Ibon Errazkin. Foto: Javier Aramburu
Portada de ‘Foto Aérea’

La figura de Ibon Errazkin es tan familiar y aparece tan presente en el imaginario de la música pop que casi no nos habíamos dado cuenta del tiempo que ha pasado sin tener noticias de su faceta en solitario. Dedicado musicalmente a tiempo completo a su labor en Single, ha encontrado un hueco espacio-temporal en su labor creativa para poder dar un giro casi inesperado en ‘Foto Aérea’ (Elefant Records, 2018) – su tercer disco en solitario tras ‘Ibon Errakzin‘ (Elefant Records, 2000) y ‘Escuela de Arte‘ (Elefant Records, 2003) – donde da una vuelta de tuerca a aquellas inquietudes sonoras que ha ido esparciendo cual pepitas doradas en cada uno de sus proyectos. Lo hace imaginando un viaje de idas y venidas a partir de melodías que fluyen, respiran y se transforman, hasta amerizar en ese punto donde la chispa que surge de la melancolía positiva y la evocación alejada de la tiranía del ritmo, se encuentran para dar con algo nuevo. 

Ha pasado muchísimo tiempo desde ‘Escuela de arte’ (Elefant Records, 2003), tu anterior disco en solitario. ¿Cómo y cuándo decides que ya tienes listas las canciones para dar este paso? 

Desde hace mucho tiempo ya tenía algunas melodías pensadas y una idea sobre cómo hacer un disco nuevo. Lo que pasa es que como siempre estaba ocupado con Single nunca encontraba unos meses para ponerme con este disco. Temía que esto se me fuera de la cabeza, ya que no que se trataba de canciones estructuradas de principio a fin, sino de algo más vago. Por suerte, estas ideas no se esfumaron y cuando empezó a coger cuerpo es cuando me puse a hacerlo. Aún así mucho de lo que aparece en el disco es improvisado, no tenía una idea cuadrada de cómo debían ser las canciones.

¿Algo así como esbozos?

Sí, algo así. Tenía la idea de recrear cierto ambiente más que canciones perfectamente acabadas.

¿Se trata de canciones compuestas ex profeso para ser publicadas juntas o has ido picando de aquí y de allá?

En este disco lo importante no eran tanto las canciones. Yo tenía dos ideas: una era la de hacer un álbum donde ciertas melodías aparecieran todo el rato en las canciones, a veces un poco disfrazadas, y otra era no grabarlas con un tempo muy estable, como con claqueta. Quería registrarlas con un tempo muy libre, que se pararan, se ralentizaran, se volvieran a acelerar. Cuando tuve claro como quería el disco, eché mano de melodías que tenía por ahí y monté las canciones.

¿Con ‘Foto aérea’ y sus diez canciones has pretendido afrontar una suerte de “deconstrucción de la canción”?

No, yo no he intentado eso pero si lo dices tú a mí me parece bien (ríe).

¿Algo más sencillo? ¿Menos intelectual?

Bueno, viene de diferentes sitios. Viene, en parte, de la pintura, algo que no me había sucedido nunca. De ir a diversas exposiciones y, en concreto, a una que vi hace varios años de David Hockney en Bilbao. Aquello de pintar un mismo paisaje durante distintos momentos del año o del día. Recuerdo salir de aquella exposición pensando que eso podía ser una buena idea para un disco. Pero también me di cuenta de que tampoco hace falta acudir a la pintura para porque esto también esta en las bandas sonoras, coger una melodía y reinterpretarla. Y también está en el reggae, con discos donde sobre un mismo ritmo se hacen cuatro canciones distintas. Quizás eso que dices de deconstrucción tiene que ver más con el dub.

Ibon Errazkin. Foto: Javier Aramburu

Aun así, y pese al velo experimental, la melodía reconocible (y que a veces hasta apela a la canción popular) se cuela por las rendijas.

Sí, siempre he compuesto canciones a partir de la melodía. Me cuesta hacer una canción en la que no haya una melodía central, que se desarrolle un poco. Incluso cuando hago algo relativamente abstracto y relativamente conceptual, como en el caso de ‘Foto aérea’, pienso que si no aparecen unas melodías bonitas es algo que no va a enganchar mucho a la gente.

Incluso la guitarra que aparece en ‘El cuerpo’ (una de las canciones de adelanto del disco) tiene un aire muy popular y sureño.

