Antonio Galvañ es Parade. Foto: Jose Carlos Nievas

Vibrantes melodías sobre amores secretos, canciones que narran ansias de libertad post-adolescente, instantáneas en sepia de amistades que se rompen con el paso del tiempo y baladas de piano-bar émulas de un Tom Lehrer más nostálgico que jocoso. En ‘1987’ (Jabalina,2018) aparecen cuatro rodajas de la primera época de Antonio Galvañ, ya pergeñadas bajo el entonces balbuciente paraguas de Parade, que acumulaban injusto polvo en maquetas dispersas y que ven la luz más de 30 años después gracias a la colección ‘Singularidades’ de Jabalina. Un capricho de colección dónde los músicos del sello editan coquetos EP’s engalanados por la captura analógica con la que la cámara Hasselblad 500 de Jose Carlos Nievas retrata a sus protagonistas. Como en un trasunto del ‘Túnel del tiempo’ de Murray Leinster, Parade regresa a un lugar determinado de su propia historia para rescatar a cuatro grandes canciones de un inmerecido olvido.

Supongo que en un EP que surge dentro de una colección llamada ‘Singularidades’ es el recipiente idóneo para sacar a la luz canciones tan especiales como las de ‘1987’.

Sí, además el formato de EP de cuatro canciones te da el empaque suficiente para mostrar una idea concreta sin abusar de minutaje. Como dices, es el formato ideal. En este caso, se trataba de mirar atrás y ver si las canciones que hacía en 1987 con 20 años seguían funcionando. Me sorprendió que así fuera.

Con todo el auge de las mixtapes digitales, la escucha salteada de discos…¿Crees que sigue habiendo espacio en el mercado para este tipo de artefactos tan particulares?

‘Singularidades’ está orientado a las personas que les gusta el vinilo, los singles a 33rpm y disfrutar de contenido y continente. Si no somos capaces de escuchar una canción de tres minutos sin saltar a Twitter o Instagram tenemos un problema. La sobredosis de información nos hace impacientes, pero de eso se sale.

Portada de ‘1987’

Parece un punto y aparte en la carrera de Parade, partiendo desde la misma estética del disco, que se aleja de la imaginería pictórica de tus trabajos anteriores para que Jose Carlos Nievas te haga un retrato rodeado de ficción. Una reversión estética que resulta curiosa, ¿no crees?

Me gustan los discos que llevan a los cantantes en la portada, aunque parezca una contradicción. En la colección ‘Singularidades’ la portada debía ser una foto, en concreto una foto hecha por Jose Carlos Nievas con una cámara Hasselblad 500CM. Él es un gran fotógrafo y sabe sacarte estupendo. El día de la localización de espacios le dije que no íbamos a ningún sitio, que la casa donde vive era el lugar idóneo para hacer las fotografías, y resultó perfecto. Por otro lado, las canciones, como comentas, también son un pequeño punto y aparte en mi discografía, por lo que el círculo se cerraba.

¿Esa ficción que te rodea en la foto en forma de libros, cómics y artefactos varios es un homenaje a la que disfrutabas en 1987 o es la que devoras ahora? ¿Han cambiado mucho tus gustos desde hace 30 años o te reconoces ahora en lo que consumías entonces?

Para la sesión me llevé algunos discos, libros y comics favoritos: Krazy Kat, Phil Spector, ABBA, Kraftwerk, Cordwainer Smith… Creo que mi yo de 20 años se escandalizaría con algunos y asentiría con otros. Mis gustos han ido evolucionando con el tiempo, me he hecho un poco menos urgente y más electrónico en la cuestión musical (antes era mucho más de power pop y pop de guitarras) y más concreto en la literatura (no soporto digresiones, quiero el tuétano de la historia rápido y sin tonterías).

Sin embargo, en el gusto por el pop en todas sus manifestaciones y en el sentido de la maravilla que te proporciona una buena historia fantástica o de ciencia ficción no he cambiado. De hecho, con esos mimbres están construidas las canciones de Parade.

El pop de ‘Es igual’ no ha perdido fuelle a pesar del paso del tiempo. ¿Es la máxima aspiración de un compositor de canciones? ¿Que la estructura de éstas aguante los embistes de los años?

Es la que tenía más clara desde el principio. No he necesitado cambiar apenas el arreglo con esta canción. Sabía que funcionaría simplemente actualizando un poco la manera de cantar porque, como tú dices, la estructura aguanta perfectamente. Es un clásico estrofa-estribillo que ha resonado en mi cabeza durante mucho tiempo. Creo que merecía un poco más que coger polvo en la pila de maquetas en casete donde estaba.

