Conde.

Con ‘El deshielo’ (Error 404, 2018) Conde se enfrenta a sus canciones desde una perspectiva más personal y costumbrista, dejando atrás el aroma a novela negra que destilaba el concepto de su primer disco en solitario, ‘Reverbville’ (Clifford Records, 2015) pero incidiendo en las constantes estéticas que han marcado su trayectoria reciente. Eso sí, el músico malagueño se ha rodeado de sus propias malas semillas – junto a la banda formada por músicos como Miguel Marcos Fernández, Richard Libeton, Mauricio Pujadas y Diego Serrano Bazaco, con la que presentó el disco en la sala Costello Club de Madrid  –  para reforzar el andamiaje sonoro de unas canciones que tratan los grandes temas sin apenas dar un sólo rodeo, y con las que narra historias cuyos protagonistas reflejan, en gran medida, sugerentes manifestaciones de la propia vida de su creador. Un rock artesano de poso agridulce y maneras atemporales con el que el autor de ‘El cantante’ rinde su particular homenaje a los grandes intérpretes de ayer, hoy y siempre, instigado por el loable empeño de invocar a la emoción con cada nota.

Portada de ‘El Deshielo’.

‘El deshielo’ es un disco marcado por los cambios y las mudanzas, (de sello, de casa) ¿Una forma de enfrentarte a la ansiedad que pueden generar lo desconocido y lo que está por empezar a través de las canciones?

Las canciones siempre sirven de terapia si éstas son sinceras. Al autor le sirven para conjurar a los demonios y para aliviar la carga. Con las canciones vas soltando lastre para que el equipaje no pese tanto a la hora de encarar una nueva etapa del viaje vital y musical. Y al oyente le ayudan también, de una u otra manera, porque cada uno las hace suyas, porque las canciones son de todos y a la vez no son de nadie. Te puedes ahorrar un pastón en psicoanalistas haciendo canciones, aunque a veces no sea suficiente.

Los seres humanos nos enfrentamos a lo desconocido cada día. Tras el sonido del despertador, te encaras con un mundo nuevo, cambiante y en ocasiones tremendamente hostil, y yo sigo creyendo en la mágica terapia de las canciones.

Atesoras una larga trayectoria como músico pero éste es el segundo trabajo con tu nombre. ¿Sientes algún tipo de cosquilleo emocional cuando una obra tuya está a punto de ver la luz o es algo que ya has superado con el paso del tiempo?

Yo siempre me pongo nervioso a la hora de estrenar obra, es algo que creo que no se supera nunca. Por suerte o por desgracia soy muy ambicioso con mi trabajo, y siempre espero que mi nuevo disco sea el mejor de los posibles, y me cabreo conmigo mismo si alguien hace un disco mejor que yo. La ambición en un artista es una cualidad (o un defecto) que yo pienso imprescindible. Acomodarse, amoldarse al mercado o a tu propia obra hace que no avances. Cada disco, cada obra artística o lo que sea, debe servir para algo a alguien, si tu obra no ayuda, de la manera que sea a nadie, sinceramente, pienso que es una pérdida de tiempo. El mundo no necesita discos que no sirven. ¡Ojo!, no tiene que ser algo profundo o didáctico, puede ser simplemente algo que te haga mover los pies o el culo, pero debe tener una utilidad. Si tus canciones no generan algún tipo de emoción, igual deberías pensar en cambiar de trabajo, que éste, además, está muy mal pagado.

‘El deshielo’ tiene toda la pinta de ser un disco de redención, o quizás de asunción de ciertos designios vitales que, una vez superada la urgencia de la juventud, nos hace ser más conscientes del aquí y ahora. Más satisfechos pese a los sinsabores o las derrotas. ¿Me equivoco?

