Greg Houben.
Portada de ‘Un Belge à Rio’

Como un Tintín entrado en años pero que no ha dejado de sentir curiosidad por coyunturas ajenas a su propia cultura, el trompetista belga Greg Houben aprovechó una gira por tierras brasileñas para urdir ‘Un Belge à Rio‘ (Racasse-Studio, 2018), el título “a là Hergé” de su primer disco con canciones compuestas e interpretadas en francés. Un trabajo dónde la calidez de la trompeta y la voz del de Lieja encontraron acomodo en los estudios Compania Dos Técnicos de Copacabana, recibiendo el influjo de la excelsa pléyade de músicos que han registrado sus canciones en tan emblemático lugar: Chico Buarque, Caetano Veloso, Beth Carvalho…

Curtido en el jazz, siendo uno de los activos más importantes de la escena belga, con el inigualable Chet Baker como principal gurú y la vertiente más cool del género en el horizonte – no en vano ha colaborado en alguna ocasión con cantantes como Mélanie De Biasio -, Houben recurre a la samba y a la bossa nova para vestir a estas trece canciones con la camisa blanca de lo desprejuiciado y los pantalones holgados de la melancolía positiva. Todo un elogio al joie de vivre, que el autor refleja en la adictiva ‘Cigarrette‘, con la que abre el disco y entona una simbiosis entre sofisticación electrónica y la sensualidad del samba, digna del mejor Mathieu Boogaerts o en la discotequera ‘Animal‘, tramada con bajos pegajosos, vientos sampleados y su letra sobre la sumisión plagada de un sentido del humor cercano a lo canalla e inspirada en las particularidades del ritmo del Partido Alto.

Otros espíritus musicales recorren las notas del álbum: la delicadeza de un Vinicius De Moraes acunado por la trompeta sofisticada de ‘J’arrive aujourd’hui‘, el pulso melancólico de Cartola en ‘Rio liège‘, con su delicioso juego de voces, o, virando hacia la vertiente afrancesada del disco, el aire juguetón a lo Pascal Parisot – sin duda uno de los músicos franceses menos reivindicados del planeta – de cortes tan llamativos como ‘Anne‘ y la evocadora versión del ‘Comment te dire adieu‘ que popularizó Françoise Hardy en 1968. Un disco que gracias a la ausencia de pretensiones y a su juego de espejos entre la chanson y lo brasileño puede convertirse en un ineludible de la temporada para los que gustan de transitar por los sonidos de senderos distintos.

 

 

 

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