Jerry “Iceman” Butler fue el segundo dios del Chicago soul. El primero es, claro, Curtis Mayfield, su amigo de la infancia, junto con el cual formó los Impressions. A Jerry le llamaban así, “hombre de hielo”, porque no necesitaba esforzarse, saltar ni bailar con frenesí para soltar un chorro de voz y dejar a todo el mundo ojiplático. Era, además, capaz de componer canciones tan emblemáticas como For Your Precious Love, la canción con la que Curtis y los Impressions comenzaron a despuntar.
Pero Jerry quería recorrer su propio camino. Por eso Curtis tomó la batuta de los Impressions y, junto a Fred Cash y Sam Gooden, emprendió una de las trayectorias más destacables de la música popular. Pero esa es otra historia. Tras abandonar el conjunto, Jerry también comenzó una larga y fructífera carrera en solitario, la segunda parte de la cual se inaugura con este disco visionario que nos ocupa.
The Iceman Cometh, editado por Mercury Records en 1968, se anticipa con mucho al sonido que iba a predominar en la década de los 70 en la música negra y, más directamente, al sonido del soul de Philadelphia. Fue producido precisamente por el tándem responsable, junto a algún otro actor más, de todo aquello: Kenny Gamble y Leon Huff. Y, pese a estar hecho en su mayoría en Chicago, puede considerarse este disco como el acta fundacional de ese sonido característico de Philadelphia, el campo de pruebas sobre el que se edificaría todo un imperio.
Pocos años después, el citado dúo de compositores fundaría PIR (Philadelphia International Records) y se haría de oro con el invento. Pero todo lo que hay que decir de ese sonido lo encontramos ya en este disco de 1968: baladones potentes como trenes, energía contenida, melodías elegantes, arreglos orquestales, barroquismo a raudales y grandes composiciones, muchas de ellas hechas a pachas con Jerry.
Aquí tenemos Lost o Only the Strong Survive (después hechas famosas por blanquitos avispados como Dusty Springfield o Elvis), maravillas como Just Because I Really Love You o la recientemente versionada por los Black Keys, Never Gonna Give You Up, temazo de temazos que, una vez entra en tu cabeza, no sale ni a patadas. Y así, todo.
No es un disco que suela salir en listas de lo mejor de la música popular, ni siquiera de lo mejor del soul. Pero si me preguntan a mí, les diré que pocos discos de soul he escuchado más que este. Y es que Jerry tenía algo especial: esa fuerza contenida de hombre de hielo, esa voz gruesa y vibrante, que se cala hasta los huesos y emociona como pocas otras. Un ser de otro planeta que precisamente estos días abandonaba la Tierra para descansar en otra dimensión. Con él se va uno de los corazones más grandes de la música negra. Rest in power.


