Elvis Perkins.

Si nos ceñimos a su bagaje biográfico – como muchos ya saben, hijo del actor Anthony Perkins y de la fotógrafa Berry Berenson, ambos fallecidos en trágicas circunstancias – y a su curiosa actitud hacia la industria de la música, reflejada en una trayectoria irregular, trufada de lagunas temporales y giros insospechados, Elvis Perkins parece distar del perfil del artista atormentado que pelea con su música para intentar menguar la sombra de los fantasmas del pasado. Incluso podríamos decir que se trata de un tipo afable, con tendencia a la distensión y que se muestra ciertamente comprometido con el asunto de componer canciones y que intenta evitar el estancamiento que podría devenir al moverse en los márgenes de unos géneros tan ceñidos a determinados parámetros como el folk-rock o el country alternativo norteamericano. Tal es así que no duda en bromear cuando se le comenta que gran parte de su cancionero parece invocar el concepto de un refugio ideal, con canciones que parecen cantadas por un Art Garfunkel contemporáneo que le pone música a poemas en el contexto de un atardecer californiano: “No estoy seguro de poder pensar en un hombre al que me parezca menos que a Art Garfunkel, y ni una sola vez, ni mucho menos, me han dicho algo parecido. Además de eso, y por lo que sé, él nunca escribió una canción. Así que supongo que no tengo más remedio que decir: no, no creo que me parezca a un Art Garfunkel contemporáneo que le pone música a poemas en el contexto de un atardecer californiano”. Bromea entre exclamaciones, pese a que en la entrada que refiere a su persona en Wikipedia se menciona que Simon & Garfunkel fueron cruciales en su iniciática formación musical.

Portada de ‘I Aubade’

El recorrido discográfico de Elvis Perkins tiene como punto de partida el LP ‘Ash Wednesday (2007), registrado cuando ya había alcanzado la treintena, una edad con la que muchos músicos de su generación, como por ejemplo M.WardWilliam Elliot Whitmore o Eef Barzelay ya acreditaban haber grabado varios discos largos. Un arrojo tardío que el protagonista de esta entrevista ha compaginado con un envite discográfico poco usual: un segundo disco que data de 2009, ‘Elvis Perkins in Dearland‘ (que sirvió también para bautizar a la banda que le acompañay un tercero y último fechado en 2015 ‘I Aubade, que combinó con la publicación del score de la película de terror ‘The Blackcoat´s daughter‘ (en España sonrojantemente titulada ‘La Enviada del Mal‘),  dirigida ese mismo año por su hermano mayor Oz Perkins (también actor como su padre y que tuvo un pequeño papel en ‘Psicosis II’), con el que ha repetido en un par de ocasiones, adelantando, a su vez, que tiene previsto publicar un cuarto disco próximamente: “Hice esa banda sonora y otras para las dos películas recientes de mi hermano, Oz (entre ellas la de la película para NetflixI Am the Pretty Thing That Lives in the House‘)y ya casi he terminado con mi próximo álbum de canciones. Eso saldrá el año que viene”, explica.

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En sus canciones, a pesar del acercamiento al folk y al country más clásico, ha ido modificando progresivamente su paleta de sonidos, intentando recrear un clima particular que cristalizó en un disco como ‘I Aubade‘, que evocaba un ambiente más europeo que norteamericano, premeditadamente más esquivo y extraño que el folk enraizado de sus comienzos. Quizás el caldo de cultivo crucial para dar forma a canciones tan cinematográficas como ‘Rose dream‘ (de The Blackcoat´s daughter).“Cuando empecé con la tarea de hacer esa banda sonora, definitivamente tuve la suerte de haber podido grabar ‘I Aubade’ con relativa anterioridad. No me considero un técnico o un ingeniero, pero ambas grabaciones se yuxtapusieron a través de una gran cantidad de experimentaciones y accidentes felices (o infelices, como en el caso de la música de películas de terror)”, asevera. Un trabajo para nada menor en el haber de Elvis Perkins. Buena prueba de ello es la curiosa edición en vinilo que fue publicada 2017. “Ese vinilo fue lanzado por el sello Death Waltz y en una edición numerada de 666 copias. La portada son dos fotografías superpuestas en blanco y negro que mi hermano tomó de los actores principales de la película. Pensé que sería una imagen elegante y caprichosa para la música”, observa.

