Dead Gowns / It’s Summer, I Love You, and I’m Surrounded by Snow 

Entre el choque del oleaje y el crujir de una guitarra que nunca se decide entre la calma y el ruido, Geneviève Beaudoin, alias Dead Gowns, entrega un debut que abre una vieja caja de cartas nunca enviadas. It’s Summer, I Love You, and I’m Surrounded by Snow —título robado de un verso de Eileen Myles— traza un mapa emocional donde el deseo enfrenta su propia imposibilidad.

Si bien las referencias a PJ Harvey, Cat Power y Big Thief no son gratuitas, lo que Beaudoin ofrece aquí está más cerca del aliento áspero de Songs: Ohia o de ese momento exacto en que una canción de Jason Molina amenaza con romperse, pero nunca lo hace. Desde la primera nota de How Can I, el álbum deja claro que no hay terreno estable: lo que parece un sencillo folk acústico pronto se retuerce en un vaivén de guitarras desgastadas y silencios que incomodan tanto como los ruidos que los llenan.

Grabado entre 2020 y 2023 en los rincones más inesperados de Maine —dormitorios donde aún resuenan ecos de discusiones pasadas, iglesias desacralizadas en Deer Isle y gimnasios olvidados en Peaks Island—, el disco carga con la atmósfera de esos espacios. La producción, a cargo de Beaudoin y Luke Kalloch, deja las costuras visibles, como si cada canción fuera un fragmento cosido con manos temblorosas.

Brother y See People destacan con un aroma western que evoca la vastedad de una carretera solitaria al atardecer. Pero aquí no hay héroes ni duelos, solo la distancia creciente entre dos personas que alguna vez compartieron todo. La voz de Beaudoin no quiere pasar por encima de la música; solo observa, como quien ha entendido que algunas historias se desmoronan sin que nadie las empuje.

Más que un álbum, It’s Summer, I Love You, and I’m Surrounded by Snow funciona como un acto confesional, un exorcismo íntimo de deseos que no se cumplen, de vínculos que enferman, de dolores que no cicatrizan. Cada pista, desde Swimmer hasta In the Haze, dibuja las tensiones entre el anhelo y la resignación, explorando la enfermedad crónica, las complejidades familiares y la inquietud que deja crecer sabiendo que no todo deseo encontrará su cumplimiento.

El lanzamiento, el pasado 14 de febrero —y sí, estrenar un álbum sobre deseos insatisfechos en San Valentín parece un movimiento deliberado—, tuvo su celebración en Oxbow Blending & Bottling con lecturas de tarot, helados de Dear Dairy inspirados en el disco y una cerveza colaborativa (Swimmer, por supuesto). Ahora, con su recién anunciada participación en el SXSW 2025, Dead Gowns llevará este collage de folk polvoriento y guitarras desgastadas a un escenario más amplio.

El mundo ya tiene suficientes artistas expurgando sus demonios con una guitarra en mano, pero Dead Gowns destaca por su enfoque casi sacro, por la manera en que aborda piezas como Kid 2 con una sensibilidad neoclásica, donde arreglos mínimos —cuerdas suaves, una cadencia casi litúrgica— transforman una confesión personal en algo universal. No es redención lo que Beaudoin ofrece, sino una suerte de rito íntimo que, sin buscarlo, nos incluye a todos.