Amateur: “No nos dejamos despistar por modas o tendencias pasajeras”

Sin prisa y con su pausa

Algunas bandas tienen prisa por llegar a la cima. Otras, como Amateur, prefieren detenerse a admirar el paisaje. Formado en sus inicios por Mikel Aguirre, Cheli Lanzagorta e Iñaki de Lucas, el trío donostiarra surgió de las cenizas de La Buena Vida, pero no como un ejercicio de nostalgia, sino como una continuación lógica de una manera de entender la música: sin urgencias, sin estridencias, con la paciencia del que sabe que lo importante no es llegar rápido, sino llegar bien. Tras los EPs El Golpe y Será Verdad (2017), la banda publicó Debut, un álbum donde consolidaban su identidad: canciones elegantes, arreglos medidos al detalle y letras que transitaban entre la melancolía y la luz. Siete años después, sin presiones externas, Amateur regresaba con Impasse (2024), un disco que reivindica la canción en su estado más puro y en el que cuentan con colaboraciones de Isa Cea (Triángulo de Amor Bizarro), Harkaitz Cano y Pedro Gracia Pérez de Viñaspre (Havoc). Pero la historia no se detiene ahí. A finales de 2024, la banda publicaba Queda Un Gran Camino Por Hacer, un EP con canciones registradas en las mismas sesiones que Impasse, ampliando sutilmente su espectro sonoro y confirmando que, cuando algo merece la pena, nunca es tarde para compartirlo.El próximo 28 de marzo, presentarán Impasse en The Bassement Club de Madrid, en un concierto (enriqueciendo su sonido con los teclados de Karen Ortíz de Guinea) que será una celebración de su manera de entender la música: sin ruido, sin artificios, pero con la convicción de que las melodías, cuando están cargadas de verdad, acaban encontrando su camino. En esta entrevista,Mikel Aguirre nos habla de la importancia de la palabra y de la libertad que solo se alcanza cuando se escriben canciones por el mero hecho de amar la música.

En vuestra música hay retazos de canzone, chanson y hasta bossa nova, a pesar de que a priori puedan mencionarse influencias anglosajonas. ¿Es algo buscado o simplemente el resultado natural de vuestras inquietudes?

Seguramente en las canciones que hacemos se aprecian múltiples influencias que hemos ido incorporando inconscientemente a nuestra música a lo largo de los años. Pero, salvo algunos guiños premeditados, no es algo forzado. Nos gustan muchos géneros y artistas, tanto nacionales como extranjeros. Todo lo que nos emociona influye en nuestras canciones, no sólo otras músicas, también el cine, la pintura, la literatura, etc.

Habéis publicado dos discos en siete años y vuestro sonido, clásico y transparente, parece deliberadamente alejado de la tendencia. ¿Sentís que trabajáis en una esfera atemporal, sin la urgencia de la industria?

Totalmente. Nos gusta trabajar con calma, sin prisas, tratando de que cada canción y su producción, arreglo e instrumentación sea lo más adecuada posible a lo que (a nuestro entender) pide la pieza. Intentamos que cada una de ellas alcance su máximo esplendor.

Amateur desprende una sensación de refinamiento y depuración, de buscar la esencia de la canción. ¿Cómo es vuestro proceso de composición y cómo sabéis cuándo una canción está terminada?

Nuestro modus operandi suele ser: primero surge una idea en casa, normalmente una melodía de voz acompañada de unos acordes de guitarra, que grabamos al instante rudimentariamente con un teléfono para que quede constancia del espíritu inicial de la idea. No importa que aún no suene de maravilla ni siquiera que tenga fallos, lo relevante es que ese boceto sea lo más fresco y fiel a esas primeras sensaciones. Después, tras una temporada en barbecho, volvemos a escuchar todas esas grabaciones caseras de ideas para canciones. Hacemos una selección de las que más nos gustan y nos ponemos a trabajar la estructura, la tonalidad y el fraseo para la letra. A partir de ahí, vamos viendo qué instrumentación y qué ambiente nos va sugiriendo cada una de ellas. Probablemente para quien compone, produce y graba una canción nunca está terminada al 100%, siempre te queda el anhelo de haber probado esto o aquello en busca de la perfección absoluta, que no existe, y por tanto a veces puede llegar a ser un poco frustrante al no conseguir alcanzar un resultado material final a la altura de lo que habías soñado o imaginado para tu canción.

En breve se publicará un disco doble con canciones perdidas de Rafa Berrio, Ibon Errazkin sigue publicando discos fuera de cualquier onda, y vosotros insistís en perfeccionar el arte de la canción. ¿Existe una cierta ética o filosofía común en esta forma de entender la música?

Diría que en nuestro caso sí, lo que prima es la música, no el éxito, ni la repercusión que nuestras canciones puedan alcanzar. No entendemos este arte como un negocio ni nos dejamos despistar por modas o tendencias pasajeras. Desconozco si Errazkin o Berrio comparten esto, aunque intuyo que también.