También es una forma de reafirmarme, por supuesto. Esas canciones eran buenas. Yo empecé a hacer canciones con 12 o 13 años, he aprendido y refinado mi manera de hacer con el tiempo, pero allí había algo. 

Foto: Jose Carlos Nievas

En ‘Dosalas’ encontramos a personajes como los que han nutrido multitud de tus canciones y que parecen convivir en una realidad paralela más allá de la fortaleza de la soledad, aunque todos sabemos que suelen ser un reflejo de una realidad muy cercana que quizás pretendes ficcionar. ¿No es así?

‘Dosalas’ la escogí porque era una muestra temprana de una cuestión que con el tiempo se convertiría en definitoria a la hora de hacer las letras: la aparición de lo fantástico. Por otro lado, la sensación de querer escapar, de largarte del sitio donde vives es una fijación muy propia de los 20 años. Pero aquí sí que he cambiado bastante el arreglo con respecto a la original. Se ha hecho un poco más lenta y más elegante. 

Tengo la intención de subir las cuatro canciones primitivas próximamente al Bandcamp de Parade para que se pueda apreciar todo esto que estoy diciendo. 

¿Cuál era tu principal preocupación a la hora de vestir con formas contemporáneas estas canciones tan “protoparade”? Observo una querencia por lo orgánico y melódico frente a la electrónica de ‘Demasiado humano’.

No fue intencionado, pero al final sí que tienen todas un toque menos electropop que ‘Demasiado humano’. Quizá las canciones lo requerían o no me las imaginaba de otra manera. También es cierto que ya han pasado dos años del último disco y me apetecía ir por otro lado. Uno siempre actúa en respuesta a lo último que hizo, por no repetirse demasiado.

‘Noches para hablar, tardes de calor’ tiene un marcado tono Spectoriano pero a mí me recuerda también a la militancia mediterránea de Julio Bustamante en sus inicios…

¡Qué bien que te recuerde a Julio Bustamante! A mí no se me habría ocurrido, pero toda la época de Bustamante con Remigi Palmero y Pep Laguarda me encanta. ‘Cambrers’ y ‘Brossa d’Ahir‘ (especialmente) son discos favoritos. Para mí lo que primaba en ‘Noches para hablar, tardes de calor’ fue la utilización de las guitarras de Edu Piqueras, que son protagonistas junto a las baterías Spectorianas que le dan fuerza a la canción. La letra fue decisiva, es muy emocional, un lamento por la amistad que se rompe en unos momentos en que crees que el grupo de amigos va a durar toda la vida.

‘En los mares de la luna’ suena muy desnuda, con tu voz rozando el micro sin apenas producción. ¿Es una forma naturalista de decir: “este es en esencia Antonio Galvañ como Parade y así seguirá siéndolo”?

Es una toma en directo hecha en el programa Música de contrabando de Ángel Sopena (Onda Regional Murcia). No hay trampa ni cartón. La canté en 2011, presentando ‘Materia oscura’ porque era una favorita suya de mi antiguo repertorio y me apetecía tocarla en ese programa. A Ángel era al que le mandábamos las maquetas recién acabadas allá por los años 80. La escogí porque no he sido capaz de superar la original. Hice un par de pruebas y desistí, sabiendo además que estaba esa toma de la radio. Para mí es una de las mejores canciones de esa época y anticipaba un poco lo que después sería Parade. 

¿Tienes en el cajón más canciones antiguas con las que asaltar un disco largo? ¿Qué hay de esa versión de ‘La chica del póster‘ que cantaste en la Fiesta Estival de Flor de Pasión en la Sala Siroco?. ¿Algún día aparecerá prensada en algún surco?

Hay algunas melodías y estribillos de esa época que he tomado desde el principio con Parade. ‘Alambre y hueso’ es una melodía de 1983 a la que le cambié la letra, y ‘Nunca bailo’ utiliza el estribillo de una canción nunca grabada de principios de los 90. Conservo algunas maquetas con antiguas canciones, pero lo del EP ‘1987’ es algo excepcional, una mirada atrás antes de seguir hacia delante. Tengo ya un montón de canciones nuevas listas para grabar.

En cuanto a la versión de ‘La chica del póster’, hay una toma muy buena con Charlie Mysterio que ya pensaremos entre los dos en cómo puede salir. Es demasiado chula como para quedarse sin ser editada.

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