Las Canciones Del Momento: Abril 2026

Abril siempre tiene algo de despedida con buena cara: el día se alarga, la primavera hace como que ya está instalada y uno empieza a olvidarse del frío sin fiarse del todo. El estándar I’ll Remember April lo contaba con esa elegancia antigua de quien recuerda lo perdido sin ponerse a hacer inventario sentimental: el amor fue nuevo, la llama duró poco, pero queda una sonrisa. En esa mezcla de resaca suave, luz cambiante y ganas de llegar a mayo sin demasiados daños se mueve esta nueva entrega de Las Canciones del Momento: del trip blues de Massive Attacky Tom Waits al soul de Jalen Ngonda, pasando por cumbia, dub, jazz, electrónica seca y pop de muchas latitudes. Una playlist para acompañar el mes sin ponerse demasiado circunspecto, que bastante solemnidad traen ya las noticias filtradas por nosecuantos intereses.

El arranque con Boots on the Ground de Massive Attack junto a Tom Waits entra con barro en las botas. Un trip blues oscuro, tenso, con la voz de Waits sonando como si viniera de una alcantarilla con memoria sindical. La canción apunta directamente a las redadas del ICE, la violencia policial y la América de Trump, donde la palabra seguridad vuelve a usarse con demasiada alegría para justificar la brutalidad. Después de ese golpe inicial, La Luna de Nuevos Ríos entorna una ventana: raíz, cadencia y una forma de mirar hacia arriba sin olvidarse del la tierra.

A partir de ahí, la lista empieza a moverse por zonas más abiertas. Flea y Thom Yorke se cruzan en Traffic Lights con una mezcla de pulso nervioso y melancolía en suspensión, como si la canción avanzara entre semáforos que nunca terminan de decidirse. Nubiyan Twist y Bootie Brown le dan cuerpo a Red Herring, con funk, jazz y hip hop entrando sin empujarse, mientras Tom Misch baja un poco la luz en Red Moon, fiel a esa elegancia suya entre guitarra limpia, soul y jazz amable.

La parte más luminosa llega con Todas Las Nubes de Hank Idory, pop atemporal entre Burt Bacharach y el jangle, ligero en apariencia y muy bien armado por dentro. Joan Miquel Oliver, en Oxitocina, vuelve a jugar con ciencia, ternura y humor seco sin convertir la canción en una ocurrencia: lo suyo sigue siendo pop con laboratorio propio, pero sin bata ni cara de profesor despistado.

El viaje se ensancha con Adam O’Farrill y Sea Triptych (Along the Malecon), jazz narrativo, con aire de paseo y sal en los bordes. Yaya Bey, en Me and Mine, lleva la lista hacia un soul íntimo pero abierto, mientras Jessie Ware levanta Superbloom con brillo disco y oficio de sobra. Robyn, en Really Real, vuelve a demostrar que una pista de baile también puede ser un sitio para pensar en lo que duele sin arruinar la noche.

Arlo Parks entra con Get Go desde el detalle pequeño, con esa forma suya de escribir como quien mira dos veces antes de decir algo. Thundercat y Mac Miller, en She Knows Too Much, dejan una pieza elástica y melancólica, con el bajo flotando y una sombra inevitable alrededor de Miller, aunque la canción evita ponerse de luto.

La lista cambia de aire con Rockers Hi-Fi y Dti Dub, que abre espacio, eco y respiración. Desde ahí encaja Rosa Pistola con Desierto, aparcando el erotoreggaetón para meterse en una electrónica seca, árida, menos explícita pero igual de física. Gretel, en Maybelline, deja después una pieza pop inquieta, con algo de belleza torcida y una pequeña avería emocional debajo del esmalte.

En Los Duelistas, Pequeño Mal mezcla Ridley Scott, guitarras afiladas y a Lolo afinando su lado Nostradamus. Suena a western mental, a profecía con distorsión y a relato contado desde una esquina mal iluminada. El pulso soul vuelve con Jacob Banks en My Day Will Come, voz poderosa pero bien medida, y Myles Sanko continúa esa línea en Is It Love, con elegancia clásica y paso firme. Les Imprimés, en You & I, añade calidez y memoria soul sin convertir la nostalgia en decoración.

Jalen Ngonda confirma en Hang It On The Shelf que lo suyo ya no es promesa: es presente. Canta desde la tradición soul, pero sin quedarse atrapado en ella. Joe Pernice, en Peace in Our Home, aparece en solitario con una de esas canciones pequeñas que terminan ocupando más sitio del previsto: melodía limpia, melancolía contenida y oficio fino. Bob Corritore, con Standing On The Bank, devuelve el blues al camino con armónica, pulso y naturalidad.

La recta final afloja el paso sin perder interés. Lime Garden, en All Bad Parts, traen pop algo torcido, nervioso, de márgenes luminosos. Beth Orton, en Waiting, vuelve como esa voz amiga que siempre encuentra el camino de regreso; no reaparece, más bien se sienta otra vez a tu lado. Mirco Passione Mariani, con Sembra Impossibile, despliega su canzone labotrónica: tradición italiana, juguetes analógicos y melodías que parecen venir de un cuarto lleno de aparatos con pasado.

En Tongwen, Tórtel firma una balada interestelar, íntima pero con alcance amplio, de esas que hablan de trayectos y afectos sin cargar las maletas. Adrian Younge, en Moon Traveling, prolonga el movimiento con soul cinematográfico, jazz modal y aroma de banda sonora imaginaria. El cierre con Yumeji’s Theme & Sleep Safe and Warm de Elina Duni y Rob Luftbaja la persiana con cuidado, entre Shigeru Umebayashi y Krzysztof Komeda, dejando una despedida serena, casi nocturna.

Abril se va despidiendo así: entre el frío que se resiste y el calor que empieza a asomar, entre la denuncia política, el soul, el dub, la cumbia, el pop de autor y el jazz. Una playlist con muchas rutas, pero sin sensación de escaparatr. No arregla el mes, pero lo acompaña con criterio. Y según cómo vengan las curvas de mayo, eso ya es bastante.