Lalo Schifrin, agente doble del pop

Cuando se hablaba de Lalo Schifrin como un “hombre del Renacimiento”, no era un cliché amable ni una exageración de nota de prensa: era literalmente cierto. Solo que, en lugar de pintar techos de capilla o dibujar helicópteros, este argentino de Buenos Aires puso a medio planeta a tararear compases imposibles. Ayer, 26 de junio de 2025, falleció a los 93 años en Los Ángeles, y con él se va una de las mentes más versátiles del siglo XX: pianista clásico, arreglista de jazz, compositor de bandas sonoras, director de orquesta, hacker de estilos. Y, sí, creador involuntario de éxitos pop. Porque nadie como él supo infiltrar lo sofisticado en lo popular sin avisar.

Boris Claudio “Lalo” Schifrin arrancó su carrera en la Buenos Aires de posguerra, entre pentagramas seriotes y noches de jazz en sótanos sin ventilar. Estudió en París con Koechlin y Messiaen, tocó en clubes para sobrevivir y se cruzó con Astor Piazzolla en el Festival Internacional de Jazz de 1955. Pero sería en EE.UU., con Dizzy Gillespie, donde consolidaría su perfil de alquimista del ritmo. En 1960, compuso la suite Gillespiana y se convirtió en un arreglista de referencia para el jazz moderno, aportando sofisticación sin perder swing. Desde ahí, la cosa solo fue a más: Buenos Aires Blues con Johnny Hodges, The Cat con Jimmy Smith, y colaboraciones con Sarah Vaughan, Count Basie o Paul Horn. Todo ello antes de aterrizar en Hollywood, donde daría rienda suelta a su vena más camaleónica.

Schifrin fue un genio de las métricas raras y los híbridos sonoros. Su mítico tema de Mission: Impossible (1966), compuesto en 5/4 y con ecos de código Morse, se convirtió en un fenómeno global. Apareció en listas de éxitos, ganó Grammys, fue sampleado, versionado y utilizado hasta por la NASA para despertar a un robot en Marte. También le hemos escuchado en anuncios de té, en desfiles de moda y, claro, en bucles mentales ineludibles (gracias en parte a las acrobacias flipadas de Tom Cruise)

Pero su conexión con el pop no se limitó a ese “accidente controlado”. Schifrin transitó con soltura los caminos del lounge, el jazz-funk, el exotismo y hasta la psicodelia de estudio. En Several Shades of Jade o Black Widow dejó pistas que décadas después recogerían trip-hoperos como Portishead, samplers compulsivos del Bronx o DJs de techno que rastrean sonidos con linterna.

Schifrin nunca se proclamó compositor de pop. Pero su manera de infiltrar melodías memorables, grooves elásticos y armonías inesperadas en las grietas del mainstream lo convierte en uno de sus grandes infiltrados. Fue un artista que supo mirar con curiosidad el folclore, el jazz, la música culta y el cine comercial, y hacer de todo eso un idioma nuevo. Uno que aún se habla, se samplea y se baila. Leonardo da Vinci imaginó helicópteros. Lalo Schifrin, en cambio, los hizo despegar… al ritmo de un compás imposible.

Las composiciones de Schifrin han sido saqueadas, homenajeadas y recicladas con devoción por artistas de medio mundo. Su música, muchas veces pensada para secuencias tensas de películas, reapareció en canciones que se colaron en emisoras FM, listas de reproducción y afterparties. Y para muestra, una playlist.

🎧 Lalo, remezclado y reverenciado

1. Portishead – Sour Times

Samplea Danube Incident, y lo convierte en un estándar melancólico del trip-hop. La neblina de Bristol con piano bonaerense.

2. Heltah Skeltah – Prowl

Otro saqueo a Danube Incident, pero en clave underground neoyorquina. Hip hop con perfume a espía centroeuropeo.

3. Wes Montgomery – Theme from The Fox

El guitarrista de dedos suaves versiona un tema oscuro de Schifrin, llevándolo al terreno del cool jazz orquestado.

4. Cypress Hill – Hits from the Bong
El humo se corta con una muestra de Son of a Gun de Schifrin. Sample oscuro, loop hipnótico y vibra de thriller urbano.

5. Jimmy Smith – The Ape Woman

Relectura del tema “Borneo” de Several Shades of Jade, con órgano Hammond al frente. De jungla a club sin despeinarse.

6. IAM feat. Fabe & East – L’enfer

Este clásico del rap francés samplea “End Titles” de Dirty Harry, y convierte ese suspense orquestal en poesía urbana. Leemos tensión y claustrofobia en cada verso, con el piano Schifriniano haciendo de eco de la vida en las calles.  

7. Henry Mancini – Theme from Mission: Impossible

Cuando el maestro del easy listening adapta al maestro del suspense, el resultado es un vals paranoico con smoking. Mancini respeta la tensión de Schifrin, pero la viste de terciopelo, como si la misión transcurriera en un cóctel de embajada.

8. Shirley Bassey – The Liquidator

La diva galesa convierte la partitura de espionaje en un golpe vocal a lo Bond. Brillo de lentejuela sobre bajo James Brown.

9. Ray Charles – The Cincinnati Kid

Cuando el genio de Georgia se encuentra con Schifrin, el resultado es cine en estéreo y soul de casino.

10. Tony Bennett – The Right to Love

Basada en Reflections, con letra añadida por Gene Lees. Standard de cámara lenta y copa en mano.