Me recuerda a Toti Soler, especialmente de su disco instrumental ‘El gat blanc‘, que personalmente me encanta y que es de una época en la que el músico catalán iba a Andalucía y tocaba con músicos de flamenco.

También recuerda a lo que hace Víctor Herrero, especialmente con su disco ‘Estampida’. ¿Le conoces?

Sí, le he escuchado. Tiene un disco muy bonito compartido junto a Israel Marco de Cuchillo, ‘Tiempo para la cosecha‘, bajo el nombre de Viva…’Foto aérea’ tiene estas melodías mediterráneas, aunque no creo que esté influenciado por nadie en concreto. Probablemente se deba a tantos años escuchando música. Se trata más bien de música romántica, emotiva…

La guitarra es protagonista en todas las canciones, ora juguetona en ‘Iris’, otras íntima y acolchada por teclados y efectos o decididamente emocionante en canciones como ‘El objeto’. ¿Querías que fuera el hilo conductor de estos temas?

No, lo que pasa es que es mi instrumento. Con ella puedo ser más expresivo que con el teclado, por ejemplo, con el que puedo apañarme pero no sé darle el acento que quiero aquí y allá. Estoy pensando seriamente en aprender a tocar bien el piano porque me daría más posibilidades en este sentido.

La voz de Teresa Iturrioz  aparece como un instrumento más en canciones como ‘El objeto’ (con la tuya en segundo plano y tratada con efectos) o ‘Paradox’. Muchos dicen que es el instrumento perfecto. ¿Lo crees así?

Llamar a la voz instrumento se me hace un poco raro. No es que en algún momento pensara que el disco necesitara voces. Me encanta la voz pero tampoco la necesito. Puedo escuchar música instrumental sin echarla de menos. Volviendo a Toti Soler, recuerdo que en Rockdelux hicieron una lista con los mejores discos españoles del siglo XX, y de él aparecía en esa lista su primer disco ‘Liebeslied’, que es un disco vocal. Entonces pensé en cómo tendemos siempre a ir adonde hay voz, cuando pienso que Toti Soler como guitarrista tiene discos mucho mejores que ese en concreto.

Hablando de voz, cuéntame el porqué de ese arrebato crooner tuyo en la versión  de ‘Lazy afternoon’ escrita por Jerome Moross.

Parto de una versión que no es muy conocida, de un cantante llamado Bob Dorough. Un señor que colaboró con Miles Davis, entre otros, y produjo un disco muy gracioso de un grupo fantasma que se llamaba Multiplication Rock, donde tocaban canciones para enseñar a los niños la tabla de multiplicar. Aquí aparecía ‘Three is a magic number’, que luego samplearon De La Soul. También hay una versión muy famosa de Barbra Streisand que no me gustó y otra de Eartha Kitt que tampoco me gustó (ríe). La otra versión que me gusta es de Marlene Dietrich, así como las diferentes versiones instrumentales que hay de la canción. Fue un poco casual lo de cantar este tema. Estaba grabando la introducción de la canción para el disco, los dos o tres primeros minutos que son instrumentales, y así iba a ser en un principio todo el corte. Pero una de las veces que la estaba escuchando, al terminar pensé: “¿Y si ahora me pusiera a cantar ‘Lazy afternoon’?”. Un momento de inspiración vespertina (ríe).

¿Es cierto que Teresa Iturrioz ha sido quien ha puesto los títulos a las canciones, en plan “escritura automática” o dándole vueltas y vueltas tras escucharlas mil veces?

Cuando necesitaba títulos para las canciones, ella me los iba dando. No las escuchó en ese momento, yo iba asignando títulos que me daba a las canciones que tenía.

¿Como un juego?

No sé. Es que en algún momento pensé en no poner títulos a las canciones. Y ella me dijo: “Hombre, es un poco heavy hacer eso“. En el sentido de que estaba haciendo música instrumental, que ya es poco asequible de por sí, y ya hubiera sido ponérselo más difícil a la gente. Aun así esto lo hemos hecho toda la vida, porque recuerdo que con Daily Planet, aquel grupo instrumental en el que estuve a mediados de los 90, el título de ‘Calypso‘ me lo dio Teresa o Jabier Aramburu.

