Los Caramelos de Charlie Mysterio.
Los Caramelos de Charlie Mysterio han tenido a bien compartir con el mundo la cassette que contiene el segundo volumen de la saga ‘Cicatrices de un cuento’ (Discos Walden, 2018), donde la banda madrileña exhibe su portentoso dominio del pop doméstico y el culto a la canción, aunando calculada introspección, talante elusivo y compostura ficcionada. Alusiones a la ciencia, personajes históricos que apenas encontraron hueco en la historia, penitencias, fiestas veraniegas repletas de imposturas, nostalgia juvenil o corazones henchidos de esperanza y brisa mediterránea que en voz de Charlie Mysterio, protagonista en este artículo de una charla que ofrece luz sobre algunos aspectos de su enigmática figura y que extiende su sombra sobre algunos otros, elevan el pop artesanal a la categoría de arte. Un puzzle por construir, que podemos completar escuchando sus canciones o leyendo el ilustrativo panegírico que escribe su amigo, el músico Álvaro Tarik (Tarik y la Fábrica de Colores, Summer Spree) y que pone la excelsa guinda a esta entrevista.

Según cuenta la historia, María Mancini (conocida entre otras muchas cosas por su noviazgo con Luis XIV) tuvo constancia de la publicación de unas memorias falsas con su nombre que llevaban por título ‘Les mémoires de M.L.P.M.M. Colonne G. Connetable du Royaume de Naples’. Decidió tomar cartas en el asunto y publicar el verdadero relato de su controvertida vida, en los tomos ‘La verité dans son jour’ ‘y  ‘La verdad en su luz’. ¿Las ‘Cicatrices de un cuento II’ son el verdadero relato de la vida de Charlie Mysterio, escrito por él mismo?

Maria Mancini es también la aromática marca de cigarros que fuma el protagonista de una conocida y formidable novela. Los puros me encantan, también el tabaco de pipa. ¿Tintes autobiográficos? Más bien tinta rápida sobre una agenda gastada. Notas, sketches, observaciones cotidianas. Robo de lo que veo y escucho. Sin piedad.

Te pones un poco en plan Antonio Galvañ (Parade), por esas alusiones a la ciencia de ‘Órbita’ y ‘Moléculas inevitables’, ¿no?

Parade es un referente, le sigo desde el principio. La ciencia también gustaba mucho a las Vainicas (Vainica Doble). Es inspiradora. Posee una terminología misteriosa, críptica, que dirige tu mente a otros planos de la realidad. Más que por lo que cuenta me atrae la ciencia – me confieso totalmente neófito – por cómo lo cuenta.

Has escrito tonadas como ‘Origami’ (publicada en tu disco ‘Esconde tus alas en la torre fantasma‘) o ‘Papel japonés’…¿Qué tiene la delicadeza nipona que llega a chiflarte hasta tal punto de condicionar la creación de canciones?

Precisamente es la delicadeza con que afrontan los días, las tareas cotidianas. Japón es encantador. Nos devuelve con ternura nuestra cansada mirada occidental. Wilde decía que Japón realmente no existe, es una invención nuestra. En parte tiene razón. Me gusta imaginar que estoy en kimono, en una casa de campo cerca de Kioto. Y que las horas son antiguas, como la del dragón.

¿De verdad piensas que eres como un personaje de ficción?. ¿El nombre de Charlie Mysterio siempre sonará a rol de cómic de Will Eisner?

Todos somos personajes de ficción porque imaginamos vidas paralelas. El uso de un alias es una máscara, una invitación al carnaval. Spirit me gustaba aunque lo he leído muy poco. Conservo pocos cómics de juventud. Realmente los perdí todos en una tarde aciaga.

Portada de ‘Cicatrices de un cuento’ (Vol. II)

¿Qué me dices del estornino en portada?. ¿Es tan cantarín y jovial como aparenta?