Portada de ‘The Blackcoat´s Daughter’

Una exquisita publicación, pese a su corte decididamente terrorífico, que coincidió en 2017 con la gira que celebraba por el décimo aniversario de ‘Ash Wednesday‘, disco con el que debutó y obtuvo una aclamación generalizada, hasta el punto de ser considerado una especie de Bob Dylan del nuevo milenio. De hecho podríamos pensar que ese álbum es lo más relevante, artísticamente hablando, que ha hecho en su carrera. Elvis Perkins disiente: “Si tuviera que considerar una cosa más relevante que otra, diría que podría ser un single que publiqué el año pasado llamado ‘There Go the Nightmericans‘. Esa canción trata sobre la pesadilla actual de la política estadounidense y tiene en su núcleo una meditación guiada (“Come listener with me, on a light meditation. Close your eyes to see great wings”) para que el oyente visualice una restauración de, al menos, cierta apariencia de cordura, inteligencia y moralidad en el Despacho Oval”. Toda un diatriba anti-Trump que a bien seguro incluirá en el repertorio de los conciertos que va a celebrar en España durante varias fechas de este Noviembre. “Tocaremos temas de todos mis discos y también canciones inéditas”, adelanta.

Elvis Perkins.

A vueltas con el anecdotario biográfico que se le presume rico y enjundioso, al tratarse de alguien criado en un entorno familiar de relevante lustre artístico, Elvis Perkins ya ha comentado en alguna otra ocasión como Prescott Niles (quien fuera bajista de The Knack) le enseñó sus primeros acordes de guitarra.

Pero no se vayan todavía que aún hay más: “Prescott Niles fue el maestro de guitarra, piano, bajo y batería de muchos de mis amigos y me impartió sus lecciones durante largo tiempo. Después de eso, estudié con otro profesor de guitarra y un personaje relevante del mundo de la cultura, el hermano del batería de la banda de hair metal Warrant”, observa en tono jocoso. Una formación musical fijada por el rock and roll clásico que en su madurez ha ido sofisticando hasta el punto de introducir instrumentos exóticos como el sitar, esencial para ensanchar el aire onírico que sobrevuela en las canciones de ‘I Aubade‘, aunque Elvis Perkins incide en que se trata de algo puntual y que no parte de un interés repentino por la musicología o la antropología musical. “No creo que esté empezando a sentir una necesidad de tender hacia esa dirección. De hecho, reconozco no escuchar suficiente música folk contemporánea para realmente tener una gran opinión sobre el asunto”, admite.

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En contraposición, asegura tener un interés cada vez más agudizado sobre como la tecnología puede influir en su proceso creativo, aunque con matices: “A menudo me gustaría lanzar mi teléfono al río Hudson, que está a un corto paseo de mi casa. Pero eso no sería algo demasiado correcto para hacer en el río, así que continúo llenándolo con ideas musicales y notas líricas. Esa práctica para mí, creo que más que nada empuja a completar una idea que cristalizará en el futuro. En poco tiempo, una sola idea de canción podría tener como diez notas de voz que, indistintamente, se etiquetaron o no, con lo que suele implicar un arduo trabajo de organización. En el otro lado de las cosas, aprendí a trabajar con Protools cuando estábamos trabajando en ‘Elvis in Dearland’ y eso me permitió hacer ‘I Aubade‘ y las bandas sonoras, así que todo es un arma de doble filo. Recientemente he estado experimentando con el Spire de iZotope. Se trata de una tecnología muy inteligente que está produciendo algunos resultados óptimos”.

Eso sí, lo que apenas ha cambiado desde que Perkins decidió emprender su carrera artística en solitario, es su poco prolífica producción, alejada del hacer de gran parte de sus contemporáneos, que espoleados por las herramientas digitales suelen ser más proclives a publicar y publicar sin apenas filtros. El autor de ‘While you were sleeping‘ entra al trapo con la broma recurrente de la conversación, haciendo gala de un humor con pequeñas dosis de sana mala leche: “Se podría decir que soy el Art Garfunkel de la era actual, solo escribo y publico unas cuantas canciones más de las que él hizo o hace (ríe). Siempre tengo la intención de publicar con mayor regularidad y más libertad. Suele llevarme mucho tiempo discernir si una pieza de música vale la pena en la manera que terminará irrumpiendo en los hogares, los coches y las cabezas de extraños al momento de su publicación. Me parece que siempre hay un argumento lo bastante bueno para hacer las cosas con mayor paz y tranquilidad”.

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