Baden Powell / Images on Guitar

¿Quién no se compraría un disco con una portada así? ¿Quién, en su sano juicio, al tropezar con una pieza de arte vinílico semejante, con esos colores y esa imaginería, no sucumbiría a la tentación de rascarse el bolsillo para llevárselo a casa? ¿“A quién no le va a gustar?”, como dirían las hermanas del baptisterio.

Todas esas fueron preguntas de respuesta fácil y afirmativa en mi cabeza el otro día, cuando en la tienda Discos Oldies de Valencia apareció ante mí, en un cajón de esos en los que mola tantísimo escarbar, esta maravilla a cargo de Baden Powell de Aquino, que no sé si sabrán, se llamaba así porque su padre era un gran seguidor de la doctrina scout.

El siempre exquisito sello alemán MPS (Musik Produktion Schwarzwald) publicaba en 1972 esta maravilla de álbum a cargo de un Baden Powell, guitarrista fundamental de la Música Popular Brasileira (MPB), que se hallaba en estado de gracia y en pleno apogeo en Europa, gracias a su introducción en dicho mercado años antes por el escritor y productor Joachim Ernst Berendt, que se encargaba de producir también lo que aquí suena y que se grabó, en directo, en el estudio Black Forest, propiedad del sello, durante octubre del 71.

Baden Powell estaba excitado, inspirado, diríase que en estado de gracia. Lo que en principio iba a ser un disco solo de guitarra terminó en obra más coral, con protagonismo absoluto de las seis cuerdas, eso sí. Junto a él y Berendt en el estudio se congregaron también la excelente vocalista francesa Janine de Waleyne, conocida por sus colaboraciones con Stan Getz o Michel Legrand; también estaban Ernesto Gondalves al bajo, Alfredo Bessa a la percusión y Joaquim Paes Enriques a la batería.

Las canciones fueron surgiendo en el estudio en unas sesiones maratonianas que dejaron exhausto a Baden Powell, hasta el punto de no continuar grabando un siguiente disco que tenía proyectado. No obstante, las ocho piezas aquí incluidas salieron a pedir de boca. El scat de Janine en las canciones más rítmicas se encarga de dar una nota de color a la ya efervescencia de un conjunto con olor a primavera y tanto colorido como el de la monumental portada, que por cierto firmaba el diseñador Wolfgang Baumann.

Tanto pausadas y relajantes piezas como la inicial Ate-eu, que Baden firmaba, como la mayoría de este conjunto, a pachas con su parçeiro, el poeta y compositor Paulo César Pinheiro; paisajes tan reposados como el que ofrece Violão vagabundo —con el bellísimo “dabadabadá” de de Waleyne—; improvisaciones a la guitarra (y acordes, por tanto, con la idea original) como Conversação comigo mesmo o la excelente Sentimentos, así como acentos bailables como el de la extensa Blues à volonté, perfilan un momento en la carrera del guitarrista especialmente brillante, libre y sincero.

Images on Guitar no revolucionará, quizás, tus pabellones auditivos, no supone un punto de inflexión de ningún estilo musical, pero sí llenará tu espíritu de ambrosía a base del magistral toque de un guitarrista que debería ser reconocido más allá del ámbito brasileño en que siempre se le encuadra. De hecho, casi todo lo que grabó para este sello alemán que cuidaba tanto las portadas, y que conforma además dos trilogías completas junto a los otros cinco discos que grabó para ellos, es puro oro. Todo un tesoro que alguien debería encargarse de desenterrar, aunque me consta que el todavía activo sello ya ha reeditado esto en más de una ocasión. Falta que la gente se entere.