María Valencia, Eblis Álvarez, Mauricio Ramírez, César Quevedo y Alejandro Forero son Meridian Brothers. Foto: Juan Camilo Montañez

Eblis Álvarez es la cabeza visible del colectivo de músicos Meridian Brothers, que desde hace más de una década han ido delimitando uno de los corpus artísticos más fascinantes de la música pop. Aunando sonidos populares y experimentación, los colombianos expanden con su último disco, ‘¿Dónde estás María?’, las posibilidades infinitas de un cancionero libre y expresionista. Es un placer hablar con Eblis sobre diferentes temas para intentar entender mejor su fascinante cosmogonía.

Uno de los aspectos que siempre me han fascinado de los Meridian Brothers es la capacidad de crear un universo muy personal fusionando el academicismo y lo popular. ¿Cuál es tu concepción de la música popular tanto estética como ética?

Para mí casi todas las músicas tienen un origen en lo popular, incluso las más especializadas y consideradas “cultas”. Llamaría no-popular al hecho de aproximarse a una práctica tradicional desde otro punto del espacio o el tiempo ajeno al origen de esta misma práctica.

En cuanto a la estética de las músicas populares, pienso que ésta puede ser muy variable, e incluso puede cambiar radicalmente de generación a generación, por influencias de la civilización (aclaro que entiendo el leguaje de la civilización, como el periodismo y la cultura verbal; literatura, teatro, música, cine y otros afines, corriendo por las venas de las tecnologías de la comunicación), las migraciones, nuevas técnicas y otros cambios indeterminados de la cultura. Asumo estas estéticas como materia prima para ulteriores análisis y como puntos de partida para trabajos, discusiones o deleites.

La pregunta sobre la ética en la música popular es amplia. Hay derivaciones en cuanto a su explotación, protección, catalogación de diferentes grupos sociales que la utilizan, respectivos créditos a sus creadores e incluso eventuales injusticias cometidas contra sus autores, además de debates sobre qué hacer con los productos culturales en una civilización obsesionada con la propiedad privada (en otras palabras, liberal). Tengo diferentes posiciones ante estos aspectos, sin embargo me parece importante reiterar mi ubicación con respecto a quién soy espacial y temporalmente; soy consciente que me aproximo de maneras no-populares a muchos sonidos populares, lo cual hace que esta aproximación sea artificial, no natural y, por lo tanto, deformada. Si esto es éticamente aceptable o no, es una larga discusión que es posible que nos lleve en espiral a las minucias de las luchas igualitarias de los pueblos y las hegemonías que los controlan o los ufanan. Sin embargo, es imposible obviar el ojo antropológico, histórico, filosófico, y científico en el que me embarco, separando, en muchos casos, el cuerpo de la mente, condición que asumo como bloqueo para entender las músicas populares holísticamente.

¿Qué significa lo de “música folklórica inexistente”, una máxima que fue esculpiendo tu ideario musical, al menos en tus orígenes?

Retomando la pregunta anterior, dada mi ubicación en tiempo y espacio, y teniendo una curiosidad por las diferentes músicas populares desde varios ángulos, se me ocurrió acuñar este término, al no ser miembro de ningún grupo o gueto con música popular arraigada.

Este término reúne todas mis curiosidades e investigaciones sobre la música popular y también añade elementos atemporales o factores artificiales dentro de esta manera de crear música.

Eblis Álvarez

Te apropias de muchos estilos pero siempre permanece la idea de que lo haces con cierto rigor científico asumiendo cierto distanciamiento y a la vez todo fluye muy natural. ¿Cómo se consigue esto?

No estoy seguro de la naturalidad, de hecho pienso que es muy poco natural lo que hago con el sonido, tal vez ahí radica la distancia. Sin embargo, sí soy muy consciente y sistemático a la hora de abordar un estilo. Mis parámetros se ajustan con respecto a grabaciones principalmente, pero también a actitudes teatrales, gestos vocales, afinaciones de instrumentos, calidad de sonido y otros detalles como ánimo, humor, y contenido. Mi sistema consiste en tomar los diferentes parámetros, analizarlos y luego crear una versión irreal de éstos con los múltiples recursos que cuento, ya sea tocando los instrumentos, imitando estilos de grabación o interpretación, ayuda tecnológica, entre otras cosas. Con todas estos artefactos me siento en el punto cero, a componer.