Las letras de vuestras canciones tienen un peso especial. ¿De dónde surgen y qué lugar ocupa la palabra en vuestro universo musical?

Siempre hemos pensado, y seguimos haciéndolo, que lo más complicado es dar con la letra idónea para la música concreta. En este disco “Impasse” nos hemos esforzado mucho por intentar que los textos de las canciones estuvieran a la altura de la música. Hay algunos compositores, como Rafa Berrio a quien mencionabas antes, que parten primero de unos versos o palabras sueltas a las que le ponen música. Nosotros, y creo que la gran mayoría, hacemos normalmente lo opuesto: primero ideamos una melodía y después vamos tratando de completar esas frases melódicas con palabras, tratando de que el resultado sea lo más evocador posible, de manera que la unión entre letra y música de alguna manera te lleve, te transporte y te permita soñar e imaginar.

La colaboración con Isa Cea es una forma de conectar con otras generaciones del pop en castellano. ¿Cómo surgió y qué buscabais con ella?

Pues si te somos sinceros nunca hubo un propósito premeditado de hacer nada por conectar con nadie. Nuestras canciones no van dirigidas a un nicho de mercado ni a un tipo de oyente concreto, son aptas para todos los públicos y edades. Ahora bien, poder contar con la preciosa voz de Isa fue un auténtico regalazo. Su interpretación es magnífica, nos encanta, y le da una frescura y una vitalidad a la canción que sin duda la engrandece. Su colaboración fue sobre todo idea de nuestro manager Mariano Tejera que es buen amigo y muy fan de Triángulo de Amor Bizarro, al igual que nosotros.

Musicais textos ajenos, como en Duelo sin Cumbre de Harkaitz Cano. ¿Cuáles son vuestros referentes literarios y qué os impulsa a poner música a versos de otros?

Creemos que, aunque son disciplinas cercanas, no es lo mismo un escritor que un letrista de canciones. Hay muchos clásicos de la literatura que nos encantan, pero luego cuando intentas escribir una canción no vale fusilar unas cuantas frases de ese libro que tanto te ha gustado. La letra de una canción creemos que tiene más que ver con la poesía, ya que además de la selección de las palabras que utilices hay una métrica y una rima que debes respetar. En Impasse además de textos propios hemos podido contar con el talento de dos grandes autores de letras de canciones: el mencionado poeta y escritor guipuzcoano Harkaitz Cano, que ya había trabajado con otros muchos brillantes músicos que cantan en euskera y que aceptó generosamente el reto de crear un par de letras en castellano para nosotros, lo que a la postre han sido las deliciosasDuelo sin cumbre y “Queda un gran camino por hacer”. Asimismo, Pedro Gracia, nuestro amigo músico, compositor y autor donostiarra se prestó a colaborar en la creación de los textos del nuevo disco. Es un tipo muy talentoso, con un imaginario muy personal y una gran facilidad para ponerse en la piel del otro e idear un texto que encaje a la perfección en el fraseo de una canción. De su puño y letra son varios de los mejores textos del disco (El marcador, Los hijos o El huerto provenzal. Tenemos la impresión de que la colaboración de ambos ha ampliado enormemente la riqueza y la variedad de las letras de este disco.

Ser “amateur”, en vuestro caso, parece más una elección estética y vital que una condición circunstancial. ¿Os da esta libertad algo que la industria, con sus exigencias y contratos, no podría ofreceros?

 El significado de “amateur” que a nosotros nos gusta es el de “aquel que ama lo que hace”, independientemente de si por eso que haces con tanto esmero y cariño recibes una recompensa económica. Sin embargo, no es nada sencillo autogestionar y controlar todos los aspectos que implica grabar, distribuir, comercializar y promocionar discos, por lo que inevitablemente es necesario colaborar y asociarse con otros, y por tanto establecer condiciones en esas relaciones firmando acuerdos y contratos. Ahora bien, en el plano artístico siempre fuimos y seguimos siendo muy celosos y jamás hemos permitido que una discográfica o un promotor condicionase nuestra libertad artística. En lo referente a la creación de nuestros discos y canciones siempre hemos hecho lo que nos parecía adecuado sin atender a presiones o criterios externos.  

Acabáis de tocar en Barcelona y en marzo lo haréis en Madrid. ¿Qué es lo que más os gusta del directo y cómo encajan vuestras canciones en ese espacio?

El contacto con el público es maravilloso. Tras meses de creación y producción de las canciones en la soledad de un estudio de grabación, compartir con otros el resultado de tanto trabajo y comprobar las emociones que provocan las canciones en otras personas es muy gratificante. Escuchar a la gente tararear un estribillo o ver como bailan absortos y concentrados en tu interpretación con cara de felicidad es una gran recompensa. En ocasiones, no siempre, surge una complicidad mágica e inigualable, algo muy especial, que cala muy hondo y consigue por unos momentos que te olvides de todo y te abandones al disfrute de la interpretación. 

