Bertrand Betsch / À Rebours

Bertrand Betsch es una figura que camina a contracorriente dentro de la escena de la música francesa. Desde su debut con La Soupe à la Grimace en 1997, ha cultivado un estilo personal e inquebrantable, cercano al folk-pop galo, pero siempre con una pizca de introspección melancólica que le aparta del radar de lo popular. Su última entrega, À Rebours (2024), es un proyecto tan introspectivo como el título sugiere: un álbum que revive canciones inéditas de su etapa inicial, compuestas entre 1993 y 1998, pero regrabadas en 2018.

El álbum reúne once pistas que funcionan casi como una arqueología personal. Temas como “Une Belle Personne” –un raro experimento electro-pop (casi a la manera de un Burgalat de andar por casa) que abre el disco– marcan una desviación interesante, aunque aislada, del resto del trabajo, que sigue una línea más acústica y minimalista. Betsch es parco en sus letras, como si cada palabra estuviera medida para evitar cualquier atisbo de grandilocuencia. “Se Faire Vieux” y “Décembre” - canciones que cierran el disco - reflexionan sobre el envejecimiento y el peso de las expectativas con un tono que oscila entre la resignación y la ironía.

Si algo queda claro es que Betsch no busca recrear ni embellecer el pasado. Las regrabaciones respetan la simplicidad de las maquetas originales, dejando intencionadamente algunas asperezas en los arreglos, como si quisiera recordarnos que el perfeccionismo puede ser el enemigo de la autenticidad. Este enfoque es coherente con su visión artística, que evita la pulcritud excesiva en favor de algo más tangible, más humano.

À Rebours fue publicado en una edición limitada de 200 copias, un detalle que subraya su carácter casi artesanal. No es un álbum que pretenda llegar a una audiencia amplia, ni lo necesita. Para Betsch, este es un ejercicio de exploración personal, un intento de trazar un mapa entre quién fue y quién es ahora, sin caer en la nostalgia fácil. El resultado es un trabajo que podría desconcertar a quienes busquen estribillos memorables o estructuras impecables, pero que propone otra cosa: un viaje pausado por los intersticios del tiempo y la vulnerabilidad. No busca impresionar, sino plantear preguntas que se quedan en el aire, como una conversación inconclusa. ¿Revolucionario? No. ¿Honesto? Sin duda. Y en un panorama donde la inmediatez lo devora todo, esa contención resulta refrescante.