De La Soul / The Grind Date

The Grind Date cumplió veinte años en 2024 y vuelve a girar en los platos con una reedición en doble vinilo la mar de lustrosa: De La Soul: The Grind Date (20th Anniversary Edition) (Limited Edition) (Splatter Vinyl) 2LP. Y lo hace con la cabeza bien alta, como quien sabe que, en esta partida, los humildes no heredan la Tierra: heredan las deudas. Y aun así, madrugan. Se remangan. Ponen el John Deere en marcha. Y rapean.

Porque este disco va de eso. De currar. De pelear por mantenerse digno cuando el sistema te deja las uñas negras y el alma hipotecada. Lo dice claro ese monólogo crudo que sirve de apertura: “I’m a rhyme artist, out here tryin’ to grind my hardest…” y sigue, como una conversación sincera en la puerta de la frutería del barrio. Aquí no hay épica de estudio. Hay calle, hay bronca, hay cansancio. Pero también hay orgullo.

De La Soul, tras zafarse de la cadena de montaje que fue Tommy Boy, llegó a The Grind Date como un grupo que ya no tenía nada que demostrar, pero sí mucho que decir. El álbum es directo, sin adornos ni skits. No hay respiro ni relleno. Cada tema es un ladrillo más en esa obra que llevaban construyendo desde 1989, y que aquí luce con una sobriedad que corta la respiración.

Verbal Clap, producida por el añorado J Dilla, es una de esas canciones que podría sonar en un garaje lleno de herramientas o en una galería de arte contemporáneo: industrial, rítmica, sucia y perfecta. Luego llega Rock Co.Kane Flow, con MF DOOM escupiendo versos como si viniera a embalsamar el género con formol y estilo. La producción de Jake One es quirúrgica, de esas que se pegan al cuello y no te sueltan.

Maseo, Posdnuos y Trugoy (en una de sus últimas grandes entregas en estudio antes de su fallecimiento) están afilados, conscientes, sin necesidad de disfrazarse. “Fuck a rhyme artist, I ain’t here for that…” dice la intro, y lo sostienen durante todo el disco. Esto no es nostalgia noventera ni tributo: es supervivencia. Y también venganza. La de quienes vieron cómo les expropiaban catálogo, derechos y crédito, pero aún así seguían en pie, micro en mano.

Hay momentos para el sarcasmo: en Shopping Bags (She Got From You), cortesía de Madlib, que parece burlarse del bling y la pose con un beat digno de un catálogo de juguetes rotos. Y hay espacio para la esperanza, como en Church, con 9th Wonder en la producción, que construye un gospel moderno para almas en proceso de reparación. En Days of Our Lives, Common aporta su habitual tono de cronista con traje, y todo encaja como una baraja bien mezclada.

El álbum no solo resistió el paso del tiempo, lo anticipó. El modelo sin singles forzados, sin narrativa impostada, con productores de culto y líricas que hablan desde la experiencia, se ha convertido en estándar para muchos proyectos de rap actuales. Pero en 2004 no era lo habitual. Y menos aún en un grupo con más de una década en activo.

Ahora que por fin The Grind Date se reedita en vinilo —precioso, limitado, merecido—, la escucha es casi un acto de justicia. Un recordatorio de que el esfuerzo deja huella. Y que el nombre de De La Soul no persiste solo en su debut ni en los documentales. Vive en estos versos llenos de barro y verdad. En este disco sin fecha de caducidad. En este legado que, contra todo pronóstico, sigue sumando días de trabajo.