Dropkick. Foto: Joan Andreu

Artesanos y prolíficos (un buen ramillete de discos les amparan), Dropkick juegan en esa liga dónde las modas apenas importan y las canciones rezuman vida gracias al peso específico de la melodía – a veces radiante, otras melancólica como el sonido de las gotas de lluvia golpeando en una ventana de una casita en los Highlands – y el gancho de unos juegos vocales que bien pudieran haber sido tramados en cualquier local de ensayo de San Francisco allá por 1967. Con ‘Longwave’ (Pretty Olivia Records, 2018), la banda de Edimburgo, comandada por el entrañable Andrew Taylor, quien atiende desde Escocia, mantiene de forma brillante la herencia de las mejores bandas del pop independiente del norte británico y regala al mundo doce gemas imperecederas que, sin duda, deberían impulsar su legado más allá de ciertas etiquetas y escenas.

Portada de ‘Longwave’

Dropkick continúa publicando canciones con un aroma clásico a pesar de los cambios de moda y las corrientes de opinión sobre lo que un músico debería hacer o no… Se podría decir que lo que hacéis es enviar una “onda de largo recorrido”, que busca su expansión más allá de los dictados contemporáneos. ¿No lo crees?

Sí, supongo que sí. El objetivo de cualquier trabajo de Dropkick es simplemente grabar las mejores canciones que hemos escrito en ese momento. Realmente no pienso mucho sobre las tendencias actuales de la música. ¡Probablemente porque Dropkick nunca estuvo de moda! (ríe). Con este álbum, las canciones se cohesionaron rápidamente y la grabación fue muy fluida. Definitivamente es el disco de Dropkick que, de lejos, más he disfrutado grabando. Nos sentimos muy afortunados de que Pretty Olivia Records haya decidido apoyarnos con el lanzamiento, colocando al álbum junto con algunos de los discos increíbles que aparecen con su sello.

Mantenéis una larga trayectoria, desde 2001, con diversos cambios en la alineación de la banda. Con la reciente incorporación de Alan Shields, ¿has encontrado el equipo perfecto?

Ha habido algunos otros músicos que han dejado la banda y posteriormente regresaron a lo largo de los años, incluido nuestro teclista Ian Grier, quien fundó Dropkick conmigo en la escuela y ha tocado casi todos los instrumentos posibles durante sus dos períodos en ella. Es increíble pensar que todavía estoy tocando en esta banda con mi mejor amigo de la escuela. Alan Shields es un tipo que conozco desde hace mucho tiempo, desde que tocaba con el gran Ardent John, residente en Edimburgo. Además de ser un bajista fantástico, Al también es un maravilloso cantante y compositor. Cantar armonías con él es un verdadero placer y se ha convertido en una pieza indispensable de nuestro sonido, ya sea en la formación completa de la banda, o conmigo en actuaciones como dúo acústico. Alan y Mike Foy (batería) se han compenetrado rítmicamente y es un gran momento para estar en esta banda con todos tocando tan bien.

¿Por qué crees que Escocia absorbe tan bien los preceptos de la música estadounidense?

En nuestro caso, no creo que estemos únicamente en deuda con las influencias de Estados Unidos, pero definitivamente hay un sonido jangle en nuestras guitarras basado en bandas como The Byrds. Crecí escuchando todo tipo de música, la que mi padre tenía en el tocadiscos, como Buddy Holly y Everly Brothers, que me encantaban. Posteriormente me convertí en un gran admirador de Tom Petty cuando tenía nueve años, antes de descubrir bandas de country alternativo como Wilco y The Jayhawks. A su vez, me interesé por grupos como The Lemonheads, Fountains of Wayne o Weezer que sin duda influyeron en la forma en cómo he ido armando mis canciones.

Siempre mencionan nombres como Teenage Fanclub, Big Star o The Posies como paladines de la melodía y las guitarras pop, pero seguramente hay otros nombres underground que han marcado tu forma de acercarte a la música. ¿No es así?

Sí, esas son excelentes bandas y algunos de sus discos son mis favoritos: ‘Grand Prix’ (Teenage Fanclub) ‘# 1 record‘ (Big Star), ‘Frosting on the beater‘ (The Posies). Otro de mis predilectos, de cuando era un adolescente, era el grupo inglés The Wildhearts. Me gustaban las guitarras fuertes y las grandes melodías. Disfruto mucho de los primeros discos de Elliott Smith, grabados y tocados por él. Su forma de hacer apela al enfoque casero con el que solemos hacer las cosas y la forma en que me gusta grabar las demos, así como mis canciones en solitario. Además soy fan de Matthew Sweet, especialmente de sus discos de los 90, como aquel ‘100 % fun‘.

A excepción de algunos momentos radiantes como ‘Out of tune’ o ‘Come around’, una gran parte del álbum tiende a la melancolía. ¿Te sientes más cómodo escribiendo canciones sobre la pérdida y la esperanza?

