A Leon Michels le gustan los conceptos con doble fondo. No va al guiño fácil ni a la postal retro: prefiere la idea lateral que ordena el disco sin convertirlo en ejercicio escolar. 24 Hr Sports entra justo ahí y se suma con naturalidad a una trayectoria que ya va sobrada de pequeñas obsesiones bien amarradas: Sounding Out the City (2005) y su biblioteca de atmósferas; los homenajes a Wu-Tang Clan (Enter the 37th Chamber, 2009; Return to the 37th Chamber, 2017); la serie autoral (y erótico-festiva) de Adult Themes (2020) y Yeti Season (2021); y el golpe de mano junto a Black Thought en Glorious Game (2023). Concepto sí, pero siempre al servicio del pulso.
Un repaso breve: Michels salió de The Mighty Imperials, fogueó oficio con Sharon Jones & The Dap-Kings, cofundó Truth & Soul y Big Crown, y levantó un sonido propio con reglas claras: pocas pistas, cinta, aire de sala y arreglo que empuja la canción en lugar de exhibir músculo. Ha producido a Norah Jones y Clairo, ha orbitado Menahan Street Band y The Arcs, y mantiene una conversación continua con el hip-hop sin necesidad de colgarse la medalla.
El punto de partida de 24 Hr Sports es una mezcla curiosa y efectiva: la estética de la prensa deportiva de los 80/90 (color frontal, tipografías que parecían gritar desde el quiosco), el espíritu de los beat tapes de MF DOOM y una veta espiritual con aroma a coro góspel. Podría haber quedado en chascarrillo de carátula; acaba siendo una forma de escuchar. La idea del “torneo” está en cómo se ordena la secuencia: calentamiento, partidos duros (¿homenaje a Bordalás?), respiro táctico, vuelta de honor.
En lo sonoro, el territorio es soul con denominación clara, pero las fronteras están abiertas: jazz setentero en los vientos, funk elástico, psicodelia de bordes suaves y un pulso hip-hop que Michels domina a base de textura y ritmo. La batería suena con grano, el bajo manda, los teclados pintan luz y sombra; nada sobra, nada falta.
El arranque con “Drumline” es una arenga breve. “Mágica” sube la temperatura con Rogê y sabor brasileño que mira al estadio sin perder calle. “Say Goodbye” con Florence Adooniengancha por melodía y cruce de inglés y Frafra; “Oakley’s Car Wash” (con Dave Guy) es funk de válvula con un remate dub que levanta cejas. “Anticipate” trae la voz de Clairo flotando con intención, encajada en un arreglo que deja espacio y, aun así, empuja.
El centro del disco es donde Michels se permite las travesuras que le sientan tan bien. “Eastside” baja pulsaciones y abre cine panorámico; “Clean The Line” invita a un coro infantil japonés sin postal exótica; “Cortex” endurece guitarras y crea uno de esos momentos que te reubican; “Shining” le pone a él mismo al micro, cercano y sin artificio. “Indifference”, con Shintaro Sakamoto, baila entre recitado y canto sobre un bajo juguetón; “Carry Me Away” recupera la química con Norah Jones en una pieza melódica que entra sola.
El tramo final afila el concepto. “Take My Hand” pone el góspel en primer plano y convoca la sombra luminosa de Rahsaan Roland Kirk; “Open Season” es medio tiempo con piano y coro que pide levantar la copa; “Victory Lap” cierra como debe: satisfacción, euforia contenida y sensación de equipo que ha jugado de memoria.
La producción es marca de la casa: economía de medios, decisiones claras, reverbs con carácter y mezcla que favorece la conversación batería-bajo. Cuando aparece la electrónica, reina la herramienta, no el escaparate. Los metales —esa trompeta de Dave Guy— frasean más que alardean; los teclados y guitarras sostienen, colorean… Paradójicamente, aquí no compiten.
Resultado: un álbum que trabaja con referencias reconocibles sin vivir de ellas. Michels confirma que puede ampliar su repertorio y las voces invitadas sin diluir identidad. 24 Hr Sports es soul de hoy con memoria larga, groove que aguanta escuchas y un concepto que organiza sin encorsetar. Si la portada sugiere trofeo, el contenido lo justifica: disco de estantería frontal, de los que vuelven al plato con facilidad. En la liga del soul contemporáneo, Leon Michels no solo juega competiciones europeas; aquí disputa —y gana— su propio campeonato.


