Hace unos días, quizá por la proximidad del verano y de los festivales de jazz, recordé aquel junio en Nueva York. Las noches invitaban a visitar los templos del jazz: el Blue Note, el Village Vanguard, Arthur’s Tavern… Nat se sentó a mi lado en el Blue Note, empezamos a hablar de jazz y llegamos a Julian. Lástima no haber tomado entonces notas de todo lo que me dijo… recurro a mi memoria, tan fantasiosa como engañosa a veces.
Hablar sobre mi hermano ahora que ya está todo dicho… quizá hay algo que no me dejó el día a día, los conciertos, los ensayos. No me dio tiempo y se fue tan pronto…
No supe que su corazón era tan grande… y lo debía haber intuido.
Aquella noche de junio en Nueva York, sí, casi como hoy, donde el calor ya asomaba con fuerza y los locales en el Village guiñaban sus neones, el azar quiso que en el Café Bohemia, su dueño, Jim Garofolo, estuviera nervioso porque alguien no llegaba…
Entre el bullicio del Village y el calor, llegamos por fin a la calle Barrow 15. Vaya garito estrecho, lleno de humo; los músicos… demasiado cerca del público…
Y no, no aparecía el saxo.
Oscar Pettiford preguntó quién quería tocar, o más bien quién llevaba un saxo y se “atrevía” a tocar con ellos… Julian se lanzó. Ahí estaba mi hermano, ocupando medio escenario, ese grandullón con aspecto afable.
Pettiford comenzó a una velocidad vertiginosa:
I’ll Remember April
No tendré miedo al otoño y a su tristeza, porque recordaré abril y a ti, recordaré abril y sonreiré…
Y no, mi hermano no tuvo ningún miedo a seguir ese ritmo.
Luego, Bohemia After Dark
Sí, sí, la fiesta ha terminado, la noche ya está aquí, ya es tarde, están apagando las luces…
No bajó ya del pequeño escenario aquella noche de junio. La fiesta continuó…, tocó toda la velada, sorprendiendo a músicos y público.
No, no estábamos ante el nuevo “Bird”, cada uno tiene su lugar en la historia, y cada uno tiene sus méritos, sus propias huellas.
Por cierto, fue Bird el que hizo del Bohemia un local de jazz: no tenía cómo pagar sus copas y le propuso a Jimmy Garofolo tocar a cambio de las bebidas. Garofolo no tenía éxito en ese restaurante, ofrecía espectáculos de tarde en tarde; no perdía nada, igual iba alguien… ¡Y tanto que fueron a escuchar a Charlie!
Nosotros nos educamos en Tampa, mi padre tocaba la trompeta y mi madre el piano. Y luego vino la universidad afroamericana de Tallahassee, tiempos de segregación… Allí consiguió una plaza de profesor en una escuela.
La noche del Bohemia estábamos estudiando un curso de verano en la universidad de Nueva York y por las noches había tanto que escuchar y ver…
Miles Davis se fijó en Julian, percibió ese toque “blusero” y ese tono profundo en el saxo alto que Julian consiguió. Le ofreció a mi hermano que se fijara en la armonía de John Coltrane y a John en los solos de Julian. Se empezó a fraguar el álbum Milestones y luego la obra maestra Kind of Blue.
Escucho una y otra vez So What, su solo. Sí, ¿y qué… más…? No, no hay nada más, es lo más, es una maravilla y ahí está mi hermano aportando vivacidad, riqueza y alegría.
Gracias, Miles.
Julian siempre quiso conseguir esa sonoridad envolvente del tenor, le parecía un sonido muy romántico… La acústica es diferente, pero Julian consiguió un sonido muy cercano y con mucha calidez. Transmitió su manera de ser y de entender la vida con su saxo.
Hay mucho para deleitarse en Julian, pero con Bill Evans consiguió establecer una conexión personal, una comunicación (fue siempre lo que buscó) que se palpa, se siente en el álbum Know What I Mean?
Escucho una y otra vez esa introspección de Bill, esa misteriosa Elsa. Se respira una atmósfera envolvente, sombras y luces…
Lester y Coleman, seguro, se deleitarán donde estén con ese punto sentimental.
Y en la propia Know What I Mean?, ese diálogo en el que Bill contesta a sus frases, dejan sitio, están en la misma emoción.
También Venice, un tema del film No Sun in Venice, música de Modern Jazz Quartet. Que a mí me traslada a esa playa californiana (de hecho, Julian vivió en California), me transmite la suavidad del movimiento de las olas del Pacífico, hay un leve swing, un balanceo en una tarde soleada. Grandes todos: el contrabajo, las leves escobillas que acompañan, tan todo en su justo momento…, y tanto respeto a cada uno.
Julian era pura vitalidad, agradecimiento ante todo lo que le había ocurrido. El azar quiso que aquella noche en el Greenwich Village decidiera llevar su saxo por miedo a que se lo robaran en el hotel, pero hay que resaltar su valentía al salir y tocar esa noche y dejar la seguridad de la plaza de profesor… siguió su intuición.
Así que cuando alguien como tú me recuerda a mi hermano, recupero sus palabras y su grabación con Joe Zawinul:
Ya sabes, a veces no estamos preparados para la adversidad, cuando nos pilla no sabemos qué hacer, cómo manejarla. Y tengo un consejo para todos vosotros. Me la dio mi pianista, Joe Zawinul, que la escribió y que se supone debes escuchar cuando tienes este tipo de problema: Mercy, Mercy, Mercy.


