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Ben LaMar Gay.
Portada de ‘Benjamim e Edinho’

Partiendo de la improvisación y haciendo gala de un perfil estético que combina vanguardia con cierta accesibilidad (entre sus influencias caben tanto Steve Reich como Prince), el cornetista de Chicago Ben LaMar Gay refrenda su altamente productivo último año – no se pierdan discazos del calibre del recopilatorio ‘Downtown Castles Can Never Block The Sun‘ (International Anthem, 2018) o la colección de grabaciones de campo y cintas caseras ‘Grapes‘ (International Anthem, 2018) – con un trabajo producido y tocado a pachas con el guitarrista brasileño Edinho Gerber, y que cuenta con puntuales colaboraciones del batería Tommaso Moretti o el saxo tenor Rob Frye.

En ‘Benjamim e Edinho‘ (editado en Diciembre de 2018), la conexión entre el norteamericano y el carioca, que se fraguó tras una estancia del primero en el país que ahora gobierna látigo en mano Jair Bolsonaro, cristaliza en un álbum breve (apenas 30 minutos) dónde las texturas jazz colisionan con sutileza pero una firme energía interna con el rasgar cadencioso del samba y la bossa nova, teniendo la figura del ya fallecido multi-instrumentista Moacir Santos (aquel genio al que el gran Vinicius de Moraes reverenciaba en ‘Samba da Bênçao) como referencia más evidente.

El tema que abre el disco, ‘Dere my baby go‘ es un fiel reflejo de esta tesitura, con su traje de blues avanzado y que apela al riesgo sutilmente con los apuntes de guitarra de Gerber, ya que factura una deconstrucción del violâo que hace pensar en los acordes más rugosos de su compatriota Vinicius Cantuaria. El ritmo se convierte en el gran protagonista del siguiente corte del disco, ‘Swim swim’, con su aire metronómico y tribalista, que da paso al naturalismo evocador de ‘Weapons‘ (¿otra vez Bolsonaro?) y ‘Golden thrush‘. El trabajo aún guarda joyas que brillan dentro de su iconoclastia, como la turbadora ‘Empregada‘, hipnótica y ritual o el corte que cierra el disco, ‘Ye ye‘, con un sonido que conecta África con Estados Unidos y Brasil (afrobeat, jazz, samba), subrayando que con los oídos bien abiertos y manteniendo las ganas de conectar, la música puede y deber seguir resultando excitante.