La verdad es que tienes toda la razón. Yo me siento cada vez más satisfecho conmigo mismo y mi trabajo, eso no quiere decir que ya he llegado a donde quería llegar, ni mucho menos. Pero sí que es verdad que como autor y como intérprete me siento cómodo en mis zapatos. A pesar de lo ingrata que a veces puede ser esta profesión, sobre todo en estos tiempos (musicales) aburridos y planos en los que vivimos, creo que es el mejor trabajo que se puede tener, aunque parezca que en estos días ser músico sea más una afición que un trabajo serio. La edad también te ayuda a enfocar en lo realmente importante y dejar pasar lo superfluo. Las canciones se alimentan de nuestras derrotas y de nuestros fracasos, también de los éxitos, pero estos, desgraciadamente, son los menos.

Aún así, grabar un disco y todo lo que ello supone es casi un acto de fe en estos tiempos. 

Uno graba discos porque no puede hacer otra cosa. Esto no se elige, esto te elige a ti, y a veces parece más una condena que una elección personal. Uno se siente como una madre recién parida, que se dice a sí misma, “uno y no más Santo Tomás”. Tras el parto, pocas mujeres se plantean volverse a quedar embarazadas, pero con el tiempo se olvida el propósito y vuelves a caer, porque el proceso es algo maravilloso. A mi me encanta grabar discos, si pudiera haría uno detrás de otro, pero cuando ves la respuesta del resto del mundo y el poco caso que se hace a tus canciones se te quitan las ganas. Sobre todo me refiero a los medios masivos, el público es bastante más sabio que todos los que van por ahí dando lecciones. La gente se mueve más por lo que le dicta el corazón y en eso siempre acertarán, el problema es que la mayoría de la música de verdad no llega a ellos, a pesar de la cantidad de posibilidades que hay, no todo el mundo tiene tiempo ni ganas para investigar y buscar. Yo sé que mi música difícilmente va a ser masiva, y mira que me gustaría que lo fuera, pero son factores que no dependen de mí y que yo no puedo controlar. Lo único que puedo hacer es escribir canciones sinceras.

Este disco parece menos literario que ‘Reverbville’. Más bien creo que es autobiográfico y mundano, aunque partiendo siempre de tu habitual esmero con la lírica. ¿No es así?

Es menos literario en el sentido de que no está tan pensado. En ‘Reverbville‘ partí de un concepto claro y se planeó como se planea una novela o un guión, y era justamente eso lo que quería hacer en el momento en el que lo escribí. ‘El deshielo‘ parte de una premisa muy diferente. Quería hacer un disco de canciones que aparentemente no tuvieran ningún nexo de unión entre sí. Aunque más tarde, cuando las vi todas juntas, me di cuenta de que a pesar de todo, tenían un enlace claro entre ellas. Sí que es un disco más autobiográfico. Y aunque sigue habiendo personajes entre sus surcos, todos ellos son yo, de alguna manera. Me reconocí en esas historias aparentemente dispares. El ‘Malagueño pedigüeño‘, ‘El cantante‘, Juan Sacramento, el tío que se va a cenar con el capitalismo, todos ellos son diferentes facetas de mi personalidad. Y aunque no fue premeditado, es un disco autobiográfico, de alguna manera. Si hablas de ti mismo, hablas de toda la humanidad, como dicen por ahí.

Resulta inevitable pensar en Tom Waits o Nick Cave cuando suenan los primeros acordes de canciones como ‘Un, dos, tres’ o ‘Y no hay canción de amor’. ¿Son los referentes más claros de ‘El deshielo’?

Tom Waits es el referente más claro de este disco, aunque no el único. Pero Tom vive en un universo tan personal que si eres muy evidente en la influencia, se te nota demasiado, caes en su trampa con mucha facilidad. Yo quise acercarme (un poco) a su universo creativo sin dejar que se me pegaran demasiadas cosas, porque él es único en su especie. Hay otros, y seguramente Nick Cave sea uno de ellos (también de mi productor, Miguel Marcos). Pero también pienso en: ¿qué harían Leonard Cohen o Bob Dylan? Aunque me acuerdo de ellos más en la parte lírica que en la melódica. Y hay artistas que siempre me persiguen, como Scott Walker, Serge Gainsbourg, Sinatra, Elvis Presley, Richard Hawley, Brian Wilson o The Velvet Underground.

