Jessica Lauren.
Portada de ‘Almería’.

Quien siga opinando que el lenguaje del jazz, con sus formas mutantes y embelesadoras, ha llegado a ese temido compartimento estanco que desfallece sumido en un punto de no retorno es porque no ha tenido la oportunidad de escuchar ‘Almería‘ (Freestyle Records, 2018), el último disco de estudio de la británica Jessica Lauren. Un trabajo que abre la ventana a sonoridades globales desde un punto de vista más lúdico que didáctico y con el que la labor de la teclista curtida en la escena underground del jazz y el soul londinenses (con más de 20 años compartiendo sesiones con músicos de diverso pelaje) se sumerge en nueve canciones cuyos mecanismos internos oscilan con naturalidad entre los paisajes desnudos y la ambrosía sonora. Tal y como sucede en el pasaje inicial de ‘Kofi Nomad‘, canción de larga duración que abre el disco y que suena a obertura de película en cinemascope rodada en el desierto pero que termina desarrollándose entre efluvios africanos, con un ojo puesto en las Ethiopiques y con el saxo barítono (y libre) de Tamar ‘Collocutor’ Osborn imprimiendo profundidad al asunto.

Jessica Lauren comanda de forma avispada a los músicos y acierta de pleno al aunar la audacia casi minimalista de sus teclados con una base rítmica en ocasiones sutil y otras densa y poderosa, comandada por Richard Ọlátúndé Baker y el batería Cosimo Keita Cadore, quienes manifiestan su veta afro y colorista en temas del calibre de ‘Simba Jike‘ o ‘Teck et bambou‘ y en esa conexión con la música brasileña que florece en ‘Amalfi‘ y que termina bañándose en las aguas del Mediterráneo. El fragor subsahariano, que marca los primeros compases del álbum, cede paso al protagonismo de los teclados en canciones embriagadas de groove como ‘Bells ring for Esmeralda‘ o de cool jazz como ‘Beija flor‘, que alcanzan el cielo entre fiscornios, marimbas y el scat de Khadijatou Doyneh. A su vez, un corte como ‘Chocolate con churros‘, con su aroma a habanera y guajira, resulta una muestra inmejorable de la distensión que, intuímos, presidió la grabación de estas canciones.

El viaje termina en ‘Argentina‘, donde el pulso se relaja, y las teclas de Jessica Lauren atacan con sutileza una suerte de score desnudo y somnoliento que con el fraseo al soplar de Tamar ‘Collocutor’ Osborn alcanza la atmósfera perfecta de un cierre entre brumas que funciona además como homenaje velado al maestro Joaquín Rodrigo.

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