Lo ignoro. Pero sí lo sabe la autora de tan hermosa portada: la joven ilustradora gallega María Pampín.  Además de artista talentosa, María es ornitóloga. Una mañana escuché un pájaro que cantaba al amanecer.  Lo grabé y se lo mandé a María. Era un canto precioso, pura música. Me dijo de inmediato de qué especie se trataba. Con la precisión e inmediatez de una experta. Sueño con un álbum de ilustraciones suyas sobre aves favoritas.

Hay algo de final de verano, de nostalgia interior en una pareja de canciones con poso melancólico: en ‘Fiestas de fin de verano’, pese a su gesto forzado de felicidad y ‘Sílaba estival’, una suerte de brisa folk con aires mediterráneos. ¿En qué medida crees que afectan las estaciones a las canciones?

Chelsea Girl‘ de Nico es el disco ideal para escuchar cuando el verano toca su fin. Lo tórrido da paso a lo tenue. Las estaciones no se perciben en la gran ciudad, pero en el campo son ceremoniosas. Otoño es recogimiento, meditación. Su luz es la más hermosa del año. Y sus colores son vivos, insospechadamente. De atardeceres rojizos. No es casual que Ray Davies consagrase la estación en su ‘Autumn almanac’.

El otro personaje femenino del disco (una de tus especialidades, no olvidemos a Sylvia Couski o a ‘Francesca Woodman’) es ‘Ana Lema’. ¿Se trata de alguien de tu esfera íntima o bien de un juego de palabras de tintes astronómicos?

Es sólo un juego de palabras. Volvemos a la ciencia. Astrofísica, cosmología…. El Universo es una sinfonía perfecta que existe gracias a seis movimientos perfectamente coordinados. Y es porque existimos nosotros, que reflexionamos acerca de él. El pez que se muerde la cola.

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Charlie Mysterio.

En mi humilde opinión, el hit del disco, por su pegada electro que combina el baile a lo Franco Battiato, la clase de Carlos Berlanga y la melodía en plan Eli et Jacno, es ‘Los amos de la noche’. ¿De dónde viene esa maravilla?

En mi no humilde opinión Eli et Jacno son siempre reivindicables. La canción de ‘Los amos de la noche’ estaba pensada en un principio para Yanara Papaya. Tal vez se anime a cantarla. Me haría mucha ilusión. De todas maneras habrá pronto un remix.

¿Y esta defensa a ultranza del formato cassette? ¿De verdad crees que es capaz de batir en duelo al vinilo? ¿No será una trama para vencer a la nostalgia que rememora viajes en coche, mixtapes personalizadas y fiestas privadas adolescentes rodeado de pletinas?

La cassette ha vuelto a estar de moda. Muchos la atacaron y la condenaron al olvido. Pero ha renacido. Para la juventud es algo cool. Práctica, manejable, barata. Yo siempre me fijo en la gente joven. Velar y dormir, pero que el sueño sea joven. Y el devenir deja de ser un problema. La cassette es hoy, ahora. Ya no se va a marchar. ¿Alguien se cree que un MP3 suena mejor que una cassette?

En invierno parece ser que saldrá una tercera parte. ¿Las fechas de publicación parten de algún plan para dominar la industria musical?

¿Existe aún la industria musical? Las industrias están cayendo porque no son circulares. La música siempre fue circular: grababas una cassette para los demás, pero ellos también lo hacían para ti. La buena música rulaba, se movía, se transmitía. De unos oídos a otros. Cambiabas cintas como cambiabas cromos en el patio del cole. La cassette simboliza el intercambio. Es un valor seguro. Y se graban en casa. Las mejores cassettes no fueron las que se vendían en las tiendas, sino las que la gente inventaba de forma doméstica, portadas incluidas. John Cusack se adelantó al actual revival hace casi 20 años en ‘High fidelity‘.