Ibon Errazkin. Foto: Javier Aramburu

Es innegable que la música que uno escucha se filtra, aunque sea inconscientemente, en las canciones que compone. En tu caso podríamos hablar de detalles, porque el conjunto suena muy personal y propio. Aun así me viene a la cabeza el nombre del compositor francés François de Roubaix, conocido por su labor como creador de bandas sonoras y un maestro a la hora de dar la vuelta a la canción con resultados muy sugestivos. ¿Crees que estas canciones están más cerca de lo cinematográfico o son una suerte de poemas sonoros?

Lo que he oído de él es música para cine y composiciones infantiles, aunque lo recuerdo más electrónico. Volviendo a lo que te decía al principio, quería hacer música que estuviera flotando, sin estar sujeta a un tempo concreto y que las canciones no fueran totalmente distintas, que tuvieran una especie de hilo que las relacionara entre sí. Estoy muy cansado de la música que va a piñón fijo, tanto la de hace algunos años como la contemporánea. Eso sí, entiendo que si haces reguetón, tienes que hacerlo con claqueta. Pero en música más melódica echo mucho de menos que las cosas respiren un poco más y es algo de lo que me doy cuenta cuando oigo algo donde de repente el ritmo se para o se reanuda, ahí suelo prestar más atención. Me parece que hay algo atractivo en ese caso. A veces tengo la sensación que de gran parte de la música de hoy en día forma parte de una cadena de montaje. Creo que hacer música melódica no va con los tiempos actuales. La música moderna está basada en ritmos y voces. A lo largo del siglo XX la tendencia ha sido ésta: La melodía ha ido desapareciendo y el ritmo se ha ido imponiendo.

La estética es un anexo muy relevante en esta obra. Desde los clips que has ido estrenando hasta la fecha (‘Foto aérea’ dirigido por Gabe Ibañez y el reciente ‘El cuerpo’ de Peru Izeta) o con el arte y las fotos de Javier Aramburu. Además, se trata de gente con la que ya has compartido momentos anteriormente. ¿Para un disco tan personal era necesario que todos los elementos que lo arropan fueran familiares o conocidos?

Es la gente con la que trato habitualmente y, por tanto, son los primeros en los que pienso para hacer las cosas. Además de que, por supuesto, me gusta mucho lo que hacen. En el caso de Javier Aramburu, él lleva toda la vida haciendo las portadas de los proyectos en los que he estado involucrado, y, aunque ahora ya no quiere dedicarse tanto a esto, se ofreció y me pareció perfecto. Gabe Ibañez vino a casa un día y yo estaba con el disco a medio grabar, le puse lo que estaba haciendo y el dijo “me encanta, quiero hacer un vídeo de esta canción”. La canción era ‘Foto aérea’ y le tomé la palabra, aunque ese momento tenía a medias el disco y no estaba pensando ni en videoclips. Medio año después, cuando ya estuvo acabado el disco le llamé y le dije: “Oye, Gabe, ¿te acuerdas de que querías hacer un videoclip de esta canción?”. Lo de Peru Izeta ha sido más casualidad, con él y más amigos hemos hecho muchos viajes y él llevaba cámaras antiguas, de Super 8, y hace como un año lo reveló todo y al ver ese material le pedí permiso a todas las personas que con las que había compartido esos viajes para ver si les parecía bien que estas imágenes pudieran ser utilizadas en el videoclip de ‘El cuerpo’. Estoy muy contento con la gente que me rodea. A nivel creativo, ellos hacen lo que me gusta, y con eso me basta.

Es posible que este disco sea especialmente indicado para escucharlo una tarde de verano frente a la orilla del mar. ¿Te has imaginado algún espacio o tiempo ideal para que el oyente lo haga suyo?

No, aunque me gusta que digas eso. No había pensado que fuera un disco especialmente veraniego, pero es bueno que lo comentes porque ya se acerca el buen tiempo (ríe). No he pensado el disco para ninguna situación en concreto ni especial. Cuando llevas un año dando vueltas a las canciones ya tienes una idea tan desfigurada y deformada de ellas que para mí es imposible percibir así el disco a estas alturas.

Una vez que las canciones son publicadas, ¿cuál es tu relación con el feedback tanto de la crítica como del público con respecto a ellas? ¿Lo tienes en cuenta o bien quieres librarte de estas canciones y pasar a otra cosa?

Creo que no quiero escuchar mucho más estas canciones (ríe), pero las críticas las voy a leer todas, por supuesto. Y si el disco gusta, me dará mucha ilusión y si no gusta, me dará pena. Ya lo creo.

 

 

 

Opina

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre