Jordi Colombi es Barbacoa. Foto: Diego Delgado

Cuatro años residiendo en Berlín han servido al barcelonés Jordi Colombi para reflejar en canciones las vivencias, encuentros y desencuentros que han cincelado este período de éxodo voluntario marcado por los cambios vitales y profesionales. Lo hace a través de ‘Això no ho podré canviar mai‘ (Discos de Kirlian, 2018), su tercer trabajo bajo el nombre de Barbacoa, editado en una coqueta casete – que, al parecer, ya ha agotado su tirada limitada de 50 copias – y que sirve de espejo a la fisionomía nostálgica de una música que captura en sus notas, con exquisita personalidad, elementos de la chanson, el rock íntimo y el folk mediterráneo e incluso es capaz de llevar a su terreno la languidez distinguida de Nico.  

Parecía que tras ‘Coses que passen un sol cop’ ya no iba a haber más canciones de Jordi Colombi como Barbacoa pero aquí estamos…

Portada de ‘Això no ho podré canviar mai’

Podía parecerlo, pero al menos yo tenía bastante claro desde el principio que quería escribir estas canciones y publicarlas algún día. El disco ha necesitado mucho tiempo, porque es una recopilación de experiencias en los últimos cuatro años. Haber intentado publicar algo antes no hubiera tenido sentido. Supongo que esta forma de trabajar no se ajusta al timing tradicional de publicación de discos, y que daba la sensación que “Coses que pasen un sol cop’ era algún tipo de cierre de una etapa. pero siempre tuve en mente escribir, grabar y publicar este disco.

¿’Això no ho podré canviar mai’ es un disco sobre el exilio tanto vital como emocional?

Yo lo definiría mejor como un diario, cronológicamente ordenado, de mi vida entre enero de 2014 y enero de 2017. Durante este tiempo, dejé Barcelona para irme a vivir a Berlín y a la vez salí de una relación bastante larga. Más que un exilio es una huida hacia adelante, un poco a ciegas. Las canciones documentan qué sucede cuando abandonas tus zonas de seguridad, tanto vitales como emocionales, para adentrarte en lo desconocido.

Lo que transmites con estas canciones es muy puro, apenas hay filtro entre tus ideas y emociones y lo que expones con tus letras. ¿Es así?

Quería abandonar en lo posible cualquier metáfora, y ser mucho más crudo en la forma de hablar, llegar a ser casi descriptivo. Las experiencias son intensas y la forma de describirlas ayuda a mantenerlas intactas. Hablo de cosas que me han pasado, por lo que no veía la necesidad de ser críptico. Abandonar el filtro entre las emociones y las letras ha sido difícil, pero el resultado me ha dejado muy satisfecho.

Berlín es una ciudad que ha dado mucho de sí a nivel musical, que se lo pregunten si no a David Bowie, Lou Reed o Nick Cave. ¿Crees que tiene algún tipo de magnetismo especial? ¿Se debe a los edificios de Niemeyer, la pretérita idiosincrasia fronteriza de la ciudad o a algún hilo invisible que se nos escapa?

Berlín es una ciudad que, por encima de todo, se define como un espacio de libertad. Hay una gran falta de prejuicios, a nivel estético, cultural, sexual, musical o de cualquier tipo. Y la gente en Berlín potencia esta realidad, la defiende y la celebra. Es un territorio de libertad total, y conectar esta libertad a tu parte creativa te permite explorar territorios inimaginables. Las propuestas musicales que te encuentras te dejan con la boca abierta la mayoría de las veces.

A nivel estético sigues ahondando en el cariz desnudo y reposado de las canciones, aunque hay detalles que sorprenden: la electrónica de baja fidelidad en ‘Els homes’ o las aristas casi rock de ‘L’edifici d’onze mil metres quadrats’. ¿Con la intención de que el disco adquiera cierta heterogeneidad dentro de su carácter desnudo?

