Dimas Rodríguez es Invisible Harvey. Foto: Noemí Elias

El clasicismo bien entendido recorre la columna vertebral de Dimas Rodríguez, ser humano multidisciplinar (periodista, crítico musical y cinematográfico, guionista, realizador de videoclips…) que pone la lírica y la voz cantante al servicio de Invisible Harvey, banda de poso arreglado y distinguido que fluctúa sin aspavientos y destilando elegancia entre el pop británico atemporal, el sonido americano más radiante y cierto casticismo barnizado con una leve pátina surreal y costumbrista que podría emparentarles con cumbres del pop en castellano como La Costa Brava. En su último y segundo álbum, ‘No es justo que llegues ahora’ (El Genio Equivocado, 2018) persisten en poner tono y melodía a los sinsabores de la vida y el amor, casi siempre desde la primera persona de un perdedor armado con media sonrisa y cuyas desventuras emocionales sirven de gancho inequívoco para el que gusta de escuchar canciones de las de toda la vida, dispuestas a ser tarareadas incluso repensadas, gracias al plus de extrañeza que brota en hallazgos líricos del calibre de “A ver que te cuento, sin que parezca que pierdo“.

Con los mimbres con los que has conformado tu proyecto (homenaje al film ‘Harvey’ protagonizado por James Stewart, tu labor como guionista y realizador), lo de Invisible Harvey tiene visos de comedia agridulce e inteligente. ¿Es el sello que quieras dejar como autor?

¡Oh! me siento muy a gusto con el tono agridulce que comentas. Y con la comedia, ¡ya lo creo!. No soy consciente de querer dejar un sello concreto, pero supongo que al final esa sensación agridulce que tienen muchas de las canciones que hago queda palpable. Me gusta mucho mezclar de manera natural un tono agridulce con humor. Ahora estaba pensando en una comedia agridulce que me encanta: ‘Persiguiendo a Amy, mi peli favorita de Kevin Smith.

Las canciones de ‘No es justo que llegues ahora’ están repletas de imágenes y títulos muy descriptivos. ¿Te consideras alguien con el verbo fluido y suelto que quiere poner filtro a sus ideas a través de las canciones?

¡No, no!, pero me gusta mucho escribir desde pequeño: guiones de cine, relatos…. Siempre o casi siempre empiezo una canción a partir de un título o de unos versos. O, incluso, a partir de un diálogo o de una réplica entre varios personajes. Las frases o los versos, cuando considero que tienen fuerza, son como anzuelos muy poderosos que me empujan a buscar una melodía. Tienes un título o una imagen que te sugiere algo y, de golpe, se abre un pasillo largo ante ti y puedes poner música, buscar estribillos…

Portada de ‘No es justo que llegues ahora’

Es inevitable que el oyente sienta curiosidad por ese personaje que pasea por tus portadas, ilustrado por Martín Tognola . Parece pretender pasar desapercibido pero está dotado de una imaginería realmente atractiva y, echando una ojeada al libreto del disco, es inevitable pensar que es el personaje central de estas canciones. ¿No crees que mostrar un alter ego como un personaje de ficción tan acentuado puede restar pegada a la credibilidad de tus canciones? ¿O bien consideras que es un plus que dota de entidad al conjunto?

Sí, yo creo que, como tú dices, es un plus que da entidad al conjunto. Son pistas que le das al oyente. Me gusta empatizar con él de esta manera, también. Yo soy muy aficionado a los cómics, al cine fantástico y admiro mucho los personajes de ficción.

Citas a Jon Brion o La Costa Brava entre tus referencias. ¿Una aleación entre el componente cinemático del primero y el excelso casticismo pop de los segundos es la que podría definir tus intenciones como compositor?

Me encanta el romanticismo que hay en las bandas sonoras de Jon Brion, que muchas veces están ligadas a películas estupendas. La banda sonora de ‘Punch-drunk love‘ es uno de los discos que más veces he regalado (ríe). Y Sergio Algora era un compositor magnífico (también Francisco Nixon o Ricardo Vicente). El Niño Gusano o La Costa Brava eran bandas con un universo que me atrae mucho y que admiro por su imaginación y sentido del humor.  Me siento muy cercano a su manera de entender una canción pop. 

