Daga Voladora: Los sonidos del silencio

Cristina Plaza es Daga Voladora.

Cristina Plaza lleva algunos años creando una de las músicas más fascinantes del pop español bajo su alias de Daga Voladora. Un proyecto personalísimo de miniaturismo pop en donde rastrear la estela de sonidos que van del synthpop a la psicodelia, del esoterismo de Broadcast al folk otoñal. 

Cristina, tengo una curiosidad por el nombre de tu proyecto personal: Daga Voladora. Me remite a parajes exóticos (la referencia a Zhang Yimou es obvia), a surrealismo de mesa camilla…¿De dónde procede este nombre?

Pues es que yo antes me llamaba Gran Aparato Eléctrico; saqué dos discos bajo ese nombre pero no se me ocurrió registrarlo legalmente, y cuando quise hacerlo resultó que unos tipos muy listos se me habían adelantado por un par de semanas o una cosa así. Total; que tenía que dejar de usarlo para que ese grupo no me pusiera un pleito o algo peor. La cosa es que me dio tanta rabia tener que renunciar a aquel nombre y estaba TAN enfadada que lo primero que me vino a la mente fue: ‘Daga Voladora’ (la que hubiera querido lanzarles a ellos). Yo creo que hay que ir siempre a tope con el primer instinto, así que me quedé con eso, y hasta hoy. En cuanto a ‘La casa de las dagas voladoras’, la peli de Zhang Yimou… tengo que reconocer con cierta vergüenza que no la he visto todavía.

Portada de ‘Primer segundo’.

En el comic, obra tuya, que acompaña tu segundo disco ‘Primer Segundo‘ (Gramaciones Grabofónicas, 2017) dices que desde siempre te ha gustado grabarlo todo, el ruido del metro, las campanas de una iglesia…Es curioso porque tu música, en cierta manera, por el uso del sonido, me recuerdan a pequeños experimentos de field recordings, y hay bastantes referencias al poder ritualistico de la naturaleza. ¿Eres como una antropóloga en Marte? ¿De ahí tu admiración por Béla Bartók?

(Ríe) Bueno, admiro a Belá Bartók porque tiene obras muy locas y me divierte, pero mi afición por grabar creo que tiene un fin más documental que antropológico. Aun conservo casetes de excursiones que hacía con el colegio, mis amigas cantando en el autobús, los campamentos de verano con 9 y 10 años, programas de radio que me inventaba en casa…. Por supuesto también grababa directamente de la radio las canciones que me gustaban, cortando la voz del locutor, y eran las cintas que les pasaba después a mis amigos. Cuando viví en Nueva York no podía parar: grababa músicos callejeros, mensajes de megafonía, conversaciones en parques, los pasillos de la escuela de teatro… y siempre de la manera más rudimentaria. Puede que por eso mi oído esté acostumbrado a la “suciedad” acústica de todas aquellas grabaciones.

¿El silencio es una parte integrante de tu música? Salvando las distancias tu música me recuerda a los experimentos electroacusticos de gente como Pierre Henry, o a la electrónica primigenia de Suzanne Ciani. Además comentas en el comic que en tu retiro en Suecia te reencontraste, por así decirlo, con el silencio.

¡Es que el silencio es muy importante! Tú métete en la cocina con el extractor de humos encendido, y quédate allí un rato, cocinando o lo que quieras. Y cuando acabes, antes de salir, lo quitas. Ese momento en el que desconectas el extractor, ¡eso es la paz! Por un rato te has acostumbrado a un ruido y hasta que ese ruido no ha desaparecido, no te estabas dando cuenta de lo mucho que te estaba molestando. En la ciudad vivimos rodeados de ruido y los momentos de silencio no son suficientes para compensarlo. Igual en mi caso está alcanzando la categoría de manía, no lo sé. Hace unos días he visto una peli sobre Mahler, y parece ser que incluso el sonido de la naturaleza le molestaba. A mí, al contrario; me gusta poder escuchar a un pájaro a lo lejos, un rio, el viento entre los árboles… Es más bien el sonido que producen los seres humanos lo que me tensa.

Tu querencia por el sonido lo-fi, poco retocado, se aleja de lo que hacías con Clovis. Escuchándote a veces me da por pensar que eres una verdadera artista punk.

