Jack Adkins.

Imagínense a un solitario trovador entonando canciones crepusculares y alucinadas en cualquier rincón de un paseo marítimo de Laguna Beach, a mediados de los 80. Ese hombre orquesta, arropado con una maleta de instrumentos que incluía armónica, un sintetizador roland 8, un bajo eléctrico y un par de guitarras, bien podría haber sido nuestro hombre, Jack Adkins. El absolutamente desconocido músico norteamericano prensó copias privadas de su álbum ‘American sunset‘ con la discográfica Boink Records (de la que apenas tenemos datos) en 1984 y Numero Group, editorial siempre presta al rescate de joyas enterradas por el olvido y la desidia, reeditó recientemente en formato digital estas canciones alimentadas por el pop cósmico y el folk sintetizado que pergeñó en sus surcos su desacomplejado autor.

Portada de ‘American Sunset’

En ocho cortes bañados por un sol de atardeceres oceánicos, Adkins sortea la nostalgia mediante un proto neo-folk que en ocasiones deviene paisajista, véase si acaso el recitado de la canción que titula el disco, ‘American sunset‘ y en otras rastrea la euforia lisérgica a base de odas onomatopéyicas a la marihuana, ‘Ooo wee‘ e himnos tramados con una poderosa electrónica doméstica por la que John Maus o Sean Nicholas Savage pagarían con gusto: ‘Hurts to be a hero‘.

El folk ribetea juguetón en cortes tan magnéticos como ‘Truth‘, canción que debería versionar Beck casi sin pensárselo o en ‘Linda’s birhday‘, en la que Adkins se calza las botas de un cowboy nostálgico y pasado de vueltas. La colisión entre el sintetizador y los aires country realza el brillo de ‘Off the road‘, donde la armónica marca el trote de un bajo peleón como un whisky doble, en una ración beoda que provoca que nuestro protagonista se abandone a la tradición con el cierre glorioso de ‘Looking for a Lady‘. Ahí es donde se proyecta al futuro con la máscara de un Will Oldham esotérico pero con innegables ganas de mojar.

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