¿Tu proceso creativo es rutinario, tal y como hace el propio Nick Cave con su horario de oficinista en Londres o te mueves por las aguas de la improvisación?

Realmente, no tengo un proceso creativo único. Sí que es cierto que intento sentarme al piano cada día, intento componer algo los siete días de la semana, de una manera ordenada, aunque no siempre sale. Pero a veces compongo con la guitarra, viendo la tele y con el caos como compañero. Y a veces compongo paseando por la calle. No tengo normas. Creo en la rutina, pienso que es una buena consejera, y trabajando te suele venir la inspiración, pero no siempre. A veces la música de las esferas te impacta en el autobús o en el metro o paseando por la playa o en la ducha. La grabadora de los móviles es el mejor invento de la humanidad.

En una entrevista radiofónica reciente has comentado que “se es underground por falta de dinero“. ¿El capitalismo ha dejado de pasarse a buscar a los que operan en los márgenes?

El capitalismo se ha vuelto conservador y extremadamente temeroso con sus bienes, aburrido y tacaño. Ha dejado de invertir en lo arriesgado y en lo novedoso. En los tiempos actuales nadie hubiera dejado grabar a los Beatles o a Frank Zappa, o a Tom Waits o a Brian Wilson, o a cualquiera que representara el más mínimo riesgo para sus carteras. Llevamos décadas aposentados en una especie de “no lugar”, en una brecha entre tendencias de moda que no llegan a ser masivas por un motivo u otro, principalmente por su falta de riesgo y autenticidad. Curiosamente, esto coincide con la llegada de las redes sociales: cuando parecía que todo iba a estar permitido, resulta que nadie hace nada que se salga mínimamente de la norma no escrita de estos tiempos tan sosos y rácanos. Se nos ha vendido que el progreso será tecnológico o no será y eso es una de tantas falacias que nos cuelan cada día. Las obras artísticas o los artistas que actualmente son apoyados, son fagocitados por la máquina para después ser vomitados con un nuevo aspecto más adecuado para sus intereses. La juventud es la nueva panacea. El soma de nuestra era. Todo está tan calculado que no hay margen para la maniobra. Todo se reduce a vender lo conocido y lo domesticado. Las tiendas de Apple se han convertido en las nuevas catedrales.

¿Sientes cierta nostalgia de los modos añejos? Me refiero a métodos de producción, promoción, el trato al artista…

No soy una persona muy nostálgica, pero sí que añoro los tiempos en los que podía ser un artista y nada más. No me gusta estar pendiente de todos los aspectos de mi carrera profesional. Yo hago canciones y las canto, soy un humilde artesano. No soy vendedor, ni empresario, ni telefonista, ni promotor, ni mánager, ni operador de cámara. No sé hacer esas cosas, no debería hacerlas porque hay gente que las hace mejor que yo. Escribir y cantar ya son trabajos lo bastante duros para tener que encargarme de lo demás, pero no me queda otro remedio, a mi pesar. Hoy en día todo el mundo te trata como a una mierda, la gente es maleducada y ruin, parece que te estén haciendo un favor por levantar el teléfono. Eres el último eslabón de una cadena que solo existe porque tú existes. Los nuevos medios de producción solo respetan al intermediario, que es el único que gana dinero y honores. Y nosotros, los creadores, no somos los únicos, le pasa lo mismo al tío que planta tomates o calabacines, este pavo recibe un precio tan bajo por su producto que a veces no le compensa plantar nada.

¿Una de tus principales misiones como autor e interprete es la de poner al día la figura del crooner?