Charlie Mysterio, por Álvaro Tarik

Hace cinco años, conduciendo una tarde de verano a lo largo de la costa gaditana, sintonicé Radio 3 para escuchar Flor de Pasión. Juan de Pablos me sorprende siempre con un delicioso single que nunca oí antes, una banda tejana y hip de garaje, exploradores del riff de guitarra perdido, o un grupo femenino que me hace naufragar en la nostalgia con voces de sirenas doo-wop. Esa tarde de modorra salada y anuncio de colosal puesta de sol, de entre el monótono ronroneo del motor y el palique de Juan de Pablos, brotaron dos canciones, dos flores de asfalto. Sonaron ásperas y dulces como rosquillas de canela, una instrumental y otra cantada —apenas susurrada— en español. De Pablos las presentó con cariño, y habló de Los Caramelos y, en particular, de un tal Charlie Mysterio con la reservada ternura de quien habla de un hijo adulterino no reconocido hasta pasados demasiados años. “Me mandaba siempre casetes por navidades”, dijo con un afecto conmovedor y soplando un poco por la nariz.

Soy capaz de detectar una buena canción pocos segundos después de su comienzo. Llevo muchos años en esto. Están los acordes de monja y los que trasmiten algo especial; está la música roma y predecible, y la que atraviesa el tejido emocional. Aquellas dos flechas de pop eterno sonaban especiales y trasmitían emociones. Sugerían esa premisa que dice que detrás de cada gran músico hay una gran colección de discos. Por los altavoces del coche brotó música de gracia animal, de sonido básico, ronco pero aseado, que reunía ciencia de muchas tardes junto al equipo de música, muchas fiestas de singles y cócteles, muchas casetes grabadas en casa y rematadas con cubiertas primorosas. Hay que ser muy sabio para grabarle casetes a Juan de Pablos.

Unos meses más tarde, durante un ensayo de ‘A través de la luz‘, mi amigo Fernando Vacas me hablaba de un tal Charlie Mysterio. El nombre hizo sonar la campana de una iglesia cercana, y recordé el fulgor naranja de aquel viaje por Tarifa. Casualidades y causalidades, que diría Fernando, me comentó que el misterioso Charlie era admirador de Tarik y la Fábrica de Colores. Y en un bar, después de una representación de la ópera flamenca en Madrid, mientras agitaba mi tique de consumición en la barra para llamar la atención de la camarera, fue el propio Fernando quien vino a presentarme a Charlie, que andaba por allí. Cuando pensaba que yo era la única persona que paseaba en primavera por Madrid vestido con chaqueta seersucker, allí estaba Charlie, impecablemente enfundado en una, para desmentirlo.

Inevitablemente, Charlie y yo somos amigos. Gracias a él descubrí el Palermo, bienaventurado decano de los bares de música de Madrid, que ya es decir. Admiro su talento, su sabiduría pop, su cháchara con la voz aguardentosa de quien ha vivido en Madrid toda la vida. En los pubs nos arrebatan igual Manfred Mann, Nacha Pop, Madonna, Chic o Dr. Feelgood, mientras suenen a buen volumen. Voy a visitarle a su retiro en las alturas de Guadarrama con una botella de vino y él prepara una pasta con verduras. Hasta eso le sale bien. Intercambiamos singles de vinilo, como quien vive en los años 60. Hablamos de ropa, de libros, de películas y de discos, de muchos discos. Charlie también sabe mucho de café, siempre tiene café bueno en casa. Una vez escribió un estudio sobre el mercado de cafés en España. Muchas de sus canciones son como el buen café: cafés solos, elegantes, armónicos. El café solo, sabedlo, se toma en taza muy pequeña, seamos civilizados.

Me escribe para anunciarme la publicación del disco nuevo de Los Caramelos. Artista del collage como es él, en este disco le ha quedado uno perfecto. Llego a la cuarta canción, ‘Papel japonés‘, y ya estoy subiendo el volumen y abriendo la botella de whisky que tenía reservada para ocasiones especiales. Qué más especial que esto. Cada disco de Los Caramelos es como una cajita de dango de té verde japonés, un surtido de chocolates belgas, un paquete de Blue Mountain jamaicano, un cofre de puros Cohiba. Me dice que me tiene guardada la casete. Regálamela por navidades, Charlie, que luego daremos una vuelta por ahí, atravesando el frío madrileño.

 

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