Amparo Arias. Foto: Manu Cruz.

Dicen que los autores de una sola obra son personas en duelo eterno con la vocación artística y la pulsión del “no”. En el caso de Amparo Arias, parece que no se trata de algo tan drástico, sino más bien del hecho de no haber dado con la situación idónea, que hasta el momento se presenta esquiva, ya que la músico gallega tiene un buen puñado de canciones de cosecha propia con las que podría haber dado continuidad a ‘Todo lo que no pasó‘ (Autoeditado, 2012). Aquel álbum surgió de la colaboración de Amparo con Óscar Quant (Quant, Weather Underground), con quien iba a grabar un solitario single, que al final se convirtió en disco largo, y que, con sus 11 cortes, es toda una caja de sorpresas que todavía mantiene intacta su capacidad para embelesar. Desde su entrañable producción doméstica, registró un ramillete de estupendas canciones que oscilan entre el soft pop, el folk con ribetes jazz y la melancolía en positivo del mejor Donosti Sound. Con un bagaje musical amplio y una actitud inquieta – en Ferrol su presencia siempre ha sido habitual en el circuito pop – Amparo ha compartido en los escenarios recientemente con su hermano – el también músico Roger de Flor – su pasión por William Blake y tiene previsto actuar próximamente en La Caja de Músicos de Gijón, ciudad en la que vive, a caballo con su Galicia natal. De todo ello hablamos en la siguiente entrevista.

Se ha escuchado hablar, o se ha podido leer, en diversas ocasiones, sobre el talento y la capacidad de Amparo Arias para hacer buenas canciones. Incluso ‘Todo lo que no pasó’,  fue “Disco del día” en una de las más importantes publicaciones especializadas del país. ¿Por qué todavía no le has dado continuidad?

‘Todo lo que no pasó’, como bien indica el título, fue un disco que quería hacer desde hacía mucho tiempo; era algo que no había pasado y que por fin se pudo materializar gracias a la ayuda y empuje de Óscar Quant. Fue como un autoregalo…Después seguí componiendo para mí pero todavía no he encontrado el momento ni la determinación para reunir a músicos y poder grabarlo en un estudio.

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Portada de ‘Todo lo que no pasó’.

‘Todo lo que no pasó’ tiene un claro aroma doméstico pero la grandeza de sus canciones hace que esto le dote hasta de un mayor encanto. ¿Cuáles eran tus pretensiones a la hora de grabar este disco?

La única pretensión era hacer algo bonito. Para mí la música es como una droga, así que me conformaba con que este disco fuese como una píldora que hiciese pasar un buen rato a la persona que lo escuchase. Pero ante todo, a pesar de los pocos recursos, quería quedar contenta con el resultado. No pedía más que eso.

Es un disco que ha resistido muy bien el paso de los años. Supongo que esto no lo tendrías demasiado en cuenta, pero la paleta de estilos que manejas con estas canciones (sunshine pop, algo de beat, bossa, retales de folk portuario) es la que mejor se maneja entre las aguas del tiempo ¿No?.

Nunca reflexiono sobre las influencias que haya podido tener o sobre mi estilo musical. De hecho cuándo me preguntan qué tipo de música hago me cuesta bastante responder. Pero sí creo que soy bastante ecléctica porque me he empapado de un amplio espectro de música a lo largo de mi vida. El resto es dejarme llevar por la intuición y melodías que van surgiendo. Por eso ‘Todo lo que no pasó’ es un poco caleidoscópico.

 ¿Escuchas mucha música? ¿Tienes algún “héroe/heroína” particular además de tu hermano Roger De Flor?

Admiro mucho a Chrissie Hynde, no sólo por su música, sino por tener el valor de dejar su pueblo natal y formar su propia banda (The Pretenders) en Londres. Es un ejemplo de que la actitud es lo más importante, independientemente del sexo que tengas.

Supongo que la música tendría un lugar de honor en vuestra casa, viendo como os manejáis con el asunto, tanto tú como Roger o tu otro hermano, Adán. ¿Has adquirido algún tipo de formación clásica o todo viene de la intuición?

