Lachlan Denton.

Los discos de ruptura sentimental, ese subgénero dentro de otros tantos géneros que tan buenos réditos ha dado a aquellos músicos que han pretendido encapsular emociones y servirlas en caliente para que los paños mojados afloren, bien gracias a un agradable impacto comercial, las menos veces, o bien a través del beneplácito de una crítica que suele ser más dura con aquellos que versan sobre sentimientos propios que con los que hacen socio política sonora desde el diván. Un surtido de álbumes de largo recorrido histórico que van del Dylan de ‘Blood on the tracks‘ pasando por el Frank Sinatra de ‘In the wee small hour‘, agrietando corazones como en el caso de los gloriosos ‘Rumours‘ de Fletwood Mac o ‘Shoot out the lightsde Richard y Linda Thomson, o reflejándose en éxitos más recientes como el ‘Sea change’ de Beck. Todos ellos, obras de artistas que alumbraban cancioneros mayores sobre un desencanto sentimental procesado tras largo tiempo de desgaste conyugal. Otra muestra, si quieren menor pero no por ello menos disfrutable, es el disco que ha tenido a bien publicar el protagonista de esta entrevista, un australiano que imparte lecciones de pop infeccioso con los más que prolíficos The Ocean Party, y que, tras el ‘EP‘ que publicó en junio de 2017, decidió soltar lastre emocional con un disco largo en solitario que porta el doméstico y evocador título ‘Two months in Ben Woolley’s room‘ (Lachlan Denton / Bobo Integral, 2018). Un álbum gestado y grabado en la habitación de casa de un conocido de unos amigos (sí, Ben Woolley), tras una dolorosa ruptura y con el que su autor trata de librarse de las tenazas que apretaban su garganta emitiendo cálidas y excelsas melodías en la onda de The Go-Betweens o The New Mendicants.

Portada de ‘Two months in Ben Woolley´s room’

Un trabajo que podemos disfrutar en su edición en vinilo gracias a que el sello Bobo Integral, que estaba desde hace tiempo en barbecho, adquirió los derechos para publicarlo en Europa. En sintonía con una serie de editoriales con sede en España que apuestan por la publicación de álbumes de ediciones muy cuidadas de artistas y bandas pop del Reino Unido o Australia. Una llamada que cogió de sorpresa a Lachlan Denton. “Me sorprendió mucho. Hacía bastante tiempo que no grababa algo en solitario. Este disco fue escrito y grabado una forma muy rápida y casi ni tuve la oportunidad de prever lo que iba a salir al final. Cuando Gonzalo, de Bobo Integral, se puso en contacto conmigo, empecé a interesarme en lo que vendría después. Fue una sorpresa muy agradable“. Una sintonía editorial que soporta la parte logística de un disco de alta gradación emocional, cantado desde la calma pero donde las emociones recorren surcos como barcos el mar. La gente corriente, a menudo, pasa por varias fases después de una ruptura: desde la incredulidad a la ira y, con el tiempo, a la indiferencia. Podemos deducir que los músicos tienen la suerte de poder recurrir a las canciones para darle un mejor soporte a esos procesos. Lachlan Denton no lo tiene del todo claro: “No sé si es algo bueno o malo. Sin duda, es indulgente. Supongo que lo principal en cualquiera de estas situaciones es que explores esos sentimientos“, argumenta. Otra cuestión es si las canciones están dirigidas a alguien en particular o el mayor deseo de su autor era universalizarlas para que cada oyente las pudiera asimilar según sus propias experiencias. “Dependiendo de la canción, supongo. La mayoría de los cortes del álbum se centran en cómo enamorarse de alguien en las cenizas de mi antigua relación. Era realmente vulnerable y completamente inseguro. No estaba acostumbrado a pensar en lo que necesitaba”, observa con sinceridad. 