Bueno, hay bastante gente a mi alrededor que me considera punk, por las cosas que pienso o mi forma de expresarlas. Así que debe ser cierto que soy punk. De todas formas quiero aclarar que ser lo-fi no implica necesariamente ser vaga o poco cuidadosa. Probablemente tenga que ver más con la impaciencia. De la misma forma que jamás he leído las instrucciones de un solo cacharro en mi vida, no soy capaz de esperar durante horas a «sonorizar» una batería, ni le veo el sentido a repetir una voz 47 veces. También está el tema de la personalidad: en un mundo donde la tecnología te permite maquillar los errores y acercarte a la perfección en afinación, ritmo, sonido… al final casi la única manera de separarte de la norma y distinguirte es precisamente potenciando esas imperfecciones y dando prioridad a la espontaneidad. Y bueno, también me pasa que soy un poquito orgullosa y me empeño en hacerlo todo sin ayuda, así que es posible que algunas cosas en mis discos suenen como suenan porque todavía no he aprendido a hacerlas mejor.

Tu música es muy sugerente en viñetas poéticas y de múltiples significados. En ‘La Vía’ cantas que «la Sabiduría existe, la lógica existe, la vía existe, la mente está vacía», en una melodía que me recuerda a Family. ¿Cuál es nuestra via de escape ante tanta mediocridad social y política? ¿El músico crees que debe tomar partido político?

No creo que esté obligado a ello por el hecho de ser músico, quiero decir; no más que un arquitecto, una economista o un vigilante nocturno. En mi caso, me escapo sobre todo con el cine, que es lo mejor que se ha inventado. También con los libros, los cómics, y con la música, por supuesto. Además hace mucho tiempo que renuncié a la información; no veo un telediario desde hace años, no tengo tele y no leo las noticias más que de forma excepcional. Sé que no es lo ideal, desde luego, pero a día de hoy es la única forma en la que puedo funcionar sin venirme abajo cada dos por tres.

Explícame el por qué tu primera cinta se editó en el sello OSR Tapes. ¿Ningún sello nacional se interesó por tu propuesta?

Moonpalace Records y algún otro sí que me preguntaron alguna vez, pero nada más. Lo de OSR surgió por casualidad: yo quería usar una canción de Blanche Blanche Blanche – un duo maravilloso de Vermont – para meterla en una pieza de video que estaba haciendo. Les escribí para pedirles permiso. Me contestó el chico, Zach Philips; me dijo que podía usar la canción si a cambio yo les hacía un videoclip a ellos. Y así empezamos a intercambiar mails, nos caímos bien… «pues yo también hago canciones» – «pues yo llevo un sello» – «pues a ver si te mola» – «pues me encantaría sacar algo». Y esa es la historia, más o menos resumida. Para mí, sacar una cinta con OSR era perfecto. Comprendo que para quien tuvo que pedir la casete desde España por correo a Estados Unidos quizá fuera un fastidio, pero ¡yo qué sé! A mí me hacía ilusión formar parte de ese catálogo tan absolutamente marciano.

Portada de ‘Chiu-chium’.

‘Chiu-Chium’ (OSR, 2016) tiene un sonido más ambient, más synthpop. ¿Qué es lo que te hizo replantearte este cambio de dirección estilística hacia territorios más íntimos y folkies?

Me apetecía cambiar un poco, probar algo menos sintético. También coincidió que Fino (mi novio) estaba en plena fiebre folkie y le oía tocar la guitarra acústica a diario. Un día, mi amigo Javier Sánchez me mandó una foto posando con un guitalele – que es una combinación de guitarra española y ukelele – y me pareció que por tamaño me podía venir bien. Pedí uno por mi cumpleaños y al poco tiempo me fui a visitar a mi hermana, que vive en pueblo en Suecia. Me llevé mi guitalele, y allí, en ese entorno rural, empezaron a salir canciones. Lo que quiero decir es que no fue una decisión consciente ni yo me hice ningún plan; fue más bien que una cosa llevó a la otra, y yo he sido la primera sorprendida con el resultado.

Nombras como influencias a Lorena Álvarez y Espanto. ¿Qué es lo que te acerca a ellos? A mí también me resuenan ecos en tu nueva reinvención al costumbrismo de Vanica Doble aunque no es tan evidente el cinismo político.