Mis hermanos sí tienen algo de formación pero lo mío es intuición absoluta. De hecho juego mucho con la guitarra y hago acordes cuyo nombre desconozco por completo. Tiene su lado positivo porque a la hora de componer me pongo menos limitaciones, aunque no descarto asistir a clases de guitarra y pulir un poco mi técnica.

Lo de cantar en varios idiomas (inglés, castellano, gallego…) ¿Surge de alguna necesidad especial?

Soy bilingüe en gallego y castellano y estudié filología inglesa. Generalmente es la canción la que manda. Ella me habla en uno de esos tres idiomas y yo simplemente  me limito a escribirla en papel. Sí es verdad que casi todas las melodías me llevan al inglés. Es la lengua del 90% de la música que he escuchado a lo largo de mi vida. Es como si de pequeño te enseñan a contar en inglés. De mayor, aunque tu lengua materna sea el castellano, seguirás contando en inglés.

amparo-ariasLas canciones hablan de relaciones, situaciones, perplejidades cotidianas…¿Qué cosas reclaman tu atención para convertirlas después en canción?

Cómo soy una psicóloga frustrada, me interesa mucho la naturaleza humana. Cuando comienzo a escribir no pienso en nadie en particular pero poco a poco voy descubriendo personajes de mi vida cotidiana. Intento que las letras no sean meramente descriptivas. Detrás de esa apariencia cándida y naïf suele haber una crítica mordaz (por ejemplo en ‘Timeless guy’ hablo de PF Sloan y de la censura que se hizo a su canción ‘Eve Of Destruction’, en ‘My friend’ hablo de la libertad a la autodestrucción etc…).

“No me juzgues más, yo sólo quería volar“. ¿Es ‘Limodre‘ un buen lugar para escaparse?

Sí, para escaparse… de él (ríe). Es broma. Como dice mi hermano Adán, “De Limodre se escapan los cobardes”. Yo siempre quise escapar de allí pero con el tiempo, después de vivir en varios sitios, te das cuenta de que es un lugar realmente especial. Probablemente lo que más haya echado de menos es el humor. Los griegos decían que el cuerpo humano estaba formado por cuatro líquidos o “humores”. Uno de ellos se llamaba “la bilis negra” o “humor negro” y aquel que sufría de exceso de humor negro era considerado “melankholikós”. Yo creo que los limodreses padecemos esa enfermedad.

Dices que los medios de grabación de este disco son austeros pero que le pusiste mucho corazón. La última canción del disco ‘Faustine’, invita a pensar que a pesar de que la producción no se hizo en un estudio a todo lujo, los arreglos de estas canciones estaban muy bien pensados y cuidados con la intención de que la magia de la canción no se diluyera. ¿Cambiarías algo del disco o está bien como se quedó?

‘Faustine’ fue una canción difícil. En mi cabeza sonaba perfecta pero, como soy muy limitada musicalmente hablando, era muy difícil conseguir lo que quería. Le di una última oportunidad con un pianista maravilloso que se llama Fran Rey y en una tarde salvamos la canción. Sus arreglos le dieron ese toque onírico que yo buscaba.

Del disco sólo cambiaría algún pequeño detalle. De Óscar Quant aprendí a apreciar la imperfección. Siempre me decía que tenía que abrir más la mente y con el tiempo le he dado la razón, de hecho ‘The Madcap laughs’, y ‘And Don’t the Kids Just Love It están entre mis álbumes favoritos.

Hace poco estuviste tocando en directo con tu hermano Roger de Flor en el Cuerda Floja de Ferrol y parece que las sensaciones fueron muy positivas. ¿Cuando tienes pensado ponerte a grabar esas canciones que rondan por tu cabeza?

Ahora mismo estoy  en un proyecto muy bonito con mi hermano en el cual me siento muy cómoda. Son poemas de William Blake musicalizados por Roge y que me han tocado mucho la fibra. Cuando canto estas canciones las siento como mías. Esto también me ha dado un empujón a salir al escenario y volver a tener ilusión por grabar material nuevo. Espero poder tener la iniciativa suficiente como para convencer a alguien de que se enrole conmigo en una nueva aventura musical.

 

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