El año ha comenzado con una avalancha de discos interesantes, una especie de buffet libre donde caben tanto la nostalgia folk como el punk deslenguado, la chanson francesa con un cigarro en la mano y la psicodelia tropical con olor a gasolina. Las canciones del Momento / Enero 2025 recoge algunos de estos sabores, una playlist que parece curada por un algoritmo con crisis existencial o por un DJ que se ha propuesto demostrar que el eclecticismo es la única forma válida de supervivencia sonora en 2025.
El viaje arranca con Blasé de Thomas Fersen, que suena como la banda sonora de un boulevard parisino donde todos los cafés están llenos de existencialistas con boina y el camarero ya sabe tu nombre (y tu nivel de deuda emocional). Luego, Everybody’s Talkin’ de Malia transforma un clásico en un susurro jazzy, perfecto para mirar por la ventana del autobús con expresión de película indie. En la misma línea de elegancia despreocupada, Tight Ripped Jeans de Beans & Fatback recupera el rock con aroma a gasolina y chaquetas de cuero que alguien compró en un mercadillo de segunda mano, mientras Ferry Lady de Panda Bear nos sumerge en un paisaje onírico donde Brian Wilson flota entre sintetizadores con cara de que todo esto ya lo soñó antes. Snowflakes de Dropkick es power pop de la escuela Teenage Fanclub: guitarras relucientes, armonías soleadas y esa sensación de que todo estará bien, aunque hayas olvidado pagar el alquiler otra vez.
Para los que prefieren revolcarse en la nostalgia como un gato en un rayito de sol, i’d do it all over again de Haunted Tape tiene la textura de un recuerdo confuso y borroso, mientras que True Music de Zach Phillips parece un cassette encontrado en la guantera de un coche que lleva años abandonado. Ephemeral Being de Half Waif aporta la cuota de dramatismo que siempre hace falta, ese tipo de canción que podría sonar de fondo en un aeropuerto mientras alguien mira fijamente la pantalla de “Vuelos retrasados”.
En el otro extremo del espectro, Lambrini Girls irrumpen con Big Dick Energy, un torbellino punk que suena como si alguien hubiera escrito insultos en un baño público con una navaja. Bologna de Destroyer mantiene la irreverencia pero la decanta en un vaso de whisky con hielo, con ese aire de canción que un personaje de cine negro escucharía mientras reflexiona sobre el absurdo de la vida. Luego, Knowledge de Edwyn Collins y Camera de Sophie Jamieson nos recuerdan que la melancolía no está reñida con el buen gusto y que las canciones pueden ser polaroids emocionales sin necesidad de filtros nostálgicos de Instagram.
Hacia el final del trayecto, Wildflowers de Nao flota con la ligereza de una pluma atrapada en el viento, mientras El nuevo Prometeo de Los Pirañas desata un caos tropical digno de una fiesta en la selva con extraterrestres invitados. Lovely on the Water de Bridget Hayden pone el tono contemplativo, como una puesta de sol en cámara lenta, y I Have Always Been Here de Alison Greenwood deja la sensación de que la música, como los recuerdos, siempre estuvo ahí esperando a que alguien la redescubra.
Entonces aparece Laura Cahen con Fusées, flotando como un cometa en una noche parisina. Su voz susurra algo en francés, y aunque no entendamos todo, asentimos con cara de profundidad existencial. Es la banda sonora perfecta para observar fuegos artificiales o recordar, con nostalgia injustificada, algo que quizás nunca nos pasó. Para concluir, ‘Dans une case’ de Mathieu Boogaerts, la canción perfecta para tararear mientras intentas convencerte de que el desorden en tu casa es bohemio y no una señal de que todo se te está yendo de las manos.
David Lynch dijo una vez que “la música tiene el poder de transportarnos a otro lugar, y si cierras los ojos, puedes ver imágenes que no sabías que estaban dentro de ti”. Esta playlist parece construida con esa misma premisa: una colección de momentos, algunos ruidosos, otros en voz baja, todos con la capacidad de transformar un trayecto rutinario en algo ligeramente cinematográfico. O, al menos, en una escena con mejor banda sonora.


