“War! What is it good for? Absolutely nothing!” Un estribillo que ha retumbado a lo largo de generaciones, una descarga de furia en tres minutos de puro soul combativo. Pero para Edwin Star, el hombre detrás del rugido, fue mucho más que su himno contra la guerra de Vietnam. Cantante de voz arrolladora, showman incansable y artista que nunca dejó de moverse al ritmo de su propio redoble de tambor. En esta entrega de Operación Rescate, desempolvamos la historia de un titán del soul, un guerrero del funk, un héroe de la pista de baile.
Nació como Charles Edwin Hatcher el 21 de enero de 1942 en Nashville, Tennessee, pero creció en Cleveland, Ohio, donde la música lo atrapó desde joven. Mientras el country dominaba su ciudad natal, él se inclinó por el R&B y encontró su vocación en la voz. Su primera incursión en la música vino con The Future Tones, un grupo pionero que no solo cantaba, sino que tenía su propia banda, algo poco común en la escena vocal de la época.
Para 1959, The Future Tones logró un contrato con Tress Records y lanzó su primer sencillo, I Know / Rolling On. Pero el destino tenía otros planes. Tras un período en el ejército (porque incluso las estrellas tenían que hacer el servicio, sino que se lo digan a Elvis), Edwin regresó con más determinación que nunca. Se unió a la banda de Bill Doggett, quien, con visión profética, le sugirió que adoptara el nombre de “Starr” porque, algún día, sería una estrella.
En los 60, Starr aterrizó en Detroit, la capital del motor y del soul. Se unió al sello Ric-Tic Records, donde marcó el ritmo del Northern Soul con éxitos como Agent 00 Soul, S.O.S. (Stop Her On Sight) y Headline News. Su voz áspera y poderosa le distinguía de sus contemporáneos, y cuando Motown absorbió Ric-Tic en 1968, Starr no solo sobrevivió a la fusión, sino que prosperó. Fue en 1969 cuando su carrera realmente despegó con 25 Miles, un éxito que le dio su primer gran reconocimiento. Pero el gran golpe llegó un año después, cuando Norman Whitfield—productor estrella de Motown—decidió que Starr era el hombre adecuado para interpretar una nueva versión de una canción originalmente grabada por The Temptations: War.
Si bien Motown era famosa por su pulida elegancia, War era todo lo contrario: cruda, directa y explosiva. Su furia rítmica y su mensaje antibelicista la convirtieron en un himno instantáneo en 1970, llegando al número uno en las listas de Billboard. Starr, con su rugido desafiante, transformó la canción en un testimonio eterno de la lucha contra la guerra. Pero Motown no fue un hogar para siempre. Starr, que nunca se sintió cómodo dentro del sistema corporativo de Berry Gordy, pronto emprendió vuelo.
A mediados de los 70, Starr dejó Motown y encontró su segundo refugio vital en Inglaterra. En una década donde el soul cedía espacio al funk y la música disco, Starr se reinventó con éxitos como Happy Radio, (Eye to Eye) Contact y Get Up Whirlpool. Mientras en EE.UU. la industria empezaba a olvidar a sus héroes del soul, en el Reino Unido y Europa, Starr se convirtió en una figura de culto.
Su influencia no se detuvo. En los años 90, su música resonó en la cultura rave gracias a colaboraciones con artistas electrónicos como Utah Saints (Funky Music (Sho Nuff Turns Me On)) y Three Amigos (25 Miles). En 1999, incluso compartió escenario con Bruce Springsteen, interpretando War juntos en Birmingham, como si el tiempo no hubiera pasado. Hasta sus últimos días, Starr siguió actuando, grabando y viviendo en Inglaterra, donde falleció el 2 de abril de 2003 en Bramcote, Nottinghamshire.
Si algo definió a Edwin Starr, más allá de su voz colosal y su capacidad de reinventarse, fue su conexión con el público. Era un showman nato, un hombre que sudaba cada nota en el escenario y que nunca perdió su amor por la música.
Su epitafio lo dice todo:
“CHARLES EDWIN HATCHER…OUR AGENT 00 SOUL…EDWIN STARR…..KEEP THE FAITH…..ALWAYS LOVED, NEVER FORGOTTEN.”
Hoy, sus canciones siguen sonando, ya sea en las pistas de baile del Northern Soul, en los compilados de Motown o en algún DJ set nostálgico comisariado por los Gilles Petersons de todos los rincones del mundo. Edwin Starr no fue solo una estrella fugaz en la historia del soul; fue un meteorito que dejó un cráter imborrable en la música popular. Ahora que beligerantes compulsivos mandan ejércitos a las fronteras en su primer día de mandato o hay Estados que invaden o aniquilan a otros sin piedad, es momento de preguntarse “War! What is it good for?”. Y la voz de Edwin Starr sigue siendo la respuesta más contundente.


