Ana Béjar: "Estamos inmersos en una distopía, hagamos todo lo posible para que la utopía gane"

La músico y productora acaba de publicar su nuevo disco 'Sahara Star'

Ana Béjar. Foto: Marine de Lafregeyre

Vestida con el traje de lo evocador y trazando un mapa de sonidos cuya orografía combina la tradición del folk-rock con una veta experimental que ha ido modelando a lo largo de su trayectoria en solitario, Ana Béjar resuelve en 'Sahara Star' (Discos Belamarh, 2020) el acertijo que ha ido planteando desde la publicación de su anterior disco, el EP 'Everything I Say' (Madrugada Records, 2019). La ex-componente de Usura y Orlando presenta un cancionero marcado por signos que invitan a viajar con los ojos cerrados (hay memorias del pasado, islas, desiertos y estrellas) pero que no rehuye el compromiso con unos ideales fuertemente marcados. No en vano, la canción que cierra el disco (cantada en castellano) 'Himmel und erde' parece una remembranza de aquello que dejó escrito Luis Cernuda: "Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo".

A propósito de ‘The Good Man’ nos comentabas que estabas investigando otras formas de hacer llegar tus canciones, sin recurrir a lo habitual. Diferentes instrumentos, estructuras más experimentales…¿Con ‘Sahara Star’ has encontrado una meta a esos nuevos caminos?

Este disco ha supuesto para mí un salto en la forma de hacer música. He dedicado casi tres años a estas canciones, mientras trabajaba en otros proyectos como el EP que publiqué el verano pasado en Madrugada Records  o  las colaboraciones con otros músicos. Fue el cambio de perspectiva cada vez que retomaba las grabaciones, lo que me permitió recrearme en la producción y sobretodo jugar como una niña, algo esencial para disfrutar y que muchas veces se nos olvida. En este álbum he incorporado grabaciones de campo por primera vez en mi música y también he jugado con sonidos cotidianos creando a partir de ellos percusiones o sonidos que recuerden al agua, al mar, estrellas cayendo del cielo, a un coro de mujeres festejando; ese proceso me divierte a veces más que la propia composición. Soy muy impulsiva a veces y me ha costado esperarme y conceder el tiempo necesario hasta que todo estuviese como yo quiero. Nos cuesta esperar. En esta vida vertiginosa en la que estamos inmersos se practica una suerte de terrorismo de la obsolescencia: la obra de ayer pierde casi su valor frente a cualquier novedad, ya sea mediocre o no. Esto hace que los artistas vayan rápido y el arte, a mi entender, no se lleva bien con las prisas. 

Portada de 'Sahara Star'

En el tema inicial de ‘Sahara Star’ - ’I First came blind’  -  hay un encuentro entre lo sinuoso, lo étnico y cierta aridez folk-rock, pero parece una bisagra que enlaza tu obra anterior con las nuevas texturas que encontramos en los siguientes temas. ¿Es así?

Creo que sí, y que precisamente por este motivo abre el disco, a modo de puente entre lo que he hecho hasta ahora y mis nuevas composiciones. Se trata de una canción mía y de Jesús Martínez, el productor de algunos de mis trabajos anteriores, quizá por eso has identificado ese nexo.

En este álbum he incorporado grabaciones de campo por primera vez en mi música y también he jugado con sonidos cotidianos creando a partir de ellos percusiones o sonidos que recuerden al agua, al mar, estrellas cayendo del cielo, a un coro de mujeres festejando.

Algunas de estas canciones ya las habías rodado previamente en directo. ¿No?. ¿Se trata de una colección de canciones antiguas a las que ya has encontrado el nexo para poder publicarlas juntas?

Tres de los temas ya los venía tocando en directo, pero han cambiado tanto al grabarlos que estoy desenado tocarlos de nuevo en directo. Son diez canciones que juntas marcan para mí el cierre de un ciclo vital. En ellas hay mucha vida y necesitaba urgentemente que se esparcieran todas esas historias y emociones, sentirme liberada al fin.