La idea de llevar las canciones a la mínima expresión me sigue seduciendo, y compongo siempre con guitarra en mano, por lo que las canciones casi siempre se definen por este sonido de guitarra y voz. Sin embargo, nunca creo que las canciones tengan un sonido definido, y hay temas como, en este caso, ‘Els Homes’ o ‘L’edifici d’onze mil metres quadrats’, que pedían una instrumentación diferente. El reto fue mantener el sonido Barbacoa utilizando instrumentos aparentemente mucho menos delicados.

Foto: Diego Delgado

Hay bastante drama cotidiano en estas canciones, pero si afinamos un poco podemos encontrar también sentido del humor y cierto espacio para la esperanza, ¿no es así?

Por supuesto. Barbacoa no deja de ser un personaje que se concentra en la parte más melancólica de la vida, y a veces esta fijación llega a convertirse intencionadamente en algo cómicamente exagerado. En cuanto a la esperanza, está más presente al principio que al final del disco. Si ‘L’amor’ acaba diciendo que nada se compara al hecho de encontrar el amor, en ‘Los desengaños’ el discurso es el contrario:…creo que no quiero enamorarme nunca más”.

‘El Huracán’ y ‘Los Desengaños’ (además de parte de la letra de ‘L’edifici d’onze mil metres quadrats’ son las dos únicas canciones en castellano. ¿Eso es porque van dirigidas a alguien en particular?

Lo hablaba con una amiga hace un par de días. En el caso de ‘El huracán’ y ‘L’edifici d’onze mil metres quadrats’ el castellano, que canta maravillosamente Anna Taulés (Imperio), es la voz de la conciencia, la voz que me habla directamente a mí, que me consuela y me aporta sabiduría y tranquilidad. En el caso de ‘Los desengaños’, la canción es la transcripción de una conversación que tuve con una chica, Marta, que me explicaba lo difícil que era enfrentarse a un nuevo desengaño amoroso. Por algún motivo, la canción salió en castellano. Si te soy sincero, no es una elección premeditada en ninguno de ambos casos, aunque, viéndolo con perspectiva, uso el catalán para explicar lo que pasa dentro de mí, y el castellano para explicar lo que sucede fuera de mí.

¿En qué momento del día Berlinés escribes canciones? ¿Al volver de alguna fiesta techno en el Berghain ?

Nadie es capaz de escribir canciones, ni de articular palabras, después de un fin de semana en Berghain. Suelo escribir en momentos de tranquilidad, encerrado en casa. Pasa poco, Berghain queda demasiado cerca.

También podemos detectar que tu registro vocal varía según el tema: del más expresivo y suelto en canciones como ‘L’amor’ y en otras cercano a la letanía como en ‘El moment precís’. ¿Es algo premeditado o instintivo?

Es instintivo. Las canciones nunca intentan sonar de manera predeterminada, e intento cantar de la forma que pide la canción. En ‘L’amor’ es algo así como Nouvelle Chanson ligera, ‘L’aeroport’ es más canción pop à la Sufjan Stevens -a lo Sufjan Stevens-, o ‘El moment precís’ se acerca a una idea muy difusa de lo que es un clásico americano.

La edad, el paso del tiempo y la asunción de los errores son unos de los temas recurrentes de estas canciones. ¿Crees que “por mucho tiempo que pase, el ser humano no cambia”?

Nadie te enseña a adentrarte en la edad adulta, y mientras lo haces te das cuenta que está todo cargado de un imaginario completamente falso. El amor, las relaciones, el futuro, tu papel en el mundo, lo que importa, la vida que te corresponde. Uno no tiene casi tiempo a gestionar todo esto cuando empieza directamente a envejecer y de forma muy rápida. Nadie llega a una cierta edad con una lista de éxitos mayor que la de fracasos. Siempre ha sucedido así y siempre va a suceder así, no nos engañemos. Asumir los errores está bien, es necesario. También es necesario decir que está bien no ser siempre perfecto. Y reírte un poco de eso. Y decir que, en el fondo, eso no lo podrás cambiar nunca.

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