¿Qué opinión te merece esta eclosión comercial de géneros latinos como el reguetón? ¿No crees que se menosprecia un tanto apresuradamente ciertos latinismos por el simple hecho de representar a realidades ajenas a la nuestra y desde una supuesta superioridad moral?

El reguetón es una de las expresiones actuales más naturales de las músicas del caribe. Es una música cuya estructura es resultado de un desarrollo generacional con más de 30 años basado en procesos naturales, en interacción con estímulos y procesos de las comunidades humanas en su contexto. Vista desde la lejanía y en superficie, podría efectivamente tomarse como una figura latina chabacana. Debo anotar que muchos estilos valiosos, al ser incorporados y convertidos a un código centralista y a la conducta de la divisa o cinta económica y su ejercito de perfeccionadores, acomodadores, manejadores, gestores y maquilladores, inmediatamente pierden su valor estético, o al ser insertados éstos en la lógica corporativa global, pierden su contenido quedándose en pura carcaza brillante y frágil, positiva y venenosamente dulce. Por eso pienso útil mirar el principio de los movimientos antes que juzgar sus consecuencias.

Otra fuente de censura para el reguetón es su contenido sexual explícito, conducta que genera pesadilla en  occidente. Este occidente que, a pesar de muchos intentos, le sigue escandalizando la union del cuerpo, el deseo y la mente.

Volviendo a mi posición personal, el reguetón, es un género magnífico, que ha sido resultado de varias derivaciones importantes (supongo que ahí hay que cambiar la lupa para ver dónde está el verdadero valor estético). En el Caribe pasan cosas importantes en la era post-trap, como el dembow dominicano, o procesos en el pasado como la plena panameña, la champeta cartagenera, o incluso estilos más oscuros actuales, como el Guarapo Barranquillero, Paipa en el Urabá colombiano o la salsa chocoana, fenómenos fugaces pero que tienen una connotación profunda y sincera.

Deben, incluso, haber muchas otras músicas difíciles de precisar debido a que sólo toman lugar en los guetos y no están amparadas por el sistema de difusión de las grandes y medianas corporaciones de la industria musical. Sin embargo, es paradójico que uno encuentre muchas de estas músicas a través de YouTube.

En cuanto a la superioridad moral de un ojo hegemónico en el cielo, es un tema bastante tocado por intelectuales y demás miembros de la comunidad artística. Esta Hybris como integrante del todo penetra el ánimo de creadores y consumidores dejando un halo de confusión. ¿Cómo asumir esto? Es una pregunta que continuamente tratamos de responder, y que desciframos gradualmente.

Foto: Juan Camilo Montañez

Vámonos a los orígenes de Meridian Brothers. Leí por ahí que tuviste un grupo que se llamaba Duo Latin Lover en el que hacíais cumbias y vallenatos. Luego vinieron más proyectos. Explícanos como surgió la idea de formar Meridian Brothers.

Meridian Brothers surgió como un pseudónimo de mí mismo para hacer diferentes músicas experimentales basadas en principio en la música pop- avant garde de los años 90. Sin embargo, evolucionó hasta combinarse con elementos de las músicas tradicionales y populares colombianas y después se convirtió en un proyecto en vivo con mis amigos María Valencia, Alejandro Forero, Juan Camilo Montañéz, César Quevedo y Mauricio Ramírez y que siguió con esta actitud de pregunta ante fenómenos culturales ajenos y propios con respecto al sonido.

No es que el proyecto esté nutrido directamente de ese dúo Latin lover (en conjunto con Javier Morales) sino más bien inspirado por ciertas actitudes hacia lo tropical por aquellos años de muchos de nosotros (a nosotros me refiero a amigos cercanos que trabajaban en la misma dirección, por ejemplo mis amigos de la Distritofónica María Valencia y Alejandro Forero, o mis amigos Pedro Ojeda, Juan Carlos Valencia,  Javier Morales y Mario Galeano).

