo aviso, mientras Je Reste opta por una instrumentación mínima que refuerza la cercanía de la interpretación.
Más que un disco introspectivo, De L’Autre Côté es una obra que observa el mundo con lucidez. Sin caer en el panfleto, Cahen aborda cuestiones como la crisis ecológica, el avance del conservadurismo y la búsqueda de belleza en un contexto cada vez más áspero. La carga emocional del álbum no viene de un dramatismo forzado, sino de la forma en que cada canción logra conectar con preocupaciones reales sin perder el pulso melódico.
La francesa ha ido moldeando un estilo propio que le distingue en un panorama donde sobresalir no es tarea fácil. La chanson francesa lleva tiempo renovándose gracias a una generación de cantantes que traza nuevos rumbos, y el catálogo es tan vasto como exigente. Pero Cahen encuentra su espacio sin esfuerzo aparente, gracias a la singularidad de su punto de vista y a la intensidad melódica con la que construye sus relatos. Con De L’Autre Côté, ya ha soltado amarras; ahora le toca al oyente decidir si se embarca con ella o se queda en la orilla. Tal y como canta en Fusées: “Iremos a bailar / Y tú en la luna / Decidirás.”


