Barbara Carlotti / Chéris ton futur!

Barbara Carlotti regresa con Chéris ton futur! (2025), un disco concebido para defender lo bello en medio del desorden. Séptimo álbum de una carrera que ha sabido mantenerse al margen del ruido, este trabajo suena como una afirmación: en tiempos turbios, se puede —y se debe— ser optimista. O por lo menos elegante. Porque si todo va a acabar mal, que nos pille escuchando unas cuerdas bien mezcladas.

Co-producido por Maxime Daoud (Ojard), el disco reúne doce canciones que recorren el deseo, el arte de vivir y la melancolía soleada de Roma, con una instrumentación rica en detalles, sin miedo al exceso pero con la medida justa. Acompañada por músicos que orbitan alrededor de Juliette Armanet, Justice o Philippe Katerine, Carlotti juega con sonidos que van del pop de cámara al funk atemperado, con guiños electrónicos y voces que se doblan como ecos en un salón con techo alto.

Barbara Carlotti no ha hecho carrera a base de gestos grandilocuentes ni de querer estar en todas partes. Lo suyo ha sido siempre ocupar un lugar concreto, casi secreto, dentro del pop francés: ese rincón donde la sofisticación no es impostada y la emoción nunca se impone, simplemente aparece. Desde Les Lys brisés hasta Magnétique, pasando por el impecable L’Idéal, ha ido trazando una discografía que no responde a modas, sino a un gusto preciso por las melodías bien armadas, los arreglos con intención y las letras que, sin subrayar, cuentan más de lo que parece a priori.

Chéris ton futur! —el tema que da nombre al álbum— encierra el núcleo del disco: una defensa del porvenir con los pies en el barro. “La mort est partout”, canta ella, “avec ta perche à selfie sur le bord du ravin”. No es una postal dramática: es una advertencia con ritmo. Porque Carlotti sabe que cantar no es negar la catástrofe, sino relatar que hay otra manera de estar en ella.

No llega a la intensidad emocional de L’Idéal ni al magnetismo de Les Lys brisés —pocas cosas lo hacen—, pero este álbum ofrece una colección de canciones notables, algunas incluso excelentes. Cinema y L’Inconnu son momentos de claridad: medios tiempos donde la producción se repliega para que brille la voz, con arreglos limpios, melodías envolventes y un tempo que invita a mirar por la ventana (ahora que el sol de la primavera reconforta pero no quema) sin dramatismo.

Cuando pisa el acelerador, el álbum pierde un poco de definición. Désert Dévorant, por ejemplo, con su homenaje a Jobim tiene ese aire tropical de postal retocada que funciona mejor como ambiente que como canción. Pero incluso en esos momentos, el humor salva la escena. Hay ironía en À la foule, un homenaje al amor que le devuelve su público, flotando sobre sintetizadores como luces que parpadean al fondo de un escenario. Y en Le Syndrome de Stendhal, donde una noche de pasión se convierte en relato tierno y algo ingenuo, hay un brillo que no es impostado, sino parte del carácter de Carlotti: no lo finge, simplemente lo transmite con naturalidad y elegancia.

Chéris ton futur! no viene a ofrecer soluciones ni a disfrazar el caos con frases motivacionales. Lo que propone Barbara Carlotti es algo más sutil: mirar hacia adelante sin cinismo, sin dramatismo, con estilo y un poco de picardía. En lugar de bajar la persiana, abre las ventanas y deja que entren las cuerdas, los sintetizadores, las dudas y el deseo. No hay manual de instrucciones, pero sí canciones que, sin agobiar, acompañan. Frente a la catástrofe permanente, Carlotti elige no la evasión, sino el gesto: silbar por la calle, celebrar lo que aún nos conmueve, hablar del amor como quien vuelve a casa andando. Una forma de resistencia tranquila, luminosa, que nos recuerda que el futuro, incluso en su fragilidad, también debe cuidarse.