Un detalle curioso es que todas las canciones excepto ‘Boundary rider‘ (deliciosa versión de los The Go-Betweens época ‘Oceans apart’) tienen títulos formados por una palabra y, en ocasiones, monosilábicos, entroncando con la sencillez que impera en el disco. “Supongo que me gusta que los títulos de las canciones no den mucha información cuando son muy cortos. No pondría título a las canciones si no fuera necesario”. Viendo como se las gasta en su adaptación de ‘Boundary rider‘, masticando con fervor contenido aquello de “And the sky’s so deep you can’t find your sleep keeps you walking through these tears. So you reach for things” y en canciones mayestáticas como ‘Sedan‘, queda claro que sus referentes más obvios podrían ser The Go-Betweens. ¿Es inevitable pensar en Robert Forster y Great McLennan cada vez que miramos hacia Australia? “Sus composiciones dicen mucho sobre Australia sin ser patrióticas. No soporto el patriotismo, pero amo este lugar que ahora se llama Australia. Los Go-Betweens escribieron música pop inteligente y ser mencionados en el mismo aliento es un honor”.

El clima del álbum es delicado y relajado, con un predominio de detalles acústicos y pequeños arreglos que barnizan pero no emborronan. Claves para descifrar la retahíla de emociones encontradas que su autor deja caer en sus sílabas con más calma que ira. Cosas de la educación emocional. “No se puede decir que yo sea una persona con tendencia al enfado. Ciertamente es algo que nunca he sentido. Por eso, trato de no saborearlo”. También podríamos considerar ‘Two months in Ben Woolley’s room‘ como una válvula de escape de su trabajo grupal con The Ocean Party, banda que surgió allá por 2010 en la escena lo-fi australiana y que gracias a un trabajo constante y nutrido se ha hecho un hueco más que merecido entre lo mejor del pop de las antípodas. “Es una banda donde prima la colaboración, así que solo escribo la letra de dos o tres pistas de cada disco. Estas canciones fueron escritas en un período tan corto de tiempo que no pude separarlas. Tampoco estoy seguro de querer que la banda tenga su nombre en algo tan personal para mí. Sería injusto para ellos”

Del Ben Woolley, cuya habitación protagoniza el título del disco (en la que Lachlan Denton vivió durante un periodo de dos meses tras su ruptura), podríamos pensar que era un amigo que cedió su hombro ante las vicisitudes románticas del protagonista. Todo lo contrario: “De ningún modo. Me lo presentaron hace no mucho, no lo conocí hasta que empecé a gestar este disco. Él toca el bajo con Marlon Williams y estaba de gira cuando tomé su subarrendamiento. Él vive con amigos míos, así que ellos facilitaron que fuera a vivir a su casa durante ese periodo. Espero poder llamarle amigo ahora“, explica.

En relación de los discos de ruptura que relacionábamos al principio de la entrevista, el trabajo de Lachlan Denton parte de unas premisas estéticas similares a las de un grupo de pop de interiores que dejó una gran huella es los amantes de las canciones con ciertas dosis de azúcar: Trembling Blue Stars. De hecho, el último corte del disco, con su nebulosa de electrónica doméstica hubiera sido un más que digno corte delLips that taste of tears‘ (1998), una de las cumbres del melodrama indie. Aunque los gustos del músico australiano fueron por otros derroteros mientras componía las canciones de ‘Two months in Ben Woolley’s room’: Estuve escuchando bastante ‘Temperate Touch, Tropical Tears‘ de Stolen Violin por esa época”.

Sus canciones son, en definitiva, todo un manjar al que de momento no tiene previsto darle continuidad, ya que otros proyectos colaborativos asoman por su horizonte, tal y como comenta sin muchos rodeos. “Podría hacerlo de nuevo, pero de momento estoy bastante ocupado con un nuevo disco de The Ocean Party, que ya está en camino. También he estado haciendo discos con mi amiga Emma Russack. No lo duden, sea como fuere hay que seguirle la pista.

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