Vivimos épocas en las que una cultura entera tiene que esconderse donde puede: en una habitación a oscuras, en una caja olvidada, en la madera de un instrumento, en una cinta guardada a toda prisa mientras arriba mandan los sermones, las consignas y el ruido de los hombres importantes. Escuchar hoy Back From The Brink, con Irán otra vez atrapado en el lenguaje del ultimátum, el Estrecho de Ormuz convertido en punto delicado del pánico global y los de siempre manejando la geopolítica como si fuera su cortijo, produce una sensación extraña. Más que abrir un archivo, parece apartar cascotes y encontrar debajo algo que sigue respirando. Estas canciones sobrevivieron a la censura, al fervor punitivo y a esa costumbre tan vieja de los poderosos de decidir qué voces pueden volver a oírse y cuáles deben quedar bajo tierra. En medio de ese paisaje de amenazas, ayatolás, petróleo y sacudidas bursátiles con firma de Donald Trump, la música de Kourosh Yaghmaei aparece como una respuesta elegante. También como una verdad incómoda: si iraníes y estadounidenses se han entendido de verdad alguna vez, no ha sido precisamente en los despachos.
Ahí entra Nas, que en Adam and Eve tomó el pulso melódico de Gol E Yakh, seguramente la canción más famosa de Yaghmaei, para recordarnos algo que la política internacional suele olvidar con una facilidad admirable: la música viaja mejor que los tratados. Que un rapero central del canon neoyorquino acabara dialogando con una balada persa de los años setenta tiene algo de justicia poética y bastante de correctivo cultural. Mientras unos se empeñan en fabricar enemigos rentables, otros encuentran afinidades donde parecía que sólo había distancia. Back From The Brink también va de eso. Es un recopilatorio, sí, pero de los que acaban contando una vida a trozos: la de un músico al que la historia dejó a medias y al que muchos años después hubo que recomponer con paciencia, polvo y memoria.
A Kourosh Yaghmaei se le suele presentar, con razón, como el padre del rock psicodélico iraní. La etiqueta vale, aunque se queda algo corta. Antes de convertirse en nombre de culto para sellos de reediciones, rastreadores de joyas ocultas y oyentes cansados del mapa de siempre, Yaghmaei fue una estrella popular en Irán. Empezó de niño con el santour, instrumento tradicional que le dio una base sólida en la música persa, y luego cambió ese aprendizaje por la guitarra eléctrica sin romper del todo con lo anterior. Junto a sus hermanos Kamran y Kambiz, se puso a mezclar discos occidentales, instrumentos de segunda mano y melodías locales con una naturalidad que todavía hoy sorprende. En su música cabían The Ventures, The Kinks, The Doors, el beat, la psicodelia y el garaje, pero también una manera de llevar la melodía y adornarla que venía de otro sitio. No era una copia ni una extravagancia para consumo ajeno. Era una forma nueva de decir las cosas.
El primer gran fogonazo llegó con Gol E Yakh, publicada entre 1973 y 1974, una balada delicada y melancólica que acabó convirtiéndose en un fenómeno enorme. Hay canciones que terminan mezclándose con el aire de una época, y esta fue una de ellas. Escuchada hoy, sigue teniendo esa cualidad rara de las melodías que entran suaves y luego ya no se van. Pero el recopilatorio no vive sólo de ese título, aunque sea la puerta de entrada más evidente. Lo mejor de Back From The Brink está en el trayecto completo: en cómo deja oír la amplitud de un músico que no escribió una sola canción inolvidable, sino que levantó un mundo propio antes de que la historia le cayera encima.
