Javier Colis: "La presencia del blues en mi estilo es total"

Javier Colis. Foto: vi-Twins.

Para adentrarse de lleno en la espiral que propone Javier Colis con 'Nadie en el espejo' (Luscinia Discos, 2016) conviene prestar atención a los detalles: la figura de aire romántico y rostro encriptado de la portada, enmarcada por la luna en fase creciente y a descubierto frente a la lluvia de anfibios, similar a aquella que cayó desde los cielos de Leicester pero que, en este caso, no parece augurar malos presagios. También en el título del disco, que parece encomendarse a uno de los textos más áridos de Jorge Luis Borges: sobre el hombre que ha quedado ciego en su soledad creciente y confuso ante un Dios indescifrable. Pero no, con un zarpazo como los que azuza con alta tensión para conseguir domar su guitarra, el propio Colis niega esta mayor: "Soy gran admirador de Borges pero no, no tiene nada que ver. Al menos de forma consciente".

Portada de 'Nadie en el espejo'.
Portada de 'Nadie en el espejo'.

'Nadie en el espejo' es un disco muy personal, aunque el músico riojano se ha rodeado de sospechosos habituales como Adrián Ceballos, batería en bandas como Los Cuantos, Novak o La Banda Atávica, o Javier Díez Ena, bajista, también ducho en el arte del Theremin, y participe de proyectos como Ginferno, Forastero o Dead Capo. A su vez ha encomendado la producción de sus doce canciones a Miguel Lorenzo, quien tiene su base en los estudios Influx, en plena Sierra de Béjar. Este bucólico entorno apenas ha tenido impacto en el carácter urbano del blues de vanguardia, en ocasiones hipnótico y en otras - 'Una sombra' - falsamente dulce, más bien inquietante, de estas canciones. Javier Colis insiste en contarnos de dónde viene todo: "En un principio el tema 'Drácula enamorado' (instrumental y séptimo corte del álbum) era una canción e incluía un verso que decía eso, nadie en el espejo. Cuando decidí que prefería dejarlo en tema instrumental pensé que 'Nadie en el espejo' era un buen título para el disco. Sugerente, algo inquietante, con muchos posibles significados", observa.

Tom Waits, Leonard Cohen, Captain Beefheart, el Rock alemán…Las canciones de Javier Colis aparecen llenas de referencias, casi siempre interconectadas por patrones próximos a una música evocadora, no exenta de riesgo. Pero, más que esconder tales referencias, parece que su autor incita a que éstas salgan a la luz. "Tengo multitud de referentes y sí, los que mencionas son algunos de ellos. No pretendo ni ocultarlos ni hacer bandera de ello. Aunque éstas y otras influencias estén presentes, modestamente lo digo, creo que tengo un estilo personal, un sello propio", explica. Además de esa vertiente referencial, también pone el ojo sobre su propia obra pretérita, abriendo paso, incluso, a la metamorfosis: la canción 'Ahí viene esa mujer' del disco 'Otra nube', grabado junto a Las Malas Lenguas, ahora aparece rebautizada como 'Y no está bien'. "Sí, fui transformando la canción en los conciertos y cambiando la letra. Me gustó cómo estaba quedando y me pareció buena idea grabarla".

Su sonido sigue rondando los lugares con olor a peligro - 'Influx ground control' - pero también mantiene el interés por recalar en aguas tranquilas - 'Drácula enamorado' -, siempre sin perder personalidad. Al autor de 'Luna de agosto' no le supone un esfuerzo extra manejar registros variados sin que la uniformidad se resienta. "La verdad es que no me suponen un esfuerzo añadido esos cambios de registro porque todo responde a mi propia coctelera. Como te decía antes, mi campo referencial es grande y lo mismo me voy por Beefheart que por Debussy, por decirlo de algún modo. Y sigo siendo yo. Creo que el disco es muy compacto y, a su manera, homogéneo, aunque tenga esos saltos", defiende. 'Nada en el espejo' surge en gran medida tras experimentar con los loops en algunos de los conciertos que ha dado en momentos previos a la grabación del disco. Una manera de ahondar en la repetición para obtener efectos hipnóticos. "Lo minimal siempre me ha interesado y estado presente, de forma más o menos evidente, a lo largo de mi carrera, en todos los proyectos. Al trabajar con la looper quizá se ha hecho más evidente, sí".

Otro asunto es si gusta de que le etiqueten, a sabiendas de lo díficil que resulta poner nombre a su estilo tan personal, "Ni me gusta ni me deja de gustar. Es un peaje que hay que pagar si te dedicas a esto. El etiquetado, eso sí, suele ser bastante errático", expone. Le mencionamos lo del blues cubista. "Blues cubista está bien. Rock expresionista, creo que también. Y eso que el cubismo y el expresionismo no tienen nada que ver…(ríe). Se ha dicho también que hago blues futurista, postblues, vanguardia de las cavernas…(ríe). Lo que pasa es que cuando la gente lee o escucha la palabra blues, inmediatamente piensan en algo que no tiene nada que ver con lo que hago yo. De hecho, la presencia del blues en mi estilo es total, pero más como sustrato que como superficie, más en el espíritu que en lo formal", defiende.

