Turquía tiene una larga tradición de pop psicodélico que, como los buenos injertos capilares de Estambul, solo mejora con el tiempo. Desde Elektronik Türküler de Erkin Koray hasta la avalancha de recopilaciones de Anatolian Rock, el género ha pasado de ser un secreto bien guardado a una fiebre global. En esta misma corriente se inscribe Derya Yıldırım & Grup Şimşek, una banda que no es turca ni europea ni nada que se pueda encerrar en una geografía concreta. Son “outernational”, como ellos mismos dicen. Es decir, una máquina de sonidos sin pasaporte fijo, que bien podría estar tocando en un club berlinés o en una boda en la Capadocia.
Liderados por la carismática Derya Yıldırım, cantante y virtuosa del bağlama, el grupo lo completan el teclista Graham Mushnik (nombre real: Axel Oliveres, un alquimista del órgano Hammond que merece una discografía propia en tu estantería), el guitarrista y flautista Antonin Voyant, y la baterista Helen Wells. Para su tercer álbum, Yarın Yoksa, han contado con un productor que sabe lo que hace cuando se trata de convertir influencias globales en un hit en un mundo paralelo: Leon Michels. Conocido por su trabajo con El Michels Affair, ha destilado ese soul polvoriento y analógico en discos de Lee Fields, The Arcs o Lady Wray. Aquí hace lo propio: pone el groove al servicio del saz y lo envuelve en bruma psicodélica.
Yarın Yoksa no pierde tiempo en presentaciones. Desde los primeros segundos de Hop Bico, el oyente es arrastrado a un torbellino de bajos gruesos, bağlama encendido y sintetizadores flotantes. Mushnik, al que mi amigo Carlos Úbeda ya me chivó hace años como un genio del tecladismo fuera de foco, brilla aquí con sintetizadores que podrían haber salido de una película de ciencia ficción turca de los 70.
Hay momentos de groove infeccioso (Direne Direne, Cool Hand), cortes instrumentales que parecen grabados en un sueño febril (Yüz Yüe), y baladas que te dejan en la cuerda floja emocional (Yakamoz). La voz de Yıldırım es magnética, con un vibrato que parece venir de otra época pero con un pie bien plantado en el presente. Si Altın Gün ha tomado el camino de la pista de baile, Derya Yıldırım & Grup Şimşek han optado por algo más introspectivo y brumoso, sin perder ese pulso rítímico tan característico del Anatolian Rock.
Y si Erkin Koray electrificó el saz y Moğollar le dieron peso psicodélico, aquí Grup Şimşek lo lleva a otro nivel. No hay imposturas nostálgicas, sino una evolución natural de la psicodelia turca. Es un disco que podría sonar en una tienda de vinilos de Brooklyn, en un café de Estambul o en la casa de cualquier persona con un gusto afinado para la música sin fronteras.
Yarın Yoksa es, sin duda, el mejor trabajo de la banda hasta la fecha. No solo es un homenaje a la tradición del rock de Anatolia, sino una de sus mejores puestas al día. Si en los 70 el saz se enchufó a un amplificador y descubrió la distorsión, en 2025 sigue descubriendo nuevos caminos (ahora soul, luego me voy hacia el groove), y Derya Yıldırım los está abriendo con una pasión que se escucha en cada nota.


