Jose Ignacio Martorell: “He vuelto a la casilla de salida”

Jonston ya no existe como tal, o al menos así se deduce tras la reciente publicación de ‘Electricidad’, el single de dos canciones con el que Jose Ignacio Martorell se despoja la máscara con la que ha estado elaborando canciones redondas desde la época de aquel disco homónimo de debut, publicado por Limbo Starr en 2007. Confirma así el cambio de tercio que había conducido a su estilo hacia derroteros más castizos y populares frente al influjo anglosajón que percutía en sus inicios y que, con el punto de inflexión de su proyecto electrónico Pila (pergeñado durante una estancia temporal en Bélgica), ya se vislumbró en el excelente último trabajo como Jonston, llamado ‘Los sentimientos’ (Gramaciones Grabofónicas, 2018). Aunque, tal y cómo él mismo nos cuenta en esta entrevista, estas nuevas canciones, salvando las distancias de la sofisticación y la madurez, incluso podrían retrotraer a la época maquetera del autor, en la que su pop con aristas ya incluía cajas de ritmos con naturalidad.

Portada de 'Electricidad'.

 ¿Se puede decir que Jose Ignacio Martorell ya es el artista anteriormente conocido como Jonston?

Totalmente.

 ¿A qué se debe esta reinvención? ¿Otorgarle un cariz más personal a tu música?

Por un lado, estaba un poco cansado del nombre, llevo ya más de diez años con él y además casi siempre lo escriben mal y eso... Por otro lado, creo que algo sí ha cambiado respecto a Jonston y que empezó ya en el último disco. No me apoyo tanto en un banda para montar las canciones, ahora grabo casi todos los instrumentos yo mismo. En el caso del nuevo single incluso lo he mezclado yo. No es un cambio muy radical, siguen siendo mis canciones pero el enfoque es diferente. Para bien o para mal suena mucho más personal. 

Tengo entendido que pasaste una buena temporada viviendo en Bélgica. ¿El pop entre acústico y electrónico artesano que facturas en la actualidad viene influenciado por el descubrimiento de bandas como Antena u otras del emblemático sello del país de Tintin, ‘Les disques du crepuscule’? ¿O se trata de una impresión errada por mi parte?

No había pensado en eso. Es verdad que en Bélgica empecé a ver a muchos grupos de pop tocando en directo con bases grabadas, puede que me influyese. Pero cuando estaba ahí lo que más escuchaba era flamenco y música brasileña, pasaba bastante de adaptarme. También tuve un proyecto electrónico que se llamaba Pila y ahí quizás le perdí el miedo a usar cacharros. De todas formas, en las primeras maquetas de Jonston ya metía cajas de ritmo. He vuelto a la casilla de salida, curioso. El mundo es un pañuelo y la vida un parchís.

 ¿Una de tus misiones actuales es reivindicar el pop singular que Fernando Márquez casaba con una imaginaria “tercera vía” y que comandaban las Vainica Doble? Pienso en canciones como ‘La guitarra’ o en Kiko Veneno…

No me lo tomo como una misión ni nada de eso. Es algo mucho más espontáneo, me encantan las Vainica y Kiko Veneno, es una especie de homenaje o guiño. 

Aún así, canciones como ‘Electricidad’ o ‘Las sardinas no vuelan’, e incluso las de tu último disco como Jonston guardan cierto aire castizo y arrumbado (algo que ya se atisbaba en los tiempos de ‘Taller de memoria’. ¿Has encontrado la tecla de la canción popular para componer desde cierta óptica madura?

Es posible que sea el camino que siga pero nunca se sabe. De momento me siento cómodo con  la manera en la que estoy evolucionando como “hacedor” de canciones.

¿Qué diferencias hay entre el Jonston urgente y casi británico de ‘El controlador de la hora’ o la psicodelia de ‘Veo visones’ y tus últimos movimientos? ¿Te has querido desprender por completo de la sombra anglosajona para encontrar un sonido que refuerce tu posición al margen del pop al uso?

Volviendo a lo de Bélgica, allí me di cuenta de lo ridículo que es tener solo referencias anglosajonas en tu música. También les pasaba a ellos. Tenemos un folclore maravilloso y vastísimo. Deberíamos dejar influenciarnos más por él sin prejuicios. Sigo amando la música inglesa y americana pero mezclar todo es mejor y más rico.

 ¿Puede que juegues en la misma liga (salvando las distancias y las estéticas) que David Rodríguez y su Estrella de David? Ese estilo personal, enemigo del marketing y que afianza adeptos a cada escucha…

Yo no soy enemigo del marketing, me encantaría que hiciesen un producto de mí y me vendiesen bien, es la música popular lo que me gusta. Lo que pasa es que como lo tengo que hacer yo mismo se me da muy mal. Pero sí, si me siento cercano a alguien es a La Estrella de David o a Fernando Alfaro… Salvando muchísimo las distancias, eso sí, no les llego ni a la suela de los zapatos.

En cierta manera sois artistas poco hechos para estos tiempos de influecers con ínfulas pero aún así triunfáis en cierta manera. ¿No crees?

Es que siempre hay gente para todo.

Una anécdota: hace varios años, en una fiesta privada, canté (de manera horripilante) junto a Tórtel una versión de ‘Sherlock Holmes’ que él solía hacer en directo. En cierta manera, ambos lleváis trayectorias paralelas (ya que en vuestros inicios partíais de unas maneras pop más estandar) pero habéis decidido enfrentaros a la canción desde ópticas bastante diferentes: él utiliza la electrónica más elaborada para dar concreción a ideas y sensaciones y tú te manejas en un ámbito más artesanal, casi costumbrista. Resulta curioso cómo transcurren las trayectorias según vivencias, aprendizajes... ¿No?

Conozco a Tórtel desde la época del Myspace. Valencia y Albacete nos unió. Hemos tocado juntos en varias ocasiones a lo largo del tiempo y además somos amigos. Es un tío talentoso y genial. Siempre nos pasamos los discos que hacemos antes de publicarlos, es algo bonito. Además, volvemos a tocar juntos en Barcelona el Viernes 17 de Mayo en el Almodobar, tengo muchas ganas.

En ‘Las sardinas no vuelan’ cantas eso de “yo no puedo ser lo que tú quieras que sea”. De ahí podemos extraer varias lecturas, desde la romántica y amorosa a la que posiciona a la figura de un autor frente a la industria o su público. ¿He ido demasiado lejos? 

Sí y no, el significado lo das tú cuando lo escuchas, esto es lo guay de las canciones.