Ricardo Vicente me dijo cierta vez en otra entrevista que “en los momentos trágicos y complicados los discursos son más bellos”. ¿Lo crees así? Lo digo porque los personajes (quizá el personaje) de tus canciones maneja dilemas existenciales y amorosos con asiduidad: ‘Un puñetazo en el corazón’ o en ‘No es justo que llegues ahora’.

Sí, sí estoy de acuerdo con Richi. Pero creo que también es un reto hermoso intentar hacer canciones bellas desde la felicidad. Es complicado (ríe). Lo sé. En mi caso, siempre  buscamos – sin olvidar el sentido del humor – de manera inconsciente la zona de sombras o esos estados más frágiles. Aunque personalidades como Lou Reed, un artista que admiro mucho, nos han demostrado, por ejemplo, que también se pueden escribir excelentes canciones de amor desde la óptica del enamorado. Estoy pensando, por ejemplo, en ‘Heavenly Arms‘.

En tu primer disco ‘La puerta giratoria'(El Genio Equivocado, 2016) incidías en vestir las canciones de manera cuidada y lustrosa pero, en cambio, percibimos en las de ‘No es justo que llegues ahora’ una mayor entidad y cohesión. ¿A qué consideras que es debido?

Cuando hicimos ‘La puerta giratoria‘ todavía girábamos en formato de trío (guitarra española, violín y violonchelo). Después, en el estudio, sumamos arreglos e instrumentos con los productores, Cristian Pallejà y Ferran Resines. Unos meses más tarde, cuando presentamos el disco en directo, montamos un auténtico septeto. Y con esta formación hemos seguido tocando y hemos grabado el segundo disco, ‘No es justo que llegues ahora‘. Así que esta vez hemos llegado al estudio con siete músicos. Y todos han grabado y creado sus partes. Se puede decir que este segundo disco es más de banda, de grupo.

No se por qué pero el personaje de tus canciones me recuerda en gran medida al Jack Lemmon de ‘El apartamento’. ¿El mundo contemporáneo es demasiado dañino con las buenas personas? ¿No crees que hay una autoexigencia mental que nos hace estar siempre en guardia frente a lo arisca que puede resultar a veces la vida en sociedad y que es un handicap que resta humanidad en las personas?

Me gusta mucho que lo compares con el gran Jack Lemmon. Sí, creo que su rostro y su condición humana en ‘El apartamento‘ se ajusta muy bien a las canciones que hacemos. Recuerdo que el escritor Rodrigo Fresán me comentó una vez que él veía a Bill Murray en todos los protagonistas de sus novelas (ríe).

Mira, yo soy un optimista nato y creo mucho en la bondad humana y en su capacidad de ayudarnos a sobrevivir en este circo –junto al humor y el amor -. Pero también pienso en esa frase de Rowland S. Howard: “El mundo es un lugar triste para vivir“. Yo creo que la clave es luchar por humanizarnos cada vez más. Todos estamos hechos de grises, pero hay que virar hacia la zona de luces. Gris iluminado o soleado. Hay que aceptar el gris y seguir girando hacia el patio de luces.

¿Estas tonadas tienen algún destinatario particular o bien se trata de aventuras y desventuras introspectivas proyectadas para quien las quiera escuchar?

Algunas canciones tienen un destinatario concreto, otras lo encuentran meses o años después de ser publicadas. Pero acostumbran a ser aventuras que parten de un sentimiento y de una pasión por componer y por canalizar unos sentimientos. También por la pura pasión de fabular, de contar historias. Es una necesidad natural enfrentarse a esa aventura de levantar una canción.

En el contexto actual, donde la persecución de la novedad hace que cualquier medianía sea ensalzada hasta la extenuación. ¿Crees que resulta complicado defender un cancionero vestido con un corsé clásico y de miras atemporales? ¿Cuál es la misión de Invisible Harvey?

Yo soy feliz cuando alguien se te acerca en un concierto o te escribe y te dice que le ha gustado mucho el disco y que le ha ayudado a evadirse por unos minutos de la realidad. Si puedes hacer que algún oyente abra una ventana nueva desde donde pueda evadirse, reflexionar o incluso emocionarse, ya me siento satisfecho. Es cierto que hay mucha oferta abundante y que el circuito es muy complicado, pero es tan apasionante este “arte-oficio-negocio” que vale la pena seguir y seguir. Para mí las canciones son un medio de expresión muy valioso y poder utilizarlas como un pequeño altavoz me parece una gran suerte. 

 

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