Harry Allen – Moonlight en el Jimmy Glass

El brillo de la luna auguraba una noche de buen jazz en el Jimmy Glass. Actúa Harry Allen, saxo tenor con una esmerada dedicación a los sonidos del jazz mainstream. Escuchar a Harry Allen es tener de nuevo a un grande a lo Ben Webster, Coleman Hawkins o Lester Young.

Harry Allen nació en Washington D. C. en una familia donde tuvo la fortuna, desde bien pequeño, de rodearse de un magnífico entorno musical. Es hijo del batería de big band, Maurice Allen. Harry se inició con el acordeón para luego cambiar al saxo tenor. Ha investigado, pero siempre se ha mantenido fiel a los sonidos mainstream y a la bossa nova.

Tiene más de sesenta CDs grabados, muchos de ellos son tributos a Benny Goodman, Duke Ellington (For George, Cole and Duke, grabado en 2015 —es una delicia todo el disco, pero Happy Reunion es una grabación sublime—), Cole Porter, Billy Strayhorn, Count Basie y Mancini, sin olvidar el CD dedicado a Nueva York, Autumn in New York, Broadway Melody y la versión de New York State of Mind de Billy Joel.

En la noche del miércoles vino acompañado al piano por Gerard Nieto, al contrabajo Ignasi González y Xavi Hinojosa en la batería. Iban elegantes, como su música; cada uno de ellos brilló por igual. Hubo un gran respeto en el Jimmy escuchando a estos grandes de la escena jazzística actual. En muchos de los standards con los que hicieron gala de su pasión y técnica, me recordaron al trío de Oscar Peterson con el saxo tenor de un grande a lo Coleman Hawkins.

Comenzaron con Love Is Just Around the Corner de Lewis E. Gensler, con un guiño de Gerard Nieto a Summertime. Continuaron con varios standards: What Is This Thing Called Love, Vivo Sonhando de Jobim, y el swing y la alegría de Splanky de Count Basie.

Únicamente interpretó una pieza propia: The Unexpected Kiss, llena de sensibilidad y de profunda sentimentalidad, que nos habla de alguien que transmite con su soplo en el saxo la profundidad de su alma.

Al terminar el primer pase, todo el mundo en el Jimmy se levantó para ovacionar a ese grande, a todos ellos. Nos regalaron un Body and Soul como bis. Un Body and Soul que, como cuenta el artista, intentó tocar, pero luego se convirtió en otra cosa en su encuentro en la casa de Ornette Coleman en Nueva York. “Fue una experiencia fascinante, pero la música tonal me resulta más gratificante.”

Dice Harry que no le gusta preparar lo que va a tocar, porque no sabe cuál será la sensación con el público o si a él le apetecerá interpretar una particular melodía; deja fluir el momento. Y en el Jimmy se debió encontrar muy a gusto para regalarnos una noche de felicidad y swing. Sí, Harry, si lo que quieres es hacer feliz a la gente con tu música, esa noche lo conseguiste.

Me voy a casa tarareando Love Is Just Around the Corner… Así es la música, en cualquier momento tienes un regalo como esta noche de luna en el Jimmy Glass.