Ni Trump en plena fiebre arancelaria habría logrado un ensamblaje tan improbable de mercancías sonoras como el que reúne Las Canciones del Momento. Aquí conviven sin trabas aduaneras el pop francés de salón, el rap que va al grano, el soul en technicolor y los rescates folk de media noche. Una playlist que no responde a ninguna lógica aparente, pero que funciona como las cosas buenas: sin necesidad de justificarse.
Desde el sarcasmo elegante de Pulp en Spike Island (sí, regresan después de muuucho tiempo pero siguen siendo los mismos: listos, teatrales y con ese encanto de disco olvidado en una biblioteca pública) hasta la precisión de relojería de Stereolab en Aerial Troubles, esta lista es un diario sonoro para quien no quiere escribir el suyo propio, por pereza o elegante dejadez.
Tenemos una pequeña (e inevitable) invasión francófona. Yzoula con Da Daa Da Dam suena como si le hubiesen puesto banda sonora a un eclipse. Jeanne Cherhal entrega La vie est trop courte, crónica delicada del paso del tiempo sin necesidad de grandilocuencias. Y Barbara Carlotti, en ROMA AMOR, recita más que canta, como quien se maquilla para una cena que sabe que va a salir mal pero acude igualmente. Vincent Delerm, por su parte, sigue a lo suyo en Plusieurs, homenaje a sus compañeras y compañeros de vida que bien podría haberse grabado en el estudio casero del mísmisimo Sean O’Hagan.
Kwashibu Area Band irrumpe con Sumsum Adwuma, una clase de ritmo y groove sin pirotecnia. Desde Canadá, Lou Phelps lanza PROLLY US, rap preciso y sin concesiones, con flow de domingo por la tarde y versos como disparos de fogueo.
Daily Worker propone Born Again (Again), folk con sabor a despacho sindical, y B.C. Camplight, junto a Abigail Morris, entrega Two Legged Dog, una rareza entre lo grotesco y lo magnético. Uno no sabe si reír o bailar, así que hace ambas cosas.
La aportación luso-francesa de Leo Blomov con Uma Canção Francesa suena como si Serge Gainsbourg hubiese hecho las paces con Caetano Veloso. Cola Boyy vuelve con Walk Again, funk distorsionado y sentimental que pide un club, una pista vacía y media botella de algo.
Títulos como Impossible de Carwyn Ellis & Rio 18, Joy, Joy! de Valerie June o Maya, Maya, Maya de Maya Delilah suenan casi como aforismos. Can I Say de Σtella y The Balcony de Cosmic Crooner completan la postal sonora con un pie en el dream pop y otro en el easy listening galáctico.
Y por si a alguien aún le quedan dudas de que hay belleza en medio de la saturación sonora global, aparece Yoshika Colwell con There’s Got To Be A Loser Babe, que es medio canción, medio epitafio. Como esos discos que uno escucha con la sensación de que se van a romper en cualquier momento.
La coda perfecta la pone Maston con Foreign Affairs, instrumental evocador que parece sacado de la banda sonora de una película europea que no existe, pero que jurarías haber visto. Ecos de jazz suave, arreglos con buen gusto y ese aire de misterio sin urgencias que tan bien sienta cuando todo lo demás hace ruido.
No hay concepto, ni falta que hace. Esta playlist se mueve entre estilos, idiomas y humores con una soltura que no se enseña. No es una lista para entender el presente, sino para soportarlo con algo más de elegancia.