Tengo la sensación que Meridian Brothers es como un laboratorio de pruebas. ¿Podemos consideraros como un colectivo en vez de un grupo en el que asumís vuestra obra como un continuo work in progress?

Me parece una descripción aproximada. Como dije en un anterior punto, Meridian Brothers afronta la creación musical como una pregunta al aire, como una ruta tangente inexplorada de una línea principal.

A veces se me ocurre que Meridian Brothers es menos música que otras cosas, es más bien un grupo de trabajo al rededor del sonido y las expresiones culturales. Si bien estamos constantemente presionados a vincularnos a un estilo o género, o a un colectivo de grupos con locación determinada, quedamos casi siempre en incógnita, ya que no cazamos del todo. Pero si no estamos en la industria musical nos sería difícil hacer conocer nuestro trabajo y, eventualmente, vivir de él.

Ante su obstinada reivindicación del folklore siempre me ha parecido Meridian Brothers como un perfecto ejemplo de resistencia identitaria y política (dos conceptos que van ligados irremediablemente). ¿Es así?

Entiendo la afirmación de ser obstinado con el folclor. Sin embargo, para mí el folclor es un elemento más que entra en el juego. Hay muchas otras cosas por ver. Haciendo de lado mi fijación por lo abstracto del sonido, por su efecto espiritual dentro del engranaje de tiempo paralelo al cotidiano que constituye el lenguaje musical, mi cuestionamiento trata sobre la posición que ocupamos en Colombia como hacedores de música y sonido, además de plantear la pregunta de cómo debemos crear como artistas latinoamericanos.

Si bien, en un mundo liberal se puede argumentar que cada uno hace lo que se le venga en gana, hay una manipulación previa dada por ciertas hegemonías de las cuales ha sido difícil librarnos como comunidad atada a su historia. Ciertos pesos de más que nos limitan a expresar valía con respecto a un punto central de la civilización. Nos cuesta trabajo asumirnos como un resultado de procesos de tránsito por diferentes parajes históricos, influencias y eventos (sobre todo bélicos), definiéndonos como un humano combinado en este punto temporal.

Somos también una mezcla del derrotado y el vencedor. Qué hacer con esto desde la música. ¿Está todo en su lugar? ¿Nuestro universo musical está bien en todo sentido? ¿Qué posiciones tomar ante la situación histórica? ¿Ante la hegemonía de ciertos poderes? ¿Ante el sistema político que se nos impone y no caza del todo?

Lo que hacemos pretende por momentos resolver ese tipo de preguntas, que, de cierta manera, se van respondiendo en una especie de construcción colectiva de varios artistas de nuestra escena. Ahí se encuentra el núcleo de esta supuesta lucha política que toma un carisma personal en cada artista y si bien, a la fecha de hoy, no logramos ponernos de acuerdo, es un comienzo.

Explícanos un poco la escena musical en Bogotá y de qué manera habéis ido encajando en ella. ¿Por qué te fuiste a Europa y qué te aportó este periplo?

Describo la escena independiente de Bogotá que es la que me compete. Bogotá es una escena activa en el mundo de la subcultura. Muchos de los afluentes de esta subcultura vienen desde las universidades en sus distintas facultades, de la música, del arte, y recientemente de la filosofía, del periodismo y la literatura. Se ha construido un apéndice paralelo similar al mundo de la industria musical en todas sus partes: promoción, prensa, música, escenas, festivales y otros elementos.

Tampoco hay una línea definida entre el submundo y el mainstream, es un caldo de cultivo interesante y resistente hasta cierto punto. Una de las claves es que mucha gente no depende económicamente de lo que hace y muchos son jóvenes idealistas, yo mismo fui uno de ellos. Sin embargo, al enfrentarse muchos de estos artistas al mundo de la divisa, las cosas pueden cambiar, se adquieren otras pretensiones, ligadas a veces al ámbito global y sus prácticas. Ojalá en el futuro se puedan financiar más proyectos de los submundos culturales bogotanos y colombianos por parte de inversionistas privados o estatales. Está también la presión constante del mundo global sobre-conectado (y poco comunicado), las generaciones nuevas pierden de nuevo cierta postura identitaria ante prototipos hechos en centros económicos, así que a veces el camino se altera. Me pregunto qué pasará en los próximos años con la generación que nos precede.