¡Tal vez soy en realidad una persona miserable! (ríe). No, realmente no me puse a escribir canciones que pudieran tener un estilo o un humor particular. Tan solo dejo que las canciones vayan tomando forma a partir de fragmentos de letras y melodías que trato de capturar con mi teléfono en momentos extraños, simplemente aparecen así. De hecho, y ahora que lo pienso, paradójicamente algunas de las canciones que suenan más optimistas a menudo pueden contener las letras más melancólicas. A veces ni siquiera tengo claro, a posteriori, sobre qué estaba escribiendo o que cosas podían haberme inspirado en tal o cual canción. Intento no pensar demasiado al respecto por temor a perder la capacidad de proponer ideas.

Da la impresión de que has enfatizado el tratamiento de las voces, tratando de encontrar detalles que lleven las canciones a niveles más allá de una simple aleación guitarra-bajo-batería.

Con la nueva terna de canciones estaba realmente interesado en que tuvieran la entidad suficiente como para ser tocados y cantados por una persona con una guitarra acústica. Muchas de estas canciones habrían estado bien grabadas así, creo, pero también supuse que podríamos disfrutar mucho del proceso superponiendo las voces con muchas armonías y utilizando la doble pista. Estoy muy contento con la combinación de grabaciones en vivo que hicimos en nuestro local de ensayo junto con voces extra, dobladas de manera adicional. Las voces y las armonías siempre han sido una gran característica de nuestra música. Creo que otra de las singularidades de este álbum es el uso más destacado de la guitarra de 12 cuerdas en muchas de las canciones.

También hay mucho clásico que sobrevuela estas canciones. Algo de los Byrds por aquí, guitarras como las del mejor Neil Young por allá… ¿La idea es la de actualizar un sonido que siempre ha estado ahí desde los años 60?

Como te he comentado, la guitarra de 12 cuerdas está muy presente y eso hace que muchas canciones se orienten hacia esa dirección a lo Byrds. Sin embargo, todas las guitarras se grabaron de forma muy natural: no había muchos efectos, prácticamente solo una Jazzmaster a través de un amplificador de válvulas con un micrófono frente al altavoz. Por lo tanto, no estoy seguro de haber actualizado el sonido de los años 60, simplemente abordé las cosas de una manera bastante sencilla. Como guitarrista principal de la banda, también quería que las guitarras fuesen lo suficientemente fáciles de replicar fielmente en los conciertos, sin demasiadas partes intrincadas o dobladas.

Andrew Taylor.

‘Blue Skies’ es el corte el más rural del lote,  suena como una balada de Gram Parsons cantada por Norman Blake. ¿Es el cruce de caminos que mejor podría definir vuestra música?

(Ríe). Me gusta esa descripción. Y, sí, esta canción probablemente tenga más referencias a la ubicación rural en la que estoy residiendo. Este tema se creó con la adición de la pedal steel guitar, interpretada por nuestro amigo, Tim Davidson (excomponente de la banda Attic Lights). Además hacía bastante tiempo que no utilizábamos la mandolina y el banjo en una canción. Resultó ser un divertimento, bienvenido frente a los otros estilos que aparecen en el álbum. Estuve mucho tiempo pensando en la posible secuenciación de las canciones, ya que ésta era probablemente la más difícil de ubicar.

¿Dedicas tiempo completo a la música? En España es casi imposible hacerlo si te dedicas a la música independiente.

En mi cabeza, la música aparece siempre a tiempo completo. ¡Siempre estoy pensando en nuevas canciones! Ojalá pudiera ser un trabajo a tiempo completo, sin embargo, la realidad es que tocar en Dropkick es un pasatiempo divertido y todos tenemos un empleo en la vida real. Ciertamente no ganamos dinero con la banda y se trata de una lucha constante para poder pagar los viajes y así dar conciertos. No obstante, nos sentimos muy afortunados por tener nuestro propio espacio de estudio y así ensayar y ser libres para grabar cuando queramos. Esta es la razón principal por la que hemos podido lanzar tantos álbumes a lo largo de estos años. Para nosotros es una suerte que hayamos podido visitar España en varias ocasiones y, sin duda, es una experiencia que no damos por sentada. Los conciertos siempre nos han sorprendido y conocer gente tan maja y que disfruta de nuestra música es algo realmente especial para nosotros.

Cartel de la Gira española 2018.

Habéis planeado hacer una importante gira este verano por España. ¿Qué esperas de estos conciertos? ¿Crees que todavía hay un público para los directos en sala más allá del acaparamiento de los festivales de música?

Estamos muy contentos por regresar a España y por primera vez en julio. Tal vez no sea el momento más sensato, con todos los festivales en ebullición, pero esperamos que la gente siga viniendo a vernos. Ojalá podamos lidiar con el calor y la luz del sol. ¡Una nueva experiencia para nosotros!. Creo que la banda está tocando mejor que nunca y estoy muy emocionado. Hemos lanzado muchos álbumes a lo largo de los años, así que haremos un esfuerzo para tocar un par de temas de cada uno de ellos, si podemos. Sin embargo, la idea es modificar el setlist la mayoría de las noches y poder tocar tantas canciones como queramos en los conciertos. ¡Estoy impaciente!

 

 

Opina

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre