Las Canciones del Momento: Septiembre 2025

La vuelta a la rutina este año no ha traído postalitas de escritorio ni reencuentros entrañables: ha venido cargada de gasoil, facturas sin IVA, notificaciones electrónicas y un genocidio retransmitido en bucle sin que nadie del poder mueva un dedo salvo para apretar el puño. Lo de Gaza ya no admite perífrasis: es una masacre sostenida con cinismo y pólvora. Aquí, mientras tanto, los partidos mayoritarios hacen slalom entre la dejación y el tic autoritario, como si el poder viniera con manual de ultraderecha incorporado. Pero al menos, entre tanto humo (literal y político), hay canciones que aguantan el tipo, que muestran vergüenzas, que se instalan como pequeñas treguas con altavoz.

Cécile McLorin Salvant, con What Does Blue Mean To You?, vuelve a jugar con los géneros como quien mezcla pigmentos en un lienzo sonoro. Entre sampleo, dramatismo, glitch y jazz, formula una pregunta tan íntima como política: ¿cuál es tu azul? Nation of Language contestan sin decirlo, con un tema de pop sintético que arrastra la nostalgia sin miedo al himno. Mientras tanto, Curtis Harding construye una oración soul en forma de despedida: Time suena a confesión grabada entre la pérdida y el groove.

Cass McCombs, como un monje con guitarra, entrega Priestess, todo en ella es eco y ritual, belleza entre maleza. Marissa Nadler, más afilada que nunca, lanza su puñalada con It Hits Harder, folk eléctrico y susurrado como diario envenenado. Y cuando Alison Goldfrapp saca la laca cósmica y el brillo sintetizado en Play It (Shine Like A Nova Star), no hay defensa posible: uno acaba bailando con los ojos cerrados.

Hay título y trío que lo dicen todo: Folk Bitch Trio y su God’s a Different Sword cruzan country alternativo con ironía, rabia y pulso. Más hacia dentro va Cut Worms, con Evil Twin, delicado drama de pop clásico que te hace pensar en el hermano que nunca tuviste (o que eras tú mismo). En ese tono confesional, Jens Lekman canta The First Lovesong con la ternura de quien ha entendido demasiado tarde cómo funciona el querer.

Suede, curtidos en la ruina elegante, entregan Dancing With The Europeans, canción que parece mirar de reojo a la frontera británica desde el Brexit, con más ironía que nostalgia. Y Baxter Dury, desde su torre de marfil costumbrista, reparte bofetadas suaves en Allbarone, tan ácido como siempre, pero esta vez más empático. Earl Sweatshirt, por su parte, escupe en Forge un rap desnudo, con bases minimalistas que parecen grabadas desde un cuarto vacío y con la rabia muy viva.

Desde Denton, Midlake invocan The Ghouls, tema melancólico que camina entre tumbas sonoras del soft-rock con producción afilada. Mientras que los australianos Parcels se montan su propio homenaje al amor con Yougotmefeeling, boogie postmoderno que suena mejor si se baila en cocina con suelo de terrazo. Y Jalen Ngonda, nuevo crooner del soul sin grasa, canta All About Me como si Motown hubiese sobrevivido a la logística global.

Youth Sector meten funk, pop sintético y descaro en Gods Work, título que sería meme si no tuviera tanta intención. Y Joanne Robertson, como en trance, se acerca al slowcore emocional con Always Were, canción para oír en voz baja cuando nadie te mira.

Ya en las últimas curvas, Keren Ann se sube al tren de Paris Amour con ese savoir faire melódico que nunca le ha faltado: una carta de amor y hastío a partes iguales. Guess Whatnos invitan a bordo de su Solar Boat, psicodelia instrumental, sci-fi de serie B y teclados que parecen sacados de una nave soviética. Y el broche lo pone Brad Mehldau, en plan pastor secular con Better Be Quiet Now, pieza instrumental que no necesita letra para decir: basta por hoy.