La figura del crooner no está de moda, porque no está de moda nada de lo que éste representa: El buen hacer, el cariño al detalle, la comunicación sincera, el trabajo esforzado, el “Gran Pop”. Nada de eso se valora y los crooners se han convertido en una figura graciosa y pasada de moda que anima a los invitados de una boda. Yo tengo un pie en la transgresión del rock, otro en la inmensa figura del songwriter y las manos en la elegancia del tío con zapatos italianos, traje con chaqueta de tres botones, solapas estrechas y pañuelo en el bolsillo superior. No es algo impostado, para mí es lo más natural, hago lo que me gusta, me siento bien dentro de esa categoría. Lo único que me importa es que las canciones sean necesarias, longevas y el acabado tenga entidad y empaque. Si soy un crooner por eso, bienvenida sea la etiqueta. Me gusta cantar y hacerlo lo mejor posible, pienso que un cantante debe emocionar a su público con su voz, no hay mejor manera de comunicar el mensaje. Y no es que uno deba tener la técnica de Sinatra para poder cantar, el secreto del crooner es la sinceridad y la emoción, aunque tengas un hilo de voz.

El amor está muy presente en este disco, ¿Crees que se ha devaluado este sentimiento quizás abotargado ante tanta actitud destructiva fortalecida por lo inocuo de la vida digital?

El amor es lo único que hace que levantarse por las mañanas merezca la pena. Hace que el ser humano pueda seguir adelante, es el machete que corta el intrincado enramaje de la selva inhóspita. Las canciones pueden hablar de lo que sea, no hay reglas. Pero hablar de algo tan importante como el amor creo que sigue siendo útil y necesario. Aunque hay muchas maneras de hablar sobre él, se han escrito miles de canciones tontas que hablan del tema y no necesitamos más de esas, pero sí que hacen falta canciones que profundicen, que cuenten lo bueno y lo malo, no tanto hablar del amor romántico y bobo como hacerlo desde un punto de vista más maduro. El fin del mundo llegará cuando el amor pierda la partida. Hoy todo es apariencia, apariencia de felicidad, de belleza, apariencia de riqueza, todo es vano. Pero el amor de verdad sigue siendo puro y no deberíamos tomarlo a broma porque es nuestro único salvavidas frente al oleaje.

Elvis sigue siendo un figura omnipresente en tu obra. Siempre le otorgas roles de poder. ¿Así es como se aparece en tus sueños?

Seguramente sea así. Para mi Elvis es un icono y un símbolo, en muchos sentidos. Su figura representa como nadie la naturaleza del pop, como popular y como modernidad bien entendida. También representa la dureza de la caída y cómo puedes volverte loco teniéndolo todo. De alguna manera es un espejo en el que mirarse para lo bueno y para lo malo, es lo que debe ser y lo que no debe ser, todo en uno. Una inmensa figura sobrehumana repleta de contradicciones, lo que lo acerca aún más a la humanidad, a nosotros mismos. Es como nosotros, contradictorio y único. Además de ser un intérprete increíble y un músico fantástico, también es un reflejo de una época musical irrepetible, la que va de los 50 a los 60, una época en la que el mundo cambió gracias a la labor de unos cuantos tíos y tías con guitarras y lápices.

¿Crees que ‘El deshielo’ podría ser la banda sonora perfecta de la vida de aquellos que maniobran en su cotidianeidad ocultos tras el ruido?

Yo pienso que ‘El deshielo‘ es un disco cargado de empatía. En estas canciones solo me apetecía hablar de gente que no tiene voz para hablar de sus problemas, de gente que está en la parte de abajo de la pirámide. Las vidas de las personas humildes merecen ser contadas, aunque sea a través de unas canciones que no arreglarán nada, seguramente, pero creo que es necesario contar esas pequeñas historias, al menos para mí. El mundo es un lugar muy peligroso para la gente humilde, se ha convertido en un animal voraz. Hay una posibilidad muy real de que el capitalismo feroz al que nos dirigimos acabe con la democracia y la democracia es la única garantía y el último puesto defensivo que tenemos las personas frente a la máquina. Conviene recordar que todos podemos estar en el arroyo si te dan una mala mano en el reparto. Por eso en este disco solo se habla del hombre y la mujer común, las personas que aguantan el mundo en sus manos. Las únicas personas que podrán ayudarte si te caes son ellos, todas esas personas de buena voluntad que abarrotan el metro y las calles. A veces el ruido de fondo nos impide oír sus voces, pero a pesar de ello siguen estando ahí, aunque nadie los vea, aunque nadie nos vea.

 

 

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