De libros corales y poliédricos, es decir, los que intentan representar una determinada escena a través de sus protagonistas, ha habido varios. Podemos pensar, por ejemplo, en aquel Por Favor Mátame (Libros Crudos, 2006), en el que Legs McNeil y Gillian McCain retrataban la escena punk del Nueva York de los setenta. Una historia oral que también encontramos, dentro de prácticamente el mismo encuadre, en Uptight, la historia de The Velvet Underground contada por todos aquellos actores que les rondaron y orquestada por los también partícipes Victor Bockris y Gerald Malanga.
Esos son los grandes referentes foráneos, pero ¿ha habido algo semejante hecho en nuestro país? Los antecedentes son pocos. De hecho, el más claro lo es también como antecesor directo del libro que nos ocupa. Pequeño Circo (Contra, 2015), del periodista Nando Cruz, quiso ser un retrato coral del indie en España. Sobre si lo consiguió, baste decir que ya va por su tercera edición, diez años después.
Quizá por eso, por lo que tiene de referente, haya sido elegido su autor para prologar este libro urdido entre tres jóvenes periodistas: Dani Vega, Enrique Zamorano y Víctor Terrazas, que establece una radiografía de la música alternativa y de guitarras aparecida en nuestro país a lo largo de la última década. Su título es No Sonamos Mal. Crónica Oral del Nuevo Indie de Guitarras y lo edita Muzikalia, la editorial que lleva tiempo siendo el apéndice de la conocida web sobre música.
En su prólogo, Nando Cruz dice, y con razón, que el suyo fue otro tipo de libro: “No Sonamos Mal, a diferencia de Pequeño Circo, está planteado como el retrato de una escena actual. Aquí no se habla de recuerdos, sino del aquí y el ahora”. Algo muy cierto que, además, está refrendado también por el hecho de que quien lo escribe y coordina es un trío de jóvenes que tiene más o menos la misma edad que los músicos que pueblan la escena que pretenden retratar. Eso significa que no hablan desde la distancia, sino desde la pertenencia.
Siguiendo ese punto de vista, el libro se hace eco de todo lo que rodea a una comunidad musical que lo tiene inmensamente más difícil que la que retrataba Pequeño Circo. La industria discográfica ya no es la que era, las dinámicas a la hora de relacionarnos con la música son inmensamente distintas y la motivación para los artífices, por tanto, también. Aunque algunas cosas, como aquel que dice, nunca cambiarán. Ese “Madridcentrismo”, como el propio libro lo define, que ha condicionado, ahora y siempre, la música hecha en nuestro país, sigue vigente, hasta el punto de poder hablar de “la creación de un sonido en Madrid formado por gente de todos los sitios”, tal como lo asume Joan, de la banda barcelonesa Medalla.
Y es que los autores se han preocupado de buscar y rebuscar entre todos los artistas y bandas que pueblan la escena, no solo madrileña, sino de todas partes de la península. De esa forma, una parte muy importante de este volumen se centra en desgranar todas las “pequeñas escenas” que pueblan el territorio nacional. Lo hacen, además, con el mismo mimo y cariño con el que todo está retratado aquí. Y eso lo puedo certificar, puesto que la escena que me toca, la valenciana, está reflejada como lo hubiera hecho alguien de aquí. Y eso lo considero —debemos considerarlo— un rasgo muy importante de esta lectura. Las escenas se tejen de una forma muy complicada, muy de trinchera, y si un libro quiere asumir el retrato de una generación de músicos, no solo puede atender a lo fácil, a lo central. Hay que arremangarse y meterse bien en la harina, como han hecho estos tres periodistas.
Y esa labor aquí se realiza a la perfección, desde el amor y el respeto. Al igual que el intento de hallar respuesta a muchas preguntas. Como de dónde surge todo esto, el retorno (si es que se puede llamar así) de las guitarras al gusto generalizado. Un retorno cuyo punto de partida los autores señalan en el éxito de una banda como Carolina Durante, que ha propiciado el interés por un tipo de bandas que combina lo urbano (“el puto trap es lo mejor y lo peor que ha pasado en España”, Nacho, de Margarita Quebrada, dixit), el punk radical, el post punk, el desencanto y el espíritu DIY. Todo a la vez en todas partes, como la peli.
Contactan, pues, entre cerveza y cerveza con un cúmulo de gente que va desde bandas jóvenes y en boga como Alcalá Norte, La Plata, VVV (Trippin’ You), Cariño o Cala Vento, hasta otras de la generación inmediatamente anterior, como Triángulo de Amor Bizarro o Viva Belgrado, o algunos de los padrinos de todo este invento, como el inevitable Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho). Entre todos logran componer un fresco tan exquisito como importante para encontrar el porqué todavía, en esta era de desinterés por todo, las guitarras siguen siendo un vehículo de comunicación tan potente.
La política, la importancia de las ciudades para el tejido underground, los festivales, la precariedad o, por supuesto, el aspecto más puramente musical —a nivel de ensayos, composición, etc.—, junto a otros, son los temas que articulan el hilo argumental de un libro que se lee con fruición, como si se estuviera in situ en aquellas charlas cerveza por medio, pero que es de los que uno quiere guardar también para consultar de vez en cuando, a modo de photo-finish de un tiempo y un lugar, sí, pero también como manual de consulta pop, al margen de cualquier momento coyuntural. Pues lo que aquí aparece pintado, a pinceladas a veces tan detalladas y sutiles, no deja de ser reflejo de lo vivido en todas y cada una de las escenas musicales de este mundo nuestro. No me extraña que el libro ya vaya por su tercera edición. Es de los que quieres ver siempre en tu estantería.
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