AVEC. Foto: Kidizin Sane

Casi acaba de estrenar su segunda década de vida pero ya atesora una discografía en solitario que incluye un EP – ‘Heartbeats’ (Earcandy, 2015) – y dos discos largos, ‘What If We Never Forget‘ (Earcandy, 2016) y el recientemente publicado ‘Heaven / Hell’ (Earcandy, 2018). Con este último, la austriaca AVEC esgrime orgullosa su capacidad de conjugar el talante mainstream que planea en sus composiciones – que implica que canciones como ‘Love’ u ‘Over Now’ sean potencialmente radiables en emisoras comerciales con pedigrí – con las texturas sonoras atrevidas que pergeñó junto al irlandés Tommy McLaughlin (ex-componente de Villagers) en el Attica Studio, localizado en los embriagadores parajes de las colinas de Donegal. A pesar de su precocidad como autora de canciones en primera persona, AVEC ha sabido compensar una madurez incipiente, ardid bajo mano para despejar la neblina del amor que no llega a cuajar y las relaciones que se desmoronan en canciones como ‘Leaving’ y ‘Alone’, con el atrevimiento pop de melodías que se alejan de las afrentas del cantautor al uso para potenciar su sintética y radiante modernidad con la ayuda de un buen surtido de teclados y sintetizadores, sostenidos por lúdicos trucos de estudio.

Portada de ‘Heaven / Hell’

¿No crees que todavía eres demasiado joven como para proponer en tu segundo disco una dicotomía entre el cielo y el infierno?

No creo que la dicotomía entre el cielo y el infierno tenga algo que ver con la edad que tengo, se trata más de cómo veo ciertas cosas, cómo me siento con respecto a ciertos temas, se trata de cómo hago para lidiar con mis propios asuntos. El cielo y el infierno todos los días. Se trata de mis experiencias y de cómo la música me ayudó a encontrar una manera de expresarme en esta montaña rusa constante a través de la vida.

Tengo la impresión de que con las canciones de tu nuevo álbum has intentado dar un paso adelante en cuanto a tu habilidad lírica y las texturas de tu sonido. ¿Estas satisfecha con el resultado?

Si, absolutamente. Ni siquiera puedo decirte lo feliz y orgullosa que estoy. Crecí mucho con este segundo disco, no solo cambió mi proceso de escritura y reflexión, sino también la forma en que me expreso líricamente, la forma en que trato de describir y sentir las cosas. Traté de ser completamente honesta conmigo misma, intenté ser audaz y valiente y experimenté con muchos sonidos e ideas diferentes.

¿Cómo fue tu experiencia en el Attica Studio de Tommy McLaughlin? ¿Su trabajo ha sido esencial para que el álbum transpirara ese aire pop barnizado con detalles impresionistas y experimentales?

El tiempo que estuvimos en Attica fue simplemente mágico. La banda y yo viajamos con todas las demos bien preparadas, así que tuvimos dos sesiones de grabación en diez días y el álbum ya estaba listo. Sí, cierto es que podría haber un poco de mood irlandés en alguna de las canciones. Realmente no puedo decirlo, pero lo que sí sé es que Tommy McLaughlin hizo un trabajo increíble grabando y produciendo ‘Heaven / Hell‘ con nosotros y estoy agradecida y honrada por esta aventura.

Aun así, se trata de un disco que no haces ascos para nada a su posible potencial comercial. ¿Has estado buscando un equilibrio en este sentido?

Creo que el álbum tiene una buena mezcla de mainstream e indie, un buen equilibrio entre esos dos mundos.

Foto: Kidizin Sane

A nivel vocal tienes un estilo que a veces me recuerda a artistas que conjugaron muy bien la intimidad con una faceta más pop durante generaciones anteriores. Estoy pensando en cantantes como Tanita Tikaram o Natalie Merchant. ¿Tienes alguna referencia en particular?

No, realmente no. Tan sólo dejo que mi voz haga lo que quiere hacer. Eso es, básicamente. Yo simplemente canto.

Me parece que los títulos de las canciones muestran conceptos o sentimientos muy específicos, mientras que las letras mantienen un halo críptico. ¿Qué pretendes lograr con esa ambigüedad?

Siempre trato de resumir toda la canción, toda esta historia sobre la que hablo, con solo una o, máximo, dos palabras. Lo que a veces es todo un desafío, aunque me encanta esta idea de derramar tu corazón y tu alma de esa manera, escribir una canción con todo ello. Palabras que brotan en mi cabeza y, tras haber terminado de plasmarlas, poder descomponerlas para utilizar un solo término para el título.

¿Hay mucho componente autobiográfico en tus canciones o debido a tu juventud tienes que pedir prestado de las narrativas de otras personas?

Mis canciones son todas autobiográficas, así que no ha hecho falta. Por suerte estoy en una posición en la que no tengo que tomar prestadas las historias de otras personas. Que yo tenga 23 años de edad no significa que sea incapaz de contar cosas. Que no tenga una historia que contar.

¿Es una desventaja para ti ser de un país como Austria con una tradición pop no tan conocida en todo el mundo? ¿O crees que con la globalización digital ya no hay fronteras culturales en este sentido?

No diría que es un ‘handicap’, tal vez sea un poco más difícil subir esta escalera hacia el mercado internacional de la música, pero definitivamente es posible, especialmente ahora con todas las redes sociales y las oportunidades que hay para comunicarse: Facebook, Instagram, Twitter, Spotify, … eso hace que sea más fácil llegar a personas de todo el mundo.

En canciones como ‘Leaving’, el pop contemporáneo de artistas como Lorde, quien a pesar de su precocidad se ha convertido en toda una referencia, sobrevuela tu forma de acercarte a la música. ¿Es el espejo en el que quieres reflejarte?

Mi mayor inspiración es Bon Iver y, en general, Justin Vernon. Él es realmente un genio, en todo lo que hace. La forma en que captura los momentos, las emociones y las historias que nos cuenta, toda su composición de canciones es increíblemente asombrosa e interesante para mí como artista. Otras luces brillantes en este hermoso cielo de música son: Sharon Van Etten, Water Liars, Gregory Alan Isakov

 

 

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