Hazte Lapón. Foto: Dani Cantó

Podríamos decir que Hazte Lapón ha sido – es – un ente aglutinador. En dos vertientes, si acaso: primero, ya que pocas bandas de la ¿escena? independiente nacional han recibido parabienes de flancos tan dispares de la prensa musical y del oyente entendido (y no tan entendido, que tampoco hace falta), e incluso de otros músicos que manejan opiniones de gran calado mediático, y segundo, al absorber influencias estéticas siempre reconocidas por ellos, algunas (las muchas) en la órbita del pop y el rock de lustre subterráneo y meandros anglosajones junto con otras (las menos pero igual de relevantes) que trajinan curiosas por estilos como el folk, las brisas tropicales y hasta cadencias cariocas. Circunstancias éstas que han trenzado una carrera de fondo, regular, al trote y de narrativa realmente acertada – con relatos sobre los entresijos de la vida en pareja y los satélites vitales que orbitan alrededor de ella – que Manuel González Molinier (quien contesta aquí a nuestras preguntas), y Saray Botella han decidido cerrar para siempre. Una marcha atrás inesperada y en plena fase meseta, cauterizada con un doble LP poderoso y bien nutrido cuya primera parte recién publicada (la otra aparecerá en otoño, al tiempo que la edición física de ambas) ‘Tu siempre ganas. La vida adulta (instrucciones de uso)’ (El Genio Equivocado, 2018) está dejando al público con ganas de mucho más. 

Resulta curiosa la fórmula por la que optáis para presentar el disco: un díptico cuya primera entrega tiene una fecha primaveral y cuya segunda aparece después del verano. ¿Conociendo vuestros antecedentes – Manuel es médico psiquiatra – os habéis basado en algún modelo concreto al estilo de ‘The Collected Papers‘ de Adolf Meyer?

La primavera y el otoño son fechas importantes para los estados emocionales, pero salvo esa casualidad, la partición no tiene motivación psiquiátrica. La idea era que un conjunto numeroso de canciones funcionara también en un formato más reducido de disco clásico, y se pudiera dosificar en dos partes a lo largo del año, y sortear así, de paso, la progresiva tendencia humana a la inatención. De todas formas, estas canciones deberían funcionar en un orden, pero también de forma desordenada.

Portada de ‘Tú siempre ganas. Parte 1. La vida adulta (instrucciones de uso)’

Es paradójico que un disco que se llama ‘La vida adulta’ comienza con unos teclados casi de juguete y tu voz aparece embalsamada por un auto-tune teenager. A pesar de que la vida y sus circunstancias cambian el modus operandi y las costumbres, ¿siempre hay una parte de uno que se aferra desesperadamente al yo infantil-juvenil?

Aunque ‘La vida adulta‘ ha quedado como la frase que define esta primera parte, el disco completo en realidad se llama ‘Tú siempre ganas’, una frase que le dedico a Saray y que tomo de la vieja sintonía de Doraemon. La cuestión infantil se cuela inevitablemente, en tanto que ‘La bolsa o la vida‘ es una canción sobre el nacimiento de mi hijo y el tremendo cambio que eso supone, como ocurre en un crack de bolsa, donde algunos valores se desploman y otros, inesperadamente, resisten o cotizan al alza. De ahí que esa voz parezca estar flotando en el vacío, antes de que el ritmo imponga un orden. El nuevo orden es la paternidad y no es moco de pavo.

¿No crees que actualmente la gente madura peor? Tengo amigos de más de 40 años que siguen haciendo torneos del Fifa en la PlayStation…

Hay una cierta resistencia generacional a la madurez y no es para menos. Es una condición vital agotadora y angustiosa; también probablemente feliz, pero a todas luces te pone en contacto con la renuncia, y eso es algo de lo que mucha gente no quiere oír ni hablar.

Cuando eres padre primerizo nadie te prepara, recibes consejos de aquí y allá, lees artículos chirriantes en la red, pero al fin y al cabo se trata de un universo totalmente nuevo al que hay que adaptarse hora a hora, minuto a minuto. ¿Es también un buen material para escribir canciones? ¿Un buen momento para recapitular lo vivido en las primeras décadas de la vida de uno?

Creo que estas dos últimas preguntas guardan mucha relación con esa frase de la canción ‘La vida adulta‘, en la que decimos: Los viejos conceptos se tambalean, las nuevas lenguas se balbucean. Es de todo eso de lo que hablamos.

Musicalmente es un disco que picotea en vertientes del pop, tanto íntimas como más animosas. A vuela pluma surgen nombres como The Go-Betweens bailando en un granero junto a Will Oldham (‘Un carrusel’), The Wedding Present con bajo sónico y raca-raca (‘La vida adulta’) e incluso canciones que encajarían sin problemas en la escudería de Drag City. Aún así, bien sea por vuestras letras, tu voz o cierto deje castizo que late en cada tema, probablemente ya haya llegado ese punto en el que solo os remitís a vosotros mismos. ¿Qué opinas?

