Gonzalo Fuster es Gran Camino. Foto: Nicolas Nova Herrera

Tras el epopéyico ejercicio sonoro que supuso la publicación de ‘El Ser Humano‘ (2018), triple EP compuesto por sendos discos registrados con músicos y productores diferentes, Gonzalo Fuster decidió aparcar el proyecto para desnudar sus canciones y presentarlas en dos grabaciones disponibles en Bandcamp (más una coqueta edición en cassette del primero) bajo el nuevo alter ego de Gran Camino. Una bifurcación que coincide con un momento vital determinado y que es a su vez, síntoma inequívoco de lo que lo que ocurre con gran parte de los creadores de este país al vislumbrar en demasiadas ocasiones la espalda de una industria musical sometida por la tendencia y el “sota, caballo,rey”. El valenciano opta por despojar su música de oropeles, vistiendo una guitarra acústica y algunos apuntes de teclado, y ofrecerla desde unos registros que parten de los rincones más íntimos (totalmente ajenos a la comercialización o a la rendición de cuentas) y que proyectan una relación de libertad total entre el que emite el mensaje y el receptor que tenga a bien hacerlo suyo.

Portada del primer disco de Gran Camino

¿Gran Camino surge como un proceso de depuración tras el festín de tu último disco como El Ser Humano?

Sí. Además de muchos años de sobreesfuerzo, este último disco, triple, en tres estudios y sin banda ha supuesto una ruptura con lo que hasta ese momento quería hacer. La vida es evolución, mi ilusión ya no es la misma, tampoco mi energía, así que de entre todas las cosas que hace un músico hoy, me quedé con la única importante para mí: componer.

Bandcamp es la única plataforma donde podemos escuchar estas canciones. ¿Crees que aquellos músicos que grababan copias privadas de sus canciones en vinilos de muy limitada tirada podrían haber obtenido algo de repercusión si hubieran accedido a estas herramientas o bien cada cual es hijo de su contexto y del signo de los tiempos?

Antes de responder a tu pregunta debo recordar que el primer disco lo editó Pequeña Criatura en cassette y que, ocasionalmente, haré ediciones artesanas muy limitadas para algunos conciertos. Además, como dices, están disponibles en bandcamp siempre en descarga gratuita.

La pregunta es difícil. Creo que no es extrapolable, que no hubieran obtenido mayor repercusión ahora con Bandcamp. Considero que hay un factor de peso en la revalorización de piezas que se convierten en culto, y es la existencia de un tangible. Aunque solo sea para revalorizar el objeto gracias a unas élites con un profundo conocimiento y que, además, pueden pagar altas cantidades por la rareza del mismo. Eso le va creando un halo que genera notoriedad e interés, levantando mucha curiosidad y, con el tiempo, al aparecer en digital todo lo que se ha leído o escuchado de ese disco se tiene a un clic. Ese carácter exquisito y exclusivo que se le ha inferido influye en la repercusión posterior. Realmente el disco era igual de bueno hace 35 años que ahora. ¿Conoces a Jandek? Supongo que nadie lo conocería si hubiera aparecido en la era Bandcamp. Estaría enterrado entre otros muchos ceros y unos.

Esto ha cambiado en los últimos 20 años y ese valor que en lo digital desaparece marca la diferencia. Resumiendo, no creo que pase ahora.

Portada del segundo disco de Gran Camino

Es curioso porque en muchos de estos casos, la mayoría rescatados por discográficas especializadas en recuperar a músicos ignotos del pasado, han tenido una repercusión relevante en nuestra contemporaneidad. Estoy pensando en Sibylle Baier, Vashti Bunyan o más recientemente Jack Adkins… Sabiendo que, a priori, las canciones de Gran Camino están acotadas a un público restringido (amigos, seguidores, curiosos…) ¿Has fantaseado alguna vez con despertar la curiosidad de gourmets y rastreadores de sonidos de tiempos futuros?

No, la verdad, es altamente improbable puesto que con lo explicado arriba de “lo digital contra lo físico” se pierde ese posible halo. Y en mi caso publico en Bandcamp en descarga gratuita, aunque Pequeña Criatura saque unas cintas especialmente atractivas.

Por el tema cintas me viene a la cabeza Daniel Johnston también, que tiene la suerte de vivirlo en presente, aunque no sé si será consciente de ello por su estado mental. Pero sus canciones son tan enormes…

Sí que he fantaseado con ser versioneado, eso me colma de orgullo porque mi fuerte no es la interpretación. Ya lo hizo Lanuca en 2014 o 2015 con una canción de El Ser Humano y la sensación es única, estoy agradecidísimo.

Sea como sea, voy a seguir grabando cómo y cuándo me apetezca sin esperar a que suceda nada. Haberme liberado de todo lo que no sea componer, tocar y grabar por y para mí me ha supuesto un enorme autoregalo. Paradójicamente, lo que me está pasando con Gran Camino es que, sin hoja promocional, ni bio, por supuesto sin agencias ni manager, sin promocionar nada, sin ningún tipo de expectativas ni comunicación más allá de unos pocos posts en redes sociales y un email, las escuchas del bandcamp han superado en mucho el total de las de El Ser Humano. ¡Igual son bots rusos!

Gonzalo Fuster. Foto: Sara Ledesma Gascó

¿En el caso de Gran Camino hacer algo tan desnudo y doméstico responde a una necesidad estética o es un desaire inconsciente al agreste mundo discográfico de hoy en día?

Es una liberación, una necesidad estética. Si me tengo que quedar con algo es con el placer que me supone componer canciones, escribir, darles forma, crear algo que poco antes no existía. 