Amateur, Impasse, Debut… vuestro nombre y los títulos de vuestros discos juegan con la economía de medios, pero vuestras canciones están llenas de detalles y refinamiento. ¿Es una paradoja o una declaración de principios?

Viene de lejos nuestra tendencia a utilizar títulos cortos de una sola palabra que suenen redondos y que sean sencillos de recordar. Normalmente no titulamos ni las canciones ni los discos hasta que están terminados, así que durante el proceso de producción utilizamos títulos provisionales cortos de una o dos palabras para nombrar los archivos que contienen las canciones, y muchas veces eso que era provisional acaba siendo definitivo.

Vuestra música parece estar hecha sin prisa y con una devoción artesanal. En un mundo que lo quiere todo de inmediato, ¿qué valor tiene para vosotros la paciencia?

Ya me lo decía mi padre, que en paz descanse: “La ciencia de todas las ciencias, la paciencia”, y no le faltaba razón. No hay nada que realmente merezca la pena en la vida que no requiera de esfuerzo y paciencia.


Debut (2017)

Antes de su primer álbum, Amateur publicó el EP El Golpe (2017), una especie de carta de presentación donde ya asomaban las constantes del grupo: melodías claras, arreglos cuidados hasta la mínima expresión y una manera de narrar emociones sin alardes, con la precisión del que no necesita subrayar nada y que tuvo continuación con otro gran disco pequeño: Será Verdad (2017). Debut (2017) confirmó todas esas intuiciones. Es un disco que suena como si siempre hubiera estado ahí, esperando a que alguien lo encontrara en el momento exacto. Desde el arranque con Sólo era un sueño, la banda dibuja paisajes interiores con la paciencia del que no tiene urgencia por llegar a ningún sitio. Las canciones planean sobre arpegios de guitarra y cuerdas con una serenidad que recuerda tanto a la chanson como al folk melancólico de los 70. Hay algo cinematográfico en la manera en que se despliegan: Un cabreo pasajero juega con la tensión contenida, Pendiendo de un hilo se desliza con la elegancia de un vals otoñal y San Martin Blues es una suerte de homenaje sigiloso a Pedro San Martín, la presencia invisible que da sentido a toda esta historia. En el centro del disco está Lo que nunca tuvo que pasar, una canción que atesora la esencia de Amateur: melodías que parecen flotar, una letra que dice mucho sin necesidad de explicarlo todo y un aire de despedida (el cosquilleo que produce escuchar a Irantzu y Mikel volver a cantar juntos es insuperable) que no es tristeza, sino aceptación. Y luego está el cierre con El rastro de una estrella, una pieza expansiva de más de ocho minutos que no busca el clímax sino el espacio, el eco, la resonancia.Debut no es un disco que te sacuda de golpe. Es de esos que se quedan en segundo plano hasta que, de repente, un día descubres que llevan semanas habitándote sin que te dieras cuenta.


Impasse (2024

Entre Debut e Impasse han pasado siete años. Tiempo suficiente para que el grupo se reafirme en lo que siempre ha sido: ajeno a las prisas, al ruido, a la necesidad de estar en todas partes. Amateur funciona con otra lógica, la del que sabe que las canciones tienen su propio ritmo y que no hay por qué apresurarlas. Un disco que, más que una continuación, es un replanteamiento. Impasse no es solo un título: es una declaración de intenciones. Es el momento en que uno se detiene, mira alrededor y se pregunta hacia dónde ir. Y eso se nota en las canciones.Si Debut tenía un aire más contemplativo, aquí hay más movimiento, más exploración. Claro de luna abre el álbum con un tono folk que podría estar en un disco de Dylan si Dylan hubiera crecido cerca de la Concha. Maneras de quererte parte de un arpegio delicado que recuerda vagamente a Fifty Ways to Leave Your Lover, mientras que Vendrán días mejores se desliza con una cadencia de bossa nova que sugiere que, quizá, la nostalgia puede ser también luminosa. Las colaboraciones añaden matices sin romper la coherencia del disco. Isa Cea (Triángulo de Amor Bizarro) aporta una textura inesperada en El huerto provenzal, mientras que Diego Vasallo deja su huella en Duelo sin cumbre, un tema con letra de Harkaitz Cano que parece escrito en la frontera entre la canción y la poesía.Pero más allá de las referencias o los nombres, lo que hace que Impasse funcione es su capacidad para generar un espacio propio. No es un disco que pretenda deslumbrar con giros inesperados ni con grandes declaraciones. Es, como sugiere su título, un lugar donde hacer una pausa. Y a veces, cuando todo parece moverse demasiado rápido, eso es lo único que realmente necesitamos.