Ahí están los ritmos de derviche, el fuzz blusero, las derivas más lisérgicas, los pasajes con aire progresivo, la querencia pop y una melancolía que nunca cae en la postal. Temas como Baroona o Khaar muestran a un Yaghmaei especialmente inspirado, trabajando con texturas y giros melódicos que parecen salir del cruce entre una banda de garaje fascinada por Oriente y un músico persa que decidió hablar con el rock sin cambiar de acento. En otras piezas aparece una veta más sofisticada, abierta al funk, al pop orquestado o a una psicodelia más pulida, como si hubiera entendido muy pronto que la modernidad no consistía en parecerse a Occidente, sino en retorcerlo un poco hasta hacerlo suyo. Esa es una de las virtudes más claras del recopilatorio: incluso cuando se reconocen las influencias, casi nunca da la impresión de estar escuchando una réplica.
También sorprende lo fresco que suena todo. Uno podría esperar un documento valioso, incluso emocionante, pero castigado por el tiempo. No pasa. Las canciones conservan una vitalidad llamativa, y no sólo por la restauración sonora de Now-Again, sino porque el repertorio sigue teniendo nervio, imaginación y gancho. Muchas de estas piezas suenan como si hubieran quedado fuera del desgaste habitual de las modas. Hay algo en ellas que esquiva el envejecimiento con una elegancia muy poco aparatosa, quizá porque nunca llegaron a entrar del todo en el circuito central que luego escribió la historia oficial del pop y del rock.
La historia, claro, se torció. La Revolución Islámica de 1979 convirtió aquel paisaje en un terreno hostil para buena parte de la música popular. Mientras otros artistas marcharon al exilio, Yaghmaei decidió quedarse en Irán y pagar el precio. Su voz fue prohibida durante años, sus grabaciones tuvieron que esconderse y su carrera quedó interrumpida de una forma demasiado brutal como para vestirla con metáforas. El silencio forzado suele dejar dos destrozos: deforma la memoria del artista y empobrece la memoria colectiva. Back From The Brink corrige ambas cosas. No sólo rescata canciones: devuelve contexto, devuelve espesor y recuerda que hubo un Irán anterior al monocromo ideológico, un país donde la psicodelia, la canción popular, el pop sofisticado y la experimentación convivían con bastante naturalidad.
Por eso conviene escuchar este recopilatorio con algo más que entusiasmo melómano. Aquí hay placer, desde luego: melodías estupendas, guitarras con un brillo particular, arreglos que siguen entrando muy bien y una personalidad compositiva fuera de duda. Pero también hay una dimensión histórica que vuelve la escucha más honda. Estas canciones demuestran que la modernidad cultural iraní no era un espejismo ni una nota pintoresca al margen del gran relato occidental. Era una realidad viva, compleja y fértil que la política intentó arrasar. Que hoy podamos escucharla gracias a esta antología tiene algo de reparación tardía y algo de pequeño milagro.
Lo mejor de Back From The Brink quizá sea justamente eso: que funciona a la vez como fiesta, documento y desmentido. Fiesta, porque muchas canciones siguen siendo adictivas, magnéticas y rarísimas en el mejor sentido. Documento, porque permiten asomarse a un momento histórico casi borrado a golpe de censura y propaganda. Desmentido, porque desmontan con bastante calma la imagen simplificada de Irán que durante décadas ha circulado por el imaginario occidental. Frente al país reducido a caricatura geopolítica, aparece aquí otro Irán: eléctrico, sentimental, curioso, sofisticado, abierto a la mezcla y bastante menos obediente de lo que les habría gustado a los guardianes de la pureza.
No sé si Back From The Brink es el mejor recopilatorio posible sobre Kourosh Yaghmaei, pero sí parece el necesario. Reúne canciones excelentes, ofrece una entrada generosa y permite medir la singularidad de un músico que supo construir una síntesis propia en un tiempo especialmente delicado. Escuchado hoy, suena menos a reliquia rescatada que a futuro interrumpido. Y eso, en un mercado lleno de reediciones que a veces sólo sirven para decorar estanterías o para que algún señor muy serio diga “interesante” mientras se recoloca las gafas, no es poca cosa. Lo importante está en otro sitio: en la evidencia de que, antes de que la historia cerrara ciertas puertas de golpe, Kourosh Yaghmaei ya había encontrado la manera de abrir ventanas.


