“Many battles we been in them now we rebuildin’ them”. La frase aparece en To the 5 Boroughs y hoy suena casi mejor que entonces. En 2004 hablaba de una Nueva York tocada, todavía descolocada por el 11-S, intentando recomponerse entre la conmoción, el ruido patriótico y una presidencia, la de George W. Bush, que convirtió el miedo en una forma de gobierno. Escuchada ahora, más de veinte años después, vuelve con otro eco. Estados Unidos sigue metido en batallas, pero muchas ya no le vienen de fuera, o no solo de fuera, sino de su propio interior, con un poder político cada vez más dado a la amenaza, la sobreactuación y el disparate con cara de panocha. En ese clima, volver a To the 5 Boroughstiene bastante sentido. Porque fue el disco con el que los Beastie Boys decidieron mirar alrededor con algo menos de broma y algo más de atención.
Publicado en junio de 2004, fue su primer álbum tras los seis años que separaron Hello Nasty de este regreso. Y se nota enseguida que algo había cambiado. Los Beastie Boys de los noventa podían permitirse casi cualquier cosa: mezclar rap, punk, funk, hallazgos de estudio, ocurrencias geniales y tonterías varias sin perder el hilo. Aquí hicieron otra cosa. Cerraron el plano. Se quitaron capas. Apostaron por un disco casi enteramente de rap, con ritmos programados, bases secas, cajas de ritmos 808, scratches de Mix Master Mike y una producción más contenida de lo habitual. No era una simple elección de estilo. Tenía que ver con el momento y con la ciudad en la que seguían viviendo.
La huella del 11-S está en todo el disco, aunque no de una forma aparatosa. No pesa como un discurso, sino como un cambio de atmósfera. Ad-Rock contó después que sus bromas de siempre ya no le parecían tan divertidas, y seguramente no hace falta mucho más para entender por dónde va el álbum. To the 5 Boroughs no deja de sonar a Beastie Boys, pero sí suena a unos Beastie Boys algo más serios, o mejor dicho, algo más conscientes de lo que tenían delante. An Open Letter to NYC lo explica bien. Es una canción sobre una ciudad herida, pero no derrotada; sobre una ciudad que sigue ahí, con su mezcla, su nervio y su forma de aguantar el golpe sin dejar que toda la conversación gire en torno al agujero.
Ese cambio también se nota en las letras más claramente políticas. It Takes Time to Build es seguramente el caso más evidente. Ahí el grupo carga contra Bush, contra la guerra, contra el nacionalismo de saldo de aquellos años y contra una manera de compartimentar el mundo a base de miedo y simplificación. Escuchado hoy, todo eso no ha perdido precisamente vigencia. Más bien al contrario. Lo interesante, en cualquier caso, es que los Beastie Boys no se ponen solemnes ni escriben desde un pedestal. Siguen escribiendo como ellos: con ritmo, con ironía, con esa forma tan suya de meter una idea afilada en mitad de una canción que no deja de moverse.
También por eso funciona el sonido del disco. Frente a la amplitud de Ill Communication o Hello Nasty, aquí manda una idea mucho más cerrada. Adam Yauch, Mike D y Ad-Rock quisieron hacer un álbum “100% rap”, y eso se nota en la forma en que todo está organizado. Fue además el primer disco producido enteramente por ellos mismos en Oscilloscope Laboratories, su estudio de Manhattan, y se percibe un deseo muy claro de no dispersarse. Las 808 pesan, Mix Master Mike mete mano donde toca, los samples enlazan el álbum con la vieja escuela del hip hop neoyorquino y todo suena bastante limpio, bastante seco, bastante centrado. A algunos les pareció demasiado rígido. Puede ser. Pero esa misma rigidez es también parte de su gracia. Es un disco que renuncia a unas cuantas cosas para dejar más espacio a otras.
Y luego está todo lo demás, que en un disco de los Beastie Boys nunca es poco. Porque To the 5 Boroughs está lleno de referencias a series, películas, juguetes, marcas, comidas, nombres propios y restos de cultura popular norteamericana. Solo que aquí esas referencias no parecen un simple festival de ocurrencias. Siguen siendo divertidas, claro, pero también dibujan un paisaje. Ch-Check It Out mezcla Star Trek, sitcoms antiguas y humor absurdo con una naturalidad total. En The Brouhaha aparecen Bones McCoy, Sulu, los phasers o ecos de Gary Coleman; en otras canciones se cuelan Jabba the Hutt, Darth Vader, The Cable Guy, E.T. o The Warriors. Los Beastie Boys siempre tuvieron esa habilidad para citar sin parecer listillos. Nunca daba la impresión de que sacaran referencias para lucirse. Las usaban como quien habla desde dentro de ellas.
Pasa igual con el hip hop y con la música en general. Triple Trouble juega con Rapper’s Delight de Sugarhill Gang; Right Right Now Now mira hacia Public Enemy; It Takes Time to Build deja ver a EPMD por el rabillo del ojo. Y por el camino aparecen Dolly Parton, Carl Sagan, Cerrone y un montón de marcas, juegos y productos que en otras manos serían simple atrezzo. En las suyas forman parte del idioma. Esa era una de sus mayores virtudes: convertir toda esa chatarra cultural en algo vivo, cercano, casi familiar.
Los videoclips del álbum prolongaron bastante bien ese equilibrio entre humor y comentario lateral. Ch-Check It Out, dirigido por Nathaniel Hornblower, el célebre alter ego cinematográfico de Adam Yauch, explotaba la veta trekkie de la canción con una estética deliberadamente rara. Shazam! insistía en el juego del disfraz y el juguete. An Open Letter to NYC, en cambio, llevaba el foco a la ciudad. No fue una etapa de grandes cameos deslumbrantes, pero sí de muchas presencias indirectas: samples de Chuck D o LL Cool J, ecos del rap clásico de Nueva York, restos de cultura pop que entran y salen de las canciones con total naturalidad.
La reedición reciente ayuda bastante a volver al disco sin compararlo todo el rato con sus hermanos mayores. La nueva edición ampliada lleva por fin al formato físico la versión digital de lujo de 2019 y lo hace con una presentación muy cuidada: 3LP de 180 gramos o 2CD, once pistas extra entre rarezas, remezclas y caras B, y un diseño que prolonga bien el imaginario del original. Los extras, con nombres como Graham Coxon o Just Blaze, no cambian lo esencial, pero sí sirven para volver a escuchar el álbum desde un barrio distinto.
Porque To the 5 Boroughs siempre ha ocupado un lugar un poco raro dentro de la discografía del grupo. No suele aparecer el primero cuando se habla de sus obras más queridas, y sin embargo el tiempo lo ha tratado bien. Quizá porque ahora se ve mejor lo que entonces podía pasar más desapercibido: que no era un disco menor, sino un disco deliberadamente más estrecho, más concentrado, menos dado a la exhibición. No quería abarcarlo todo. Quería fijar una posición.
Escuchado hoy, sigue sonando a eso: a un grupo que, en un momento complicado, eligió bajar al barro y se puso a trabajar con lo que tenía más a mano. Rap, ciudad, memoria cultural, cabreo político y bastante oficio. No es poco. Y queda, claro, una idea inevitable. Qué lástima que Adam Yauch no siga aquí para ver en qué clase de país se ha convertido otra vez Estados Unidos. Cuesta no pensar en el disco que podrían haber hecho los Beastie Boys después de la era Trump. Seguramente habría sido incómodo, mordaz, muy vivo. Y probablemente también bastante bueno.


