El Palacio de Linares: “Gustamos a poca gente, pero gustamos mucho”

El Palacio de Linares.

Casi tres años han pasado desde la publicación de ‘Ataque de amor’ (Pretty Olivia Records, 2016) un pequeño hito del pop en castellano que puso en órbita a parte de la nueva formación de El Palacio de Linares, la que actualmente componen Raúl Bernarte (música y voz), Carlos Madrid (guitarra), Javier Lorente (bajo) y el miembro más veterano de la banda, Gonzalo Marcos (letras y batería). Un proyecto en el que diversos músicos – a excepción del ya mencionado Gonzalo con quien charlamos en esta entrevista – han ido yendo y viniendo con el paso de los años y los discos, como si de una banda de jazz improvisado se tratara, alcanzando un estado de jam superior en su último trabajo de estudio, ‘Largos agotadores‘ (Pretty Olivia Records, 2019). Un conciso y brillante tratado de pop independiente facturado con mimbres ya escuchados (de The Feelies a Television Personalities, pasando por el soleado jangle minimalista de Tony Molina), pero que con canciones que hablan de Vashti Bunyan y Robert Forster, las montañas asturianas, los Dexy’s, Ana Rosa Quintana o el dolce fare niente estival, afianza un estilo tan particular e inspirado como aquellos cien metros libres con los que Mark Spitz triunfaba en las piscinas olímpicas sin apenas despeinarse. 

Puede resultar extraño a estas alturas pero es conveniente hacer saber que el Palacio de Linares es una banda con todas las letras, no sólo un proyecto de Gonzalo Marcos.

Ahora mismo sí, si consideramos por banda a un conjunto de personas que graban un disco juntos y luego intentan dar algún concierto. Pero es cierto que no ensayamos apenas ni actuamos como tal. En realidad, “El Palacio” es un ente que existe por tozudez mía, y creo que ya será mi firma ante lo que vaya haciendo, si es que sigo haciendo cosas. La otra realidad es que ahora ya no me imagino al “Palacio” sin Raúl, que verdaderamente es el que pone el talento como en anteriores etapas lo hicieron Clara (Collantes en ‘iemedebe (2014)) o, sobre todo, Ángel (Román en ‘Himalaya‘ (2012), La casa es negra‘ (2013) o ‘La espalda de un perro‘ (2014)).  Digamos que yo soy algo así como el showrunner de las series americanas, pero luego hay otras personas ejecutando. 

Aún así, con sus idas y venidas, ¿se trata de un grupo mutante que por fin ha conseguido la estabilidad?

Ojalá, pero no. Ahora Javi, el bajista, se marcha un año fuera y podrá tocar muy poco con nosotros. Y el resto siempre estamos muy liados con nuestras vidas, y a saber. De todas formas, para lo que hacemos tampoco se necesita demasiada estabilidad: yo le paso letras a Raúl y él me devuelve esbozos de canciones. Luego ya en el estudio hago yo un poco de director de orquesta y doy un poco de brillo a esos esbozos, pero rara es la vez que el resultado se aleja sustancialmente de lo que crea Raúl en la tranquilidad de su casa.

Supongo que esto hace que el proyecto tenga más entidad, se piensen más cómo van a ser las canciones, el concepto de un disco… ¿Estáis en el punto al dente?

Igual que antes decía que sin Raúl esto tendría menos sentido, esta etapa del grupo no se entiende sin Yon, productor de los dos LPs. Desde que voy escuchando las ideas de Raúl, me voy imaginando cómo deberían de sonar las canciones en el disco, y le intento transmitir a Yon todo ello. En el tiempo total que pasamos grabando sólo estamos Yon y yo, el resto del grupo va entrando y saliendo, aportando sus historias, su manera de tocar y su visión de las canciones. 

La diferencia principal entre este disco y los anteriores es que aquí he estado encima de cada nota que se ha tocado, con un concepto sonoro muy claro. Me suelen gustar los discos muy homogéneos, cortos, sin cambios bruscos entre canciones, y así ha salido este.

Has llegado a comentar que “la segunda canción de un disco es siempre la más importante”. En ‘Ciervo y erizo’ hay mucho énfasis emocional subrayado por las cuerdas a lo Jim McGuinn y el juego colorido de los teclados, ¿no?

Ciervo y erizo’ es la primera canción que hicimos en esta nueva etapa, poco después de terminar ‘Ataque de amor’. Y aunque el disco no se hizo pensando en una temática concreta, sí concentra un poco la esencia de este disco: en este mundo deshumanizado, completamente desquiciado, en esta carrera hacia el agotamiento del planeta, de los cariños, de la salud, pues al menos disfrutemos de darnos algún baño en algún río, de cruzarnos con algún animalillo por el bosque o  de tomarnos un helado. Musicalmente me encanta cómo está resuelta, el teclado de Yon es una barbaridad, y el jangleo de Carlos me vuelve loco.

El agua y sus circunstancias definen en cierta manera los derroteros de ‘Largos agotadores’. ¿Las canciones son narradas por una suerte de Ned Merrill  (protagonista de El Nadador) contemporáneo?

Lo del agua ha salido así, sin premeditación. Esto es pop y las letras las escribo del tirón y en menos de cinco minutos. Si les dedico más tiempo empiezo a cambiar cosas y, en mi caso, pierde toda la gracia. Lo de Burt Lancaster (por la película) nadando en piscinas ajenas me parece estupendo, de hecho, fantaseo habitualmente con colarme en piscinas de hoteles suntuosos. 

¿Yon Vidaur es el quinto “Palacio”?

Sí y no. Sí, por todo lo que te he contado antes. No, porque al final Yon se dedica a esto y cobra por sus (magníficos) servicios.

El disco puede funcionar como concepto: tonadas sobre la extrañeza, los sinsabores emocionales de la edad adulta… pero también como colección de homenajes (conscientes e inconscientes) a vuestros héroes. Por ahí pululan Morrisey, Television Personalities,The Feelies, Grant McLennan, Robert Forster (e incluso existe una playlist con las influencias del disco)… ¿Buscabais un equilibrio entre gusto y personalidad?

Ese es un reto para cualquiera que escriba letras. Me suelen aburrir las letras plagadas de referencias gratuitas, al igual que lo hacen los autores muy metidos en sí mismos. 

La portada define el disco de una manera muy interesante. A la par que ilustra, juega con el fuera de campo a través de las sombras. ¿De dónde sale?

Tenía muy clara la temática piscinas, que es algo que ya se ha hecho (como casi todo) en centenas de discos antes. Con esto, me puse a indagar por la red y di con una ilustradora australiana que encajaba a nivel visual con la idea del Palacio: Kate Peebles. 

Le escribí, le conté quiénes éramos y le mandé ‘El estilo‘ (sexto corte del disco). Con esto ella se encargó de todo, sin injerencias nuestras. Hay gente que me comenta que es una portada que les transmite paz, tranquilidad, verano y eso. A mí, que soy un agonías, me inquieta terriblemente y las sombras me anticipan un desenlace fatal.

Da la impresión de que habéis disfrutado mucho del proceso de grabación. Subrayando hallazgos (unos fraseos de guitarra por aquí, unos teclados por allá) en cada una de las canciones. 

Sí, y por primera vez. No tengo ni idea de música, ni de grabaciones, pero a lo tonto he estado ya en unas cuantas. Nos plantamos, como siempre, en la grabación sin ensayos previos, con muy poco tiempo de estudio. Y para que salga algo medio decente la experiencia ayuda bastante. Y, esto es bastante importante, nos conocemos ya mejor Raúl, Yon y yo. Y Carlos y Javi son dos músicos excelentes, que lo ponen todo muy fácil.

He escrutado cierto culto alrededor de El Palacio de Linares y la acogida de este nuevo material ha sido realmente calurosa. Supongo que es de lo más gratificante, a sabiendas de que vuestra música no suele casar con la tendencia o el estandar festivalero. ¿No?

Sí, es cierto. Gustamos a poca gente, pero gustamos mucho. Yo lo prefiero así, tenemos una relación bonita con esta gente, y en los festivales es que no aportaríamos nada. Ni ellos a nosotros, vaya, que a mí salir me gusta tirando a poco.