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Foto: Pablo Zapata

La mayor parte de las canciones que conforman el disco vienen firmadas por el propio Colis, sin embargo, la letra de 'Espiral', canción con la que abre el álbum, es del músico y poeta Ángel Guache. "Cuando Ángel iba a hacer la presentación de su libro 'Cruz', me pidió que hiciera algo con alguno de los poemas. Escogí 'Espiral', aunque me gustaban todos: el libro es fabuloso. Me gustó el resultado y seguí trabajándola hasta que pasó a formar parte del repertorio en los conciertos. Y de ahí, al estudio". Hablando de la relación entre la literatura y la música, Javier Colis participó en el álbum 'Acordes con Leonard Cohen' (DiscMedi, 2007), un disco homenaje a las canciones del más literario (con el permiso del Nobel Dylan) de los músicos contemporáneos, con una versión de 'The butcher' ('El carnicero') con Javier Mas y 'Balada de la yegua ausente', a partir de la traducción al castellano por Alberto Manzano del original 'Ballad of the absent mare'. Una canción que también apareció en su disco 'Otra nube', junto a Perla Batalla, quien llegó a participar con su voz en varios trabajos del tristemente desaparecido músico canadiense. La ausencia del autor de 'You Want it Darker', es y será irremplazable, "Sí, cuando Alberto Manzano me propuso participar en 'Acordes con Leonard Cohen' y me dijo que si quería hacer 'La balada de la yegua ausente' a dúo con Perla Batalla, no me lo pensé dos veces. La cosa es que en ese momento estaba con los últimos preparativos de la grabación de 'El futuro ya no es lo que era' y tenía complicado ponerme con una adaptación personal. Por otra parte, Javier Mas y Kevin McCormick ya habían preparado un montón de arreglos para el repertorio que se iba a hacer. Así que yo no tenía más que poner mi voz para el dúo con Perla y para el arreglo rock de 'El carnicero' que había preparado Javier Mas. Nada más terminar de grabar mi disco me fui a los ensayos de 'Acordes con Leonard Cohen' y aunque me gusta el resultado, se me quedó clavada la espinita de no haber hecho mi propia lectura. Cuando me puse con el siguiente disco ('Otra nube') aproveché para hacer 'La balada de la yegua ausente' a mi manera. Llamé a Perla, eso sí. Un lujo cantar con ella", rememora. "Cohen ha sido (es) un grande. Único, y por ello, irreemplazable. Su disco de despedida, además, está muy bien. Y en sus últimos días aún tuvo tiempo de ser elegante e inteligente: cuando le preguntaron que qué le parecía el Nobel de Dylan respondió que "darle el Nobel a Dylan era como ponerle una medalla al Everest". Muy grande", sentencia.

Un dato curioso es que no podemos encontrar los discos de Javier Colis en plataformas de streaming al uso, entendiendo que, por lo menos en el caso de 'Nadie en el espejo', no se trata de una política de la discográfica, ya que otros trabajos como los de El Ser Humano o Ana Béjar, con los que además de sello comparte calidad y personalidad propia, se pueden localizar sin problemas. ¿Por alguna razón en especial?. "La verdad es que no. En el caso de 'Nadie en el espejo' el disco está en Bandcamp y Souncloud pero no en Spotify, por ejemplo. No es algo premeditado, ni una política de Luscinia. Puede que tenga que ver con una cierta inadaptación (en parte premeditada, en parte no) a la vorágine de "consumo" musical actual. Hay tanta oferta… En mi caso, prefiero que me busquen. Y si me buscan, de una forma u otra, me encuentran".

También publicó con La Femme Fakir un estupendo disco homónimo, hace apenas un año. En el "rock maldito" (dicho con algo de sorna) de este país tampoco se para de trabajar y crear.  "Yo nunca, la verdad. De hecho, acaba de salir el primer disco de Forastero, otro proyecto en el que estoy implicado. Esta es mi vida. Lo he elegido yo. Y no me quejo. Me encanta". Cuando se habla de su figura, de sus proyectos anteriores o paralelos, trufados de riesgo y con un pie en el underground y otro en la No Wave, de su aparición en libros como el recientemente editado "Santos y francotiradores" de Luis Boullosa, siempre aparece a colación aquello del malditismo. ¿No siente Javier Colis cierta envidia de otros países, como por ejemplo su querida Francia, donde el creador personal e intransferible está, a nivel popular, mucho mejor visto y obtiene mayores réditos?. "Sin duda. Me da mucha envidia. Hace algunos años (entre 2006 y 2009) hacía un show de spoken word con John Giorno. Él recitaba sus poemas y yo tocaba la guitarra. Una vez nos contrataron para hacer una soirée performático-musical en la fundación Cartier de Paris (una especie de Casa Encendida de allí). La cosa era en torno a una exposición de Patti Smith que se llamaba 'Land 250'. Cuando me mandaron el programa me quedé alucinao. Una semana antes tocaba Tom Verlaine y el día antes, Fred Frith… Así que había en el centro de París, en un prestigioso centro de cultura, un cartel que incluía los nombres de Tom Verlaine, Fred Frith (dos de mis guitarristas preferidos de todos los tiempos) y yo mismo. Pensé que estaba tocando el cielo. Pedí a la organización que me adelantaran el vuelo un día para ver a Fred Frith (y conocerle personalmente). Accedieron gustosos, por cierto. Allí me encontré con gente que sabía quién era yo… Flipé. Para colmo, y ya como anécdota alucinante, resulta que después del concierto me fui a cenar a un restaurante cercano (zona Montparnasse) y cuando entré, hubo unos comensales que empezaron a aplaudirme (alguno incluso se puso de pie), (ríe). Habían estado en el concierto y después se habían ido a cenar…y me conocían…y les gustaba…¡Franceses!".

 

 

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