También podríamos hablar de tu música como una suerte de blues con latido contemporáneo, especialmente por esa introspección entre melancólica y sugestiva que recorre el disco. ¿Más allá de la creación de ambientes, lo que prevalece es el hueso de la canción?

Depende de cómo haya surgido la primera chispa, si de unas líneas de voz, una percusión, una guitarra... Voy alimentando pacientemente ese primer chasquido hasta que la pieza tiene suficiente cuerpo para saber por dónde la llevaré, si la vestiré o la dejaré desnuda. Mi forma de trabajar es muy intuitiva, no me importa si el esqueleto de la canción es sólido o por el contrario el aire que la envuelve es lo que cobra fuerza. Me vale igual, me encanta dejarme llevar.

En el disco hay guitarras tratadas, coros doblados, percusiones que oscilan entre lo minimalista y lo marcial según lo requiera la canción, arreglos ambientales... Todo esto evidencia un trabajo conciso en la producción ¿cierto?

Jesús Martínez y yo hemos trabajado a conciencia la producción de este disco. Es sorprendente ver cómo hemos evolucionado juntos y cómo nuestras ideas crecen o se alejan a la hora de concebir arreglos o resaltar motivos en una canción. He sido la única artista con la que Jesús ha trabajado sus producciones hasta ahora, eso te puede dar una idea del hermanamiento que hemos conseguido trabajando juntos. Aunque en este disco casi la mitad de los temas están producidos y grabados por mí, están sus producciones, que como siempre son excelsas. Nuestras diferentes formas de grabar y mezclar convergen y producen una tensión, vida y color que tiñen todo el álbum. También quiero resaltar la ayuda de Guillermo Quero y José Ojeda en las mezclas.

Ana Béjar. Foto: Fotos de Marine de Lafregeyre

Hablando de anhelos. ¿’Sahara Star’ es un disco para viajar con los ojos cerrados? ¿Parte de alguna relación imaginada o vivida con el desierto?

Me hace muy feliz que hayas intuido eso de los ojos.... Sí, en la energía del disco hay mucha conexión con el norte de África. Yo crecí en Melilla, hasta que a los 14 años nos vinimos a la península. Allí todo era por el Sáhara, el viento, la lluvia, el polvo rojo en nuestro pelo y zapatos...., en cierta manera como ocurre en Cádiz, donde todo es o no es por el Levante. Leyendo a Hélène Cixous recordé algo que me ocurrió y que da título a este disco. En su relato la protagonista contaba una experiencia sobrenatural en la cual una noche se prolongó durante varios días sin noche. Eso me hizo conectar con un recuerdo de cuando tenía unos ocho años: yo de pie, junto a una ventana, sola, en camisón, viendo caer estrellas del cielo como si fueran fuego. Me frotaba los ojos y me repetía a mí misma que no podía ser cierto lo que estaba viendo, me debatía entre si despertar o no a mis padres para que vinieran a verlo,  porque no estaba segura de que no fuese invención mía. Supongo que lo que vi fue una lluvia de estrellas. Creo que la belleza que llevamos dentro, todo lo que nos hemos callado por falta de confianza o miedo, acaba saliendo a la luz para el disfrute de todos.

Supongo que muchas de tus inquietudes personales estarán también volcadas en estas canciones, del amor a los animales al respeto intrínseco a la naturaleza y sus circunstancias. ¿Resulta difícil, en tu caso, separar a la artista de la persona? 

Comencé muy joven a hacer música, me escapé de casa, hacía mucho ruido, mi actitud era punk, eso me llevó a esconder mi faceta artística para poder sobrevivir laboralmente, viviendo esa doble personalidad durante muchos años; nunca me interesó trabajar en la industria de la música como muchos colegas acabaron haciendo. Con el tiempo la artista rebelde he acabado siendo yo misma, lo que siempre fui ya está completamente integrado y no siento esa dualidad. Soy activista desde hace más de diez años y también he sido candidata de un partido político, centrando mi lucha en los derechos de los animales, el medio ambiente y la justicia social. Considero que una sociedad donde se comenten actos atroces contra los más indefensos, es una sociedad enferma y fracasada., un mal de raíz. Estas inquietudes son mi vida, no hay compartimentos estancos. En 'Rhoda' hay abandono y maltrato, en 'Haunting Eyes' un rescate, en 'Sahara Star' sororidad y admiración hacia la mujer. Todo está en mis canciones. 

