A estas alturas de la vida, Eddie Chacon podría estar tranquilamente en una playa, vestido de lino blanco, mirando el horizonte sin más preocupación que la brisa que acaricia su cabello canoso. En cambio, sigue haciendo música, pero a su manera: con una elegancia atemporal, con el tempo de quien ya no tiene nada que demostrar. Lay Low, su tercer álbum en solitario, es puro soul nocturno, una conversación a media voz sobre el amor, la pérdida y la fragilidad de las cosas. Si su carrera con Charles & Eddie en los 90 fue la versión diurna del R&B, lo que ha hecho desde Pleasure, Joy and Happiness (2020) es su lado crepuscular, un soul que flota en la penumbra y no tiene prisa por llegar a puerto.
No es casualidad que el álbum tenga una identidad tan definida. Aparte de su faceta como músico, Chacon ha trabajado como productor y fotógrafo, un ojo entrenado para la estética que se traduce en discos donde cada sonido y cada imagen parecen haber sido cuidadosamente esculpidos. Su trabajo con Nick Hakim refuerza esa obsesión por los detalles: la producción minimalista, la textura de los sintetizadores, los silencios que dicen tanto como las notas… libro de estilo que fermenta en canciones tan enigmáticas como Let the devil in. No hay nada fuera de lugar en Lay Low, pero tampoco nada que suene premeditado. La música fluye con una naturalidad casi cinematográfica, como una secuencia en cámara lenta donde todo está perfectamente encuadrado sin que se note la mano del director.
Desde la canción que da título al disco, Chacon se instala en un estado de reflexión flotante. La influencia de Marvin Gaye está ahí, no en la grandilocuencia de What’s Going On, sino en el tono introspectivo de Here, My Dear. También hay algo de Maxwell, de ese R&B minimalista que se construye sobre silencios tanto como sobre acordes. Empire, con la participación de John Carroll Kirby, aporta un ligero pulso jazz-funk, pero incluso ahí, todo se mantiene en el plano de la sutileza.
El punto más etéreo llega con Ghosts of My Love, donde Chacon canta como si le hablara a alguien que ya no está. No hay dramatismo ni lágrimas explícitas, pero la tristeza se cuela en cada nota sostenida. Es el tipo de canción que parece diseñada para sonar en un viejo tocadiscos en mitad de la madrugada, con el volumen apenas suficiente para llenar la habitación.
Más que un género, Chacon entiende el soul como una manera de habitar la música, de abrir espacio a las cicatrices sin dejar que se conviertan en heridas abiertas. Cada canción introduce un recuerdo, un eco del amor que se va, de la ausencia que queda, de la esperanza que titila en la distancia. Pero en lugar de revolcarse en la melancolía, su voz aterciopelada parece suturar cada muesca en el alma con paciencia y ternura. En Lay Low, el soul no es solo un sonido, sino un bálsamo. Una forma de seguir adelante, incluso cuando todo lo demás se queda atrás.