Para mí han sido – cada uno en su momento – una tabla de salvación. Y un fogonazo: de pronto ves que en un panorama musical tan homogéneo, hay alguien que suena diferente, que dice las cosas de otra manera. El primer disco de Espanto, ‘Cantando en tu siesta’ (Birra y Perdiz, 2007) a mí me empujó a creer que podía hacer canciones por mi cuenta. Lorena Álvarez llegó más tarde; un amigo común, Jaime Sevilla, me puso una maqueta por la época en la que tocábamos juntos en Los Eterno, y las canciones me volvieron loca. Le puse en contacto con el sello de Barcelona que luego la sacó, montamos un concierto en el Centro Asturiano de Madrid, que eso fue la bomba… en fin, un flechazo que yo sentí por ese personaje-terremoto, que además tiene mucho talento. Y al final, cuando tú estás viendo algo bueno, eso te moviliza, te hace querer ir en esa dirección, formar parte de eso. Cuando ves algo aburrido, ramplón… pues no te inspira nada, vamos; estás deseando meterte en la cama y que se acabe el día. Tal cual.

No se citan entre tus influencias en las críticas que he leído por ahí, pero el recogimiento de ‘Primer Segundo’ me recuerda a Sybille Baier, y también a la Tropicalia psicodélica de grupos como Os Mutantes o Tom Zé…

Tengo que decirte que no conocía a Sybille Baier, y precisamente, que tú la mencionases en la crítica de ‘Primer Segundo’ de me hizo buscarla, así que te doy las gracias por habérmela descubierto. En tropicalia no ando muy puesta, aunque Os Mutantes me han gustado mucho en el pasado. Lo que sí que escucho más a menudo es Astrud Gilberto y también a Jobim, claro.

¿Qué música escuchas?¿Que grupos o artistas son los que más te interesan actualmente?

Puedo darte algunos nombres recientes: Hand Habits, Princess Nokia, Kacey Johansing, Jane Weaver, Cate Lebon por supuesto… Desde hace 4 años hago un programa de radio llamado ‘Misa de Ocho’ y ahí pongo todo lo que me gusta y cosas que voy descubriendo – sobre todo de tiempos pasados. La verdad es que estoy un poco en crisis con la actualidad, me cuesta mucho entusiasmarme por algo nuevo y eso me da un poco de rabia. Pero tampoco me agobio; teniendo a Broadcast, Beach House, Stereolab, Cole Porter, Gershwin, Schumann, Tchaikovsky, Kiko Veneno, los Doors, M.I.A. y Mina, la verdad es que creo que mis necesidades están cubiertas.

Y a nivel literario ¿qué cosas te inspiran?

Últimamente me dio fuerte por Mark Twain; a parte de Las aventuras de Tom Sawyer o de Huckelberry Finn, tiene un libro sobre supervivencia en el Oeste que es maravilloso. También me gustan muchísimo las novelas de Natsume Sōseki. Antes has mencionado una frase que digo en la canción de ‘La vía’; la cogí de ‘El libro de los cinco anillos’ de Miyamoto Musashi. Es un libro sobre la disciplina militar y los Samurais. En general todo lo referente a las artes marciales suele llamar mi atención. También soy una pequeña empanada de la Generación Beat, pero no veo muy claro en este momento si puede tener alguna relación con mis canciones… no sé, algo habrá.

Me parece fascinante tu lectura de ‘Sé De Un Lugar’ de Triana. Suena como un cruce entre la poética de Lole Y Manuel (ese amor por lo humano y la naturaleza, un canto a la Creación) y a los ecos esotéricos de, por ejemplo, el sello Ghost Box. ¿Cómo te las apañaste para armar algo tan enigmático?

Seguro que conoces el disco que hicieron juntos en el año 2009 Broadcast y The Focus Group; ese disco es lo más maravilloso que existe, es un mundo al que yo siento que pertenezco desde el primer momento que lo escucho. Tiene todo lo que mola: corta y pega, ancestralidad, misterio… En el 2º disco de Gran aparato Eléctrico, ‘Espejo, espejito’ (2012) hice una canción llamada ‘Cautiverio en Maida Vale’ que ya iba por ese camino. Con ‘La aldea encantada’ y en cierto modo también con esta versión de Triana, intento emular un poco ese estilo, medio fantasmagórico, y un poco psicodélico. En Broadcast además hay una herencia de grupos de folk de finales de los 60’s y principio de los 70’s donde, si lo piensas, encajarían perfectamente Triana, Los Pekenikes, Lole y Manuel… grupos que yo adoro y que forman parte de mi educación musical. En fin, es la mejor manera que se me ocurrió de acercarme a la canción, con respeto, pero sin miedo a que se transformara en otra cosa.

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