La historia del jazz está plagada de alianzas memorables entre trompetistas y pianistas. Pensemos en Kind of Blue, donde Miles Davis y Bill Evans abrieron una puerta que aún no se ha cerrado del todo, o en las sesiones de Freddie Hubbard con McCoy Tyner, donde la conversación se volvía erupción. No hay misterio, ni conjuro oculto: la trompeta corta y el piano sostiene. Uno habla, el otro subraya. En Soul Song, Hermon Mehari y Tony Tixier se suman a esa genealogía de duplas con un disco que rinde tributo al linaje, sí, pero desde una posición claramente contemporánea. Aquí no hay espejismos vintage ni postales amarillas. Esto huele a campo mojado, pero se escucha como jazz de 2025.
Ambos han trabajado juntos en tantas ocasiones que cuesta imaginar que este sea su primer disco a dúo con todas las letras. Lo cierto es que, tras quince años de convivencia musical en festivales, clubes y estudios, Soul Song más que una sorpresa parece una conclusión inevitable. O como cuando uno se da cuenta de que lleva años en el mismo tren que otro pasajero con el que jamás intercambió una palabra, hasta que de pronto se sientan frente a frente.
Hermon Mehari, trompetista de Missouri con raíces eritreas, lleva tiempo explorando territorios personales en clave jazzística. Desde Bleu (2017), donde afirmaba su voz como líder, pasando por el intimista A Change For the Dreamlike (grabado en pleno confinamiento francés), hasta el profundamente identitario Asmara (2022), su trabajo ha oscilado entre la apertura formal y la búsqueda de raíz. Por su parte, Tony Tixier, pianista de Montreuil formado en la rigidez del conservatorio y liberado por la espontaneidad del trío moderno, ha compartido escenario con Christian Scott, abierto para Herbie Hancock y orbitado entre París, Nueva York y Los Ángeles, llevando consigo un equipaje melódico tan elegante como flexible.
Grabado en una sola noche de noviembre en una casa de campo borgoñona —de esas que parecen hechas para inspirar grabaciones crepusculares o novelas de Modiano—, Soul Songfue registrado en cinta analógica, sin sobregrabaciones ni trampas de estudio. Una decisión que más que audaz suena lógica: si el objetivo era capturar una conversación entre amigos de largo recorrido, lo ideal era no interrumpirla con edición.
El repertorio hila fino: Maimoun de Stanley Cowell, The Black Messiah de George Duke, Hello to the Wind de Bobby Hutcherson y Laini de Marius Cultier aportan la conexión con una tradición expansiva, esa que no teme acercarse al soul o al caribe. Pero son las piezas originales —This Is Our Fantasy de Mehari y Poem for the Oppressed de Tixier— las que encienden el faro del presente. Aquí se aprecia la mano de dos músicos que no se contentan con homenajear: interrogan, proponen, escriben en voz baja. Las dos improvisaciones junto al fuego (Fireside Improvisation I & II) no tienen el gesto decorativo de la jam: son puentes invisibles entre lo que fue y lo que vendrá.
La química es evidente pero no ruidosa. Mehari sopla con claridad y sin ornamento; su lirismo no se apoya en clichés, sino en la elección precisa del silencio entre notas. Tixier, por su parte, no acompaña: traduce. Se mueve entre el Rhodes y el piano como quien alterna entre conversación y reflexión, sin imponer su idioma. La grabación, cálida y sin afeites, se presta a la escucha cercana, casi doméstica, como si uno pudiera oír la leña crujiendo de fondo. Y aunque no se especifica, sería bonito pensar que hubo vino sobre la mesa.


