Lambrini Girls, el dúo de punk rock más desvergonzado y pegajoso salido de Brighton, es una de esas bandas que a bote pronto pueden hacerte dudar si están aquí para encender la chispa de una revolución sonora o simplemente para ofrecer una ronda de caos efervescente antes de desvanecerse en la espuma de los días. Su esperado álbum debut, Who Let The Dogs Out (sí, leyeron bien, y no, no tiene nada que ver con Baha Men), llega con la promesa de ser una andanada de ruido, humor y crítica social. Las chicas están on fire, y no se detienen a pedir permiso
Phoebe Lunny y Lilly Macieira, las autoproclamadas portadoras de la antorcha punk de la era post-milenial, se unieron gracias a una “ambición ciega y delirante” que más de uno podría confundir con temeridad juvenil. Pero es esa actitud descarada y su disposición para abordar cualquier escenario, desde clubes sudorosos hasta el imponente Alexandra Palace como teloneras de IDLES, lo que las ha llevado al centro del radar mediático. Sus letras son una ráfaga de insultos e improperios bien calibrados, y su música, un leñazo con puño cerrado dirigido hacia el establishment. No es casualidad que medios de todos los rincones, desde NME hasta Variety, hayan aplaudido su capacidad para combinar furia y humor. Pero la pregunta persiste: ¿son una chispa brillante en el panorama punk actual o un artefacto más de la maquinaria mediática, aupadas por un hype que podría desinflarse tan rápido como implosionó?
El álbum es un compendio de todo lo que Lambrini Girls representan: rabia sin filtro, humor provocador y crítica social con un toque de nihilismo. Suena como si hubieran grabado estas canciones tras una noche salvaje en la que bebieron más de lo que admiten (como suelen hacer los que eluden responsabilidades), pero la resaca les aportó claridad absoluta sobre todo lo que está mal en el mundo. Cada canción es un manifiesto en sí misma: “Big Dick Energy” arremete contra la arrogancia masculina disfrazada de aliado feminista; “Filthy Rich Nepo Baby” expone a los herederos privilegiados que navegan el éxito con paracaídas dorados; “Cuntology 101”, quizás el corte más incendiario del disco, redefine el término “cunty” con una mezcla idónea de autoafirmación y humor grotesco; “No Homo” explora las dificultades de encajar en un espectro queer que muchas veces parece dictado más por expectativas externas que por la propia identidad.Las canciones trascienden el esquema tradicional de tres acordes (hola Nirvana); hay cambios dinámicos y momentos en los que la furia instrumental cede a pasajes casi introspectivos. La producción, aunque cruda, tiene un filo calculado que refuerza su mensaje: ellas tienen claro que su música no debe ser ignorada.
Lambrini Girls no se consideran parte del movimiento riot grrrl, y con razón. Odian que la crítica las reduzca a ser “mujeres haciendo punk”, como si fuera un género aparte. Su música no está diseñada para encajar en categorías cómodas, pero al mismo tiempo corre el riesgo de desbordarse bordeando el absurdo. Hay una delgada línea entre la crítica mordaz y el cliché, y en Who Let The Dogs Out las chicas juegan a saltarla con la agilidad de un Kirlian Jornet.
Por ahora, Who Let The Dogs Out , recién salido del horno, es crujiente como una descarga eléctrica que sacude, divierte y, en el mejor de los casos, inspira. Si Lambrini Girls logran trascender el papel de “chicas punk del momento” y construir una trayectoria sólida, podríamos estar ante una banda destinada a dejar huella. Si no, al menos habrán encendido una chispa en la escena, y con eso ya habrán cumplido parte de su misión: recordarnos que en el punk, en su esencia, no se trata de durar para siempre, sino de quemarlo todo con intensidad mientras sea posible.