Hablando de circunstancias personales y en cómo afectan al trabajo de un músico. ¿La situación que estamos viviendo en la actualidad ha repercutido de alguna forma en cómo te enfrentas a tus canciones?

Sí, rotundamente. He pasado de estar muy ilusionada con mis siguientes pasos a no saber por dónde tirar. La idea de publicar un disco y no poder dar conciertos me apenaba mucho. Vi cómo muchos de mis compañeros comenzaban compulsivamente a dar conciertos en la redes sociales, por el temor a desaparecer, a volverse invisibles, la preocupación de que tu trabajo se vaya al traste. Cargamos incertidumbres que son muy duras de llevar. Cuando me pongo a escribir me hago muchas más preguntas, me cuesta conectar con mi parte creativa, me pregunto para qué... No sé cuál es el horizonte, el camino... es desesperanzador. Pero tengo la suerte de tener una parte vitalista que tira de mí, esa que se sigue alegrando de lo bueno que sucede, a esa hay que aferrarse, y los animales me ayudan a ello (ríe).

Con estas canciones recuerdas más a una PJ Harvey del desierto que a Beth Gibbons o Lisa Gerrard (con las que te comparan constantemente). ¿Tienes algún referente claro en este sentido?¿Qué músicas son las que más te llegan ahora? 

Ahora escucho bastante folclore, sobre todo del norte de África. Me atraen las diferentes capas de ritmo que usan, las composiciones tan largas donde van introduciendo diferentes instrumentos, la forma tan particular de usar la voz, tan salvaje. También sigo a mis compañeros, ellos son mis referentes más cercanos, estoy al tanto de sus trabajos, de cómo evolucionan, aprendo con ellos: Alberto Lucendo, Gonzalo Fuster, Anna Stereopoulou, Javier Colis, José Ojeda, Javier Arnal, Edith Alonso, Conrado Isasa...,  me siento muy afortunada de formar parte de esta pequeña familia. Se trata de artistas que no se ajustan a lo que demanda el mercado y que continúan con sus carreras musicales en un ejercicio de resiliencia total y libertad artística, contribuyendo socialmente muchas veces de forma altruista conarte por la gracia del arte.Lo mismo ocurre con sellos como Fortín de Sarah Vacher o Discos Belamarh, a los que les agradezco mucho que hayan apostado por este disco. En 'Exile' hablo de todo ésto y cito a un desesperado Emile Cioran, en el estribillo de la canción: “las lágrimas sólo queman si estás solo“.

¿Crees que podrás salir a cantar estas canciones en directo? ¿Eres optimista respecto al futuro del arte independiente o consideras que tras todo lo que ha pasado este año se ha producido un punto de no retorno?

Los músicos que me acompañarán ya están preparados y yo tengo muchas ganas comenzar con los conciertos, pero lo primero es la prudencia, por nuestra salud y por la cultura. La era Covid nos obligará a reinventarnos y ya lo estamos demostrando. Las medidas de seguridad que se aplican en eventos culturales son extremas, y por ésto, parece que no hemos tenido rebrotes en espectáculos culturales, por lo que creo que entre todos lo podemos conseguir. Estamos inmersos en una distopía, hagamos todo lo posible para que la utopía gane.  El arte independiente, el no masificado, es nuestro único consuelo, no podemos dejar que desaparezca. En otros países como Alemania o Inglaterra, los gobiernos están aprobando ayudas para la industria de la música, aquí tenemos que organizarnos más y mejor. El arte es un bien común, cuidémoslo y cuidemos a las personas que se dedican a ello, es de todos. Es nuestro latir y sentir, nuestra condición humana; imagina un mundo sin canciones, sin literatura, sin cine.... Sin el arte ¿qué somos o qué sería de nosotros?