En cuanto al tiempo que viví en Europa, que ya fue hace bastante tiempo, el ambiente europeo me dejó ciertas pautas de un mundo con una economía de bienestar y con una estructura social algo más consolidada. Para mí fue un punto de ilustración de ciertas utopías del mundo occidental, y de ser consciente de la diferencia de nuestra realidad mestiza poscolonial en relación a los centros económicos. Fue bueno verlo, aunque estoy muy contento de haber podido regresar.

Vuestros discos se han editado en sellos foráneos y muy especializados. ¿Es debido a que Meridian Brothers son entendidos mejor fuera de Colombia?

Esta es una pregunta compleja. El fenómeno del nativo que es aceptado en el extranjero lo he visto no sólo en Colombia sino en otros lugares. Incluso lo interpreto como una conducta social humana , actual, o pasada, como una característica de la civilización, en la que el viaje es un enigma y plantea otras posibilidades del habitar.

Por otra parte, lo que viene de afuera se aprecia con ojos inocentes, con prejuicios livianos ausentes del peso de la cotidianidad y de la repetición. Pienso que por esto Meridian Brothers es a veces apreciado con mejores ojos en el exterior. Sin embargo, en Colombia tenemos seguidores y hemos hecho muchos circuitos importantes dentro del país y en Bogotá. Nos sentimos pertenecientes a la escena y queremos seguir activos, asumiendo las dificultades y el olvido  temporal que esto nos merece.

Las letras de Meridian Brothers tienen muchos anclajes en el humor, la política, y el surrealismo. ¿Cuáles son tus referentes literarios? ¿Qué importancia tienen las letras en tu música?

No tengo un referente literario determinado. Me interesa el lenguaje, y me interesa comunicar cosas a través de la palabra. Por otro lado, me gusta leer la palabra y a veces me impacto con lo que puede ser comunicado a través de ésta. Así que durante mi vida he tenido fijaciones por aquí y por allá tanto de literatura, poesía, como de la misma música con letras, también he vivido ausente de la palabra. Así que hacer una lista de mis influencias literarias sería un tanto largo. Sin embargo, pienso que en Latinoamérica y en Colombia hay muy buenos escritores, poetas y habladores.

En vuestro último disco “¿Dónde estás María?” (Soundway, 2017) dais forma a un repertorio muy bien acolchado con una sección de cuerda y percusión. Especificáis, además, que son canciones para grupo musical latino con percusión y el trío de chelos La Invisible. ¿Teníais necesidad de dar un cambio tonal a vuestra música?

Como ya he explicado, no me imagino a Meridian Brothers como un formato determinado. Es más bien una permanente pregunta o espacio de posibilidad en el cual caben imágenes con sonido, dentro del contexto de canción o no. Así que esta vez se tenía en mente hacer un formato con cuerdas y con ciertas reminiscencias al trabajo anterior de la banda, me inspiró también el formato de canción mundial (que surge con Los Beatles) sesentero y setentero que tomó diferentes formas en múltiples lugares de la faz de la tierra, yo me fijé particularmente en Brasil y su variantes. Al final el disco se hizo, y creo que fue un éxito incluir este formato tan difícil de emular para nuestras cabezas y anteriores conductas.

Es posible que continuemos o que no con los cambios tonales, la idea es expandir nuestra idea de variación infinita para poder seguir en la búsqueda de imágenes sonoras, posiciones teatrales, o nuevas ideas literarias, hasta que esta actitud frente al sonido llegue a su frontera.

La portada muestra una variada iconografía religiosa. ¿Esconde algún mensaje subliminal?

No, la portada de este disco está basada en el tema que le da el nombre al disco, “¿Dónde estás María?”. Esta canción habla de una poetisa mágica que entre la realidad y la fantasía escribe poesía de una manera profética. Su enamorado es el narrador de esta canción. Hicimos un video de esta composición, donde ella, la poetisa, construye su altar antes de ponerse a escribir. El vídeo es la misma construcción de la escenografía de la carátula. Hay determinados simbolismos con respecto a los altares, lugares de rezo muy comunes en la vida espiritual católica o sincrética de estos rincones del mundo.

 

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