Eliminé todo lo superfluo, algunas cosas incluso doliéndome, por ejemplo, dejar de tocar con Dani Odisseu, pero con mis circunstancias personales ésta era la solución. Y he acertado.

Sin pretenderlo, también es un desaire, aunque lo de dar la espalda a la industria discográfica lo llevo haciendo ya una buena temporada. Es más, elegí cavar mi propia tumba cuando repartí maletines con billetes de Monopoly a periodistas pidiendo que pincharan mi disco en Radio 3, MondoSonoro y otros.

Hablemos de las canciones. En el caso de ‘Mar’ te versionas a ti mismo utilizando un alter ego distinto. ¿No es una maniobra un poco extraña?

Esto es lo realmente importante, las canciones. Es una canción de la que me siento muy orgulloso y grabarla en directo tenía un gran aliciente, por ponerme a prueba vocalmente, ya que es una canción muy exigente. Son estados, fotografías de mi vida. La muerte está presente en mi vida, más aún desde que tengo hijos.

Aunque no sea mi objetivo, más gente ha escuchado ‘Mar‘ en la versión de Gran Camino que en la de El Ser Humano, si hablamos de medios digitales. Y eso que la producción de Román Gil es soberbia en la de El Ser Humano.

También versionas a otro músico en el segundo de los discos, con ‘He cruzado el río’ (en el original ‘He creuat el riu‘, clásico lisérgico del repertorio de Isaac Ulam. ¿Qué llamó tu atención de esta canción?

Descubrí este disco y me fascinó. Es vibrante, sincero y único. Fue un descubrimiento y puedo decir que se ha convertido en uno de mis discos de cabecera de los últimos años. Me sentía en deuda con aquel tal Isaac Ulam (que espero conocer personalmente algún día). Posteriormente me enteré que lo produjo Román Gil, al que admiro mucho y quien produjo el segundo EP de El Ser Humano.

Hubo una temporada que tocaba a diario ‘Espurna de llum‘ y ‘He creuat el riu‘. Son dos canciones soberbias, al ir haciéndolas mías vi que con la segunda me sentía muy cómodo, así que escribí a Isaac y le pedí permiso para adaptar la letra al castellano y tocarla. Fue muy amable conmigo y me animó a ello. 

No es muy común versionear canciones coetáneas y de autores no consolidados. A mí me parece un reconocimiento necesario y una muestra de admiración. Ona Nua, por ejemplo, lo hace continua y maravillosamente.

El sonido es crudo y directo, como no podría ser de otra forma. Algunos apuntes de teclado visten la preminencia de la guitarra acústica. ¿Has grabado estas canciones en alguna condiciones particulares (momento del día, lugar de tu casa) para mantener algún tipo de clima uniforme?

En directo en casa, apagando la nevera y cerrando todas las ventanas para que no se colara ni un sonido de la calle. Ambos discos los grabé solo en casa, en el comedor, con la gata merodeando a mi alrededor, descalzo, sin púa y con luz natural. No mantuve las condiciones estables, cambié la disposición de los micros de uno a otro y supongo que probaré otra cosa nueva cuando grabe el tercero. Huelga decir que nunca antes me había grabado a mí mismo, ni colocado micros… Es algo totalmente nuevo para mí y el proceso de aprendizaje me motiva especialmente.

Sí que me puse unas premisas: Grabar yo solo de una sola toma y sin correcciones. Es decir, como en los 50, si me equivocaba o no me gustaba algo durante la interpretación, paraba la grabación y repetía desde el principio. Hubo algunas que está grabada la segunda toma y otras que es la vigésima segunda. Esto me encantó cumplirlo. Respecto al teclado pensé pedir a alguien que viniera a casa a grabarlo también en directo, pero era una molestia de horarios y tiempo para quien se lo pidiera y decidí hacer yo el overdub.

¿Estas canciones responden a algún momento vital concreto?. Suenan muy introspectivas, como reflexiones ante el espejo…

Sí, concretamente eso son. Tengo 42 años, amo a mi mujer con quien disfruto de dos hijos, mi vida ha cambiado mucho y para bien. Soy más feliz y más consciente de todo, de lo bueno y de lo malo, de lo propio y de lo ajeno. 

He dejado de escribir pensando que me pueden escuchar, puede parecer una contradicción y no lo es. Si fueras invisible, ¿te vestirías o irías desnudo?

Ahora me da rubor cantar algunas de mis canciones ante público. Pero el ejercicio es éste. Una de las canciones del segundo disco define todo esto que te cuento: “Ahora es hoy, lo que vivo es lo que soy“. Pues eso. Hablo de mí y es para mí.

Algunas canciones me recuerdan a las del disco ‘Sea Change‘ de Beck aunque sin el andamiaje que sostenía la austeridad del norteamericano. ¿Has tenido algún referente concreto para enfrentarte a estas canciones?

Es un halago enorme, gracias, es uno de mis discos favoritos, me ha acompañado durante muchos años. ¡Aunque te has pasado tres pueblos!

Y precisamente me lo regaló mi mujer en vinilo este año, qué casualidad…

Lo bueno de este formato es que todos los músicos hemos pasado por él y, aunque no lo parezca, exige mucho más que cuando vas arropado por una banda. Supongo e intuyo que en mi poso estaban Joan Manuel Serrat, Will Oldham, Daniel Johnston, Caetano Veloso… pero no conscientemente.

¿Gran Camino implica el fin de El Ser Humano?

Muy probablemente. No sé qué pasará, ahora mismo lo último que me apetece es volver a ello y lo único que echo de menos es disfrutar de Dani Odisseu. Por suerte, nos tomamos cervezas cuando queremos.

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