Somos un grupo que siempre ha reconocido sus influencias y las ha expuesto de forma casi obsesiva, a veces, incluso dentro de la propia canción. Y sí, Will Oldham, Bill Callahan, The Go-Betweens o The Wedding Present son grupos importantes para nosotros. Pero supongo que lo que sí que se detecta es que intentamos huir de la impostura de imitar un estilo sin más; intentamos siempre que las canciones hablen realmente de nosotros, porque, aunque son en realidad ficción, como decía Lacan: “La verdad tiene estructura de ficción”. Lo importante es que haya algo de verdad atrapada dentro de esa ficción, que no sea una mera broma o un ejercicio de estilo. Supongo que es ahí donde podemos aportar algo singular, propio.

El humor de Hazte Lapón te deja con tres cuartos de sonrisa y da que pensar. ¿No crees?

Es un humor un tanto melancólico, sí.

‘Sabes la noche’ es un poco como ‘Lo malo que nos pasa’ de Francisco Nixon pero alejándose de lo cool para adentrarse en territorios más de batín, sofá y zapatillas. 

Sabes la noche‘ es una canción de temática ambigua, y que yo de momento quiero dejar velada. Va sobre un momento especialmente difícil de mi vida, en el que estuve realmente preocupado por alguien, y por eso tiene un fondo triste, aunque, a su vez, tenga la forma musical de una duda, de un balanceo entre lo esperanzador y lo siniestro, que es como resolvemos las cosas los obsesivos.

Según Vladimir Nabokov, su mujer Véra era “tan segura de sí misma, tan invencible”. Hay mucho de mujeres como ella en las canciones de este disco, sin ir muy lejos ‘Suiza’, cantada por Saray.

Sí, Saray tiene algo de Véra. Por ejemplo, le gusta conducir y a mí no, así que dejo que me lleve, como hacía Vladimir. También le debo muchas de las decisiones afortunadas que se han tomado en Hazte Lapón, como cuando Véra convenció a Vladimir de que dejara algunas ideas un tanto enrevesadas y continuara con aquel proyecto que pretendía destruir y que era el primer borrador de ‘Lolita’. Saray es la primera oyente de las canciones y la más crítica, como lo era Véra. Y yo quiero tener, como ellos, el elixir; ese que les permitió envejecer juntos, superar los desastres del siglo XX, de los estragos de la revolución bolchevique al nazismo, y acabar pasando sus últimos días cazando mariposas y viviendo en un hotel en Suiza. Sin duda, me gustan las mujeres seguras e invencibles, como el mismo título del disco indica.

Tom Waits apartó a un lado la dispersión y la vida bohemia y se convirtió en padre y marido ejemplar, miembro intachable de la comunidad vecinal de Sonoma (California). En cierta ocasión me comentaste (creo que medio en broma) que él es tu ejemplo a seguir. ¿Sigues pensado en retirarte a una zona residencial, salir de excursión los sábados y tocar música solo para dos o tres amigos que vayan a cenar a tu casa?

¿Acaso suena mal eso?

Un músico muy reputado de este país me comentó en privado que “ni se planteaba dedicarse profesionalmente a la música”. El “amor al arte” casa muy mal con la rutina adulta, las extra-escolares de los niños y el rato que tienes para ver una serie o leer cuatro páginas contadas de un libro antes de dormir, cuando todo está en silencio…¿Por qué crees que se siguen sacando discos que probablemente solo cubrirán gastos de producción? ¿No sería mejor escribir canciones para cantarlas en la intimidad y dejar de lado el estrés promocional y las entrevistas?

Es que sobre esta cuestión creo que hay cierta obcecación. Parece que se establece una dicotomía un tanto forzada, que divide al arte entre la profesionalidad – vivir exclusivamente de ese arte – o la diletancia y el amateurismo – hacer algo para uno mismo y algunos amigos -. Eso es una estupidez. Yo me quedo con aquella postura de Chéjov que decía que la medicina era su esposa y la literatura, solo su amante. Chéjov vivió sobre todo como médico, como tantos otros escritores – Rebelais, Sommerset Maugham, Luis Martín-Santos, Pío Baroja o Lobo Antunes fueron médicos, como yo -, y será recordado sin embargo por su aportación literaria. El valor artístico no lo dan las ganancias, en cuyo caso Corín Tellado sería mil veces más escritora que Gil de Biedma. Aplicado a la música, creo que hay que valorar a los músicos de oficio sin denostar una dedicación a tiempo parcial que, además, te permite un completo control sobre tu obra, cuyo ritmo de producción lo marcas tú y solo tú. La profesionalización puede ser, indudablemente, un valor, pero no debe ser el único.

¿Va en serio que lo dejáis después de todo esto o es una broma de mal gusto al estilo LCD Soundsystem?

Dejamos Hazte Lapón definitivamente, sí, pero Saray y yo tenemos planes de seguir vivos. Mi idea es no volver a publicar nada bajo este nombre, aunque si nos reivindican durante una década entera, quizá podamos hacer una gira de reunión dentro de 10 años, quién sabe.

¿Qué crees que opinará vuestro hijo cuando escuche estas canciones dentro de 15 años? ¿Te lo has planteado alguna vez?

Me lo he planteado. Soy incapaz de imaginarlo. Seguramente, de inicio no le gustarán, pero pienso que, si lo desea, algún día podrá saber un poco más de mí a través de ellas.

 

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