Las Canciones del Momento: Mayo 2026

Mayo llega con las ventanas abiertas, el calor asomando la cabeza y las calles recordando que defender la educación pública sigue siendo bastante más útil que discutir sobre la mejor terraza de la temporada. El año empieza a perder rigidez, las chaquetas aparecen abandonadas en cualquier silla y las canciones ya no buscan explicar el mundo, sino acompañarlo mientras gira como la canción que cantaba Jimmy Fontana. Esta nueva entrega de Las Canciones del Momento atraviesa cumbias mutantes, dub de humo lento, soul elegante, folk polvoriento y electrónica de madrugada con la naturalidad de quien cambia de bar durante un paseo largo sin mirar demasiado el reloj.

Ritmo Babilonia de Mexican Institute Of Sound encuentra a Camilo Lara y Eblis Álvarez jugando con la cumbia como si estuvieran desmontando un transistor viejo en mitad de Ciudad de México y Beck se animara a relatarlo. Psicodelia tropical, humor oblicuo y ritmo callejero en una canción que avanza felizmente despeinada.

Desde Nápoles, Acelera de Nu Genea vuelve a demostrar que el dúo italiano entiende la música de baile mediterránea mejor que muchas oficinas de turismo. Afrobeat, funk cálido, la voz de María José Llergo y una producción que parece moverse sobre ruedas recién engrasadas.

Hollie Cook, en Shy Dub, lleva el reggae-pop de su disco de 2025 Shy Girl hacia un terreno de bajos suaves y ecos envolventes. Hay herencia clásica, claro, pero a su vez persiste ese barniz contemporáneo, como si el dub pudiera servir todavía para combatir la pereza mental de las tardes donde el calor nos afloja .

I’ve Got To Travel Alone de Tiwayo aparece con polvo de carretera en las botas y una mezcla de soul, blues y rock que evita el disfraz retro. Su manera de cantar tiene algo de conversación de madrugada en un área de servicio donde el café sabe regular, pero acompaña.

En Hard To Leave, Bel Cobain transforma el R&B en un espacio nebuloso y nocturno, sostenido por una voz que nunca necesita exagerar el gesto para dejar marca. La canción flota entre el deseo y la huida con elegancia torcida.

Gabrielle Cavassa, con Bossy Nova, juega a desplazar la bossa nova hacia un terreno más ambiguo y sofisticado. Jazz de club pequeño, luz tenue y una interpretación que parece mirar de reojo incluso cuando canta de frente.

Bem Querer de Curió Curió introduce una pequeña brisa brasileña en mitad del recorrido. La canción avanza con una naturalidad casi física, dejando que melodía y percusión respiren sin atropellarse.

Sofiane Pamart y Celeste, en Watching You, convierten el piano contemporáneo en una escena cinematográfica de gran angular. Él coloca el decorado; ella entra y cambia la temperatura de la habitación.

M.O.M. de Isaiah Rashad recupera ese hip hop cansado, reflexivo y algo fantasmal que tan bien maneja desde The House Is Burning. Las frases parecen salir a medio camino entre la confesión y el pensamiento fugaz.

Con James, Anthony Joseph sigue explorando su territorio habitual: spoken word, jazz espiritual y memoria afrocaribeña moviéndose juntas como una sola corriente. Más que cantar, Joseph parece invocar.

The Lemon Twigs, en Fire and Gold, continúan esquivando el simple ejercicio revival, aunque quizá empieza a apetecerles abrir otra puerta y dejar entrar algo de aire nuevo. El talento melódico sigue intacto; las armonías también. Lo interesante será ver hacia dónde giran ahora los hermanos D’Addario.

I Play A Role In It And I Know de Alabaster DePlume mantiene su particular mezcla de jazz libre, vulnerabilidad y pensamiento comunitario. Sus canciones funcionan como notas encontradas dentro de un libro ajeno: pequeñas, extrañas y difíciles de olvidar.

Aldous Harding, en San Francisco, vuelve a deslizarse entre el folk experimental y una teatralidad apenas insinuada. Mientras tanto, Alela Diane, con In My Own Time, continúa tramando folk británico y country con una soltura admirable, dejando que las canciones avancen despacio, sin dramatizar cada curva del camino.

Triple Ones de Artificial Go introduce nervio post-punk y electricidad de sótano húmedo. Canciones rápidas, afiladas y ligeramente desordenadas, como las mejores conversaciones después de las dos de la mañana.

Con Eillal, Tamikrest y Ibrahim Ag Alhabib llevan la playlist hacia el blues del desierto, con guitarras tuareg, pulso hipnótico y una sensación de viaje interminable bajo el sol. Música que parece avanzar mirando siempre hacia el horizonte.

Sol Monk, en Even Newer Moves, baja las pulsaciones con una electrónica contemplativa y elegante. Hay ritmo, pero también espacio suficiente para quedarse quieto pensando en cualquier cosa.

The Sea de David Cronenberg’s Wife devuelve el sarcasmo británico a primer plano. Anti-folk incómodo, melodías aparentemente inocentes y letras que entran sonriendo antes de dejar un pequeño arañazo.

Loraine James, con Seems Like I, sigue desarmando la electrónica pieza a pieza hasta convertirla en algo emocionalmente quebradizo. Ritmos cortados, texturas difusas y una sensación constante de movimiento interior.

En Burning String, Lucky Break mezcla pop brillante y ansiedad elegante, como si alguien hubiera dejado una bola de espejos girando dentro de un dormitorio demasiado pequeño.

Martyn, con Whiplashed, recupera el pulso de una electrónica física y precisa: graves tensos, ritmo sinuoso y una producción que parece construida con escuadra y sudor frío.

Under the Silver Moon de Thee Marloes encuentra un equilibrio precioso entre soul clásico, psicodelia ligera y romanticismo nocturno. La canción tiene perfume de vinilo antiguo sin caer en la recrea

Sweeping Promises, en Shooting Shadows, disparan guitarras nerviosas y bajos angulosos con una urgencia muy bien administrada. Post-punk para tiempos acelerados y aceras demasiado llenas.

Y el cierre con Weakened de Lambchop deja a Kurt Wagner haciendo lo que mejor sabe: convertir la fragilidad en una forma extraña de elegancia. Country abstracto, soul deshilachado y una voz que parece llegar desde la mesa del fondo cuando el bar ya está recogiendo vasos.

Así queda mayo: un mes de tránsito, calor incipiente, huelgas necesarias y canciones que viajan mucho sin perder el hilo. Desde la Babilonia mutante de Camilo Lara hasta las sombras plateadas de Lambchop, la playlist funciona como esas conversaciones que empiezan hablando de música y terminan hablando de cómo sobrevivir